LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: CAUSAS, DESARROLLO Y CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO QUE CAMBIÓ EL SIGLO XX
INTRODUCCIÓN
La Primera Guerra Mundial tuvo lugar entre 1914 y 1918, principalmente en Europa, aunque alcanzó dimensión mundial. Fue causada por las tensiones entre las potencias europeas, especialmente por el imperialismo y el sistema de alianzas. Los países se agruparon en dos bloques: la Triple Alianza, formada por Alemania, Austria-Hungría e Italia, y la Triple Entente, integrada por Francia, Reino Unido y Rusia.
Participaron diecisiete países de los cinco continentes. Dejó veinte millones de muertos, seis de ellos entre la población civil, otros veinte de heridos y desaparecidos.
Los años previos se conocieron como la paz armada. Las potencias se vigilaban mutuamente.
Reino Unido se presentaba como el gran dominador de los océanos y veía con preocupación el crecimiento naval de Alemania, quien, por otro lado, había llegado tarde al reparto colonial, pero no cejaba en la idea de construir un imperio en África y en el Pacífico, para ello necesitaba quitar la supremacía naval al Reino Unido. Y miraba de reojo el fortalecimiento de Rusia. Francia quería conservar su imperio colonial y soñaba con recuperar los territorios que había perdido frente a Alemania en la guerra de 1870, Alsacia y Lorena. Y los “emergentes” Italia y Japón consideraban que se les había tratado injustamente en el reparto colonial y pretendían expandirse.
CAUSAS
Europa concentraba el poder económico y militar mundial, pero el imperialismo y la búsqueda de materias primas y mercados aumentaron la competencia entre las potencias. Las crisis de Marruecos y, sobre todo, la fuerte tensión nacionalista en los Balcanes agravó la situación hasta convertir esta región en el principal foco de conflicto europeo.
1914: DE UNA CRISIS DIPLOMÁTICA A UNA GUERRA MUNDIAL
El 28 de junio de 1914 el heredero del Imperio austrohúngaro, Francisco Fernando, fue asesinado en Sarajevo por el nacionalista serbobosnio Gavrilo Princip. Durante semanas todavía existió la posibilidad de evitar una guerra general, pero el complejo sistema de alianzas convirtió un conflicto local en una reacción en cadena.
El 28 de julio Austria-Hungría declaró la guerra a Serbia. Rusia movilizó su ejército para apoyar a los serbios; Alemania respondió declarando la guerra a Rusia el 1 de agosto y a Francia dos días después. El 4 de agosto los alemanes invadieron Bélgica para ejecutar el Plan Schlieffen, diseñado años antes para derrotar rápidamente a Francia antes de concentrarse contra Rusia. La violación de la neutralidad belga provocó la entrada del Reino Unido en la guerra. En apenas una semana, prácticamente toda Europa estaba implicada en el conflicto. Poco después se sumarían Japón y otros países, transformando la guerra europea en un enfrentamiento de dimensión mundial.
Durante aquellos primeros meses predominó la llamada guerra de movimientos. Todos los gobiernos pensaban que la contienda sería breve y que sus soldados regresarían a casa antes de Navidad. Alemania avanzó con enorme rapidez por Bélgica y llegó a las puertas de París. Sin embargo, en septiembre, la Primera Batalla del Marne frenó definitivamente aquella ofensiva. El fracaso alemán supuso también el fracaso del Plan Schlieffen y obligó a ambos bandos a buscar nuevas estrategias.
Mientras tanto, en el frente oriental, Rusia sorprendió a Alemania movilizando sus tropas mucho más deprisa de lo esperado. Aunque los alemanes obtuvieron una gran victoria en Tannenberg bajo el mando de Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff, tampoco allí lograron una decisión definitiva.
Mas al sur los austrohúngaros tuvieron que luchar contra Serbia y cuatro ejércitos rusos. Pero su ímpetu no fue correspondido. En estos primeros meses los austrohúngaros habían perdido buena parte de su Ejército.
Tras estos primeros meses de guerra, la idea de un final rápido se había desvanecido. En el Marne y en Ypres el alto mando de cada contendiente comprendió que la guerra de movimientos ofensivos era totalmente inútil ante el poder destructivo de las ametralladoras y la artillería. Desde octubre de 1914 a marzo de 1918 ninguno de los dos bandos logró penetrar más de 15 kilómetros en territorio enemigo.
A finales de 1914 los ejércitos comenzaron a excavar trincheras desde el mar del Norte hasta la frontera suiza. Había nacido un tipo de guerra completamente nuevo, basado en posiciones fortificadas, alambradas y un enorme poder de fuego que hacía prácticamente imposible avanzar.
En noviembre se sumaría un nuevo protagonista, el imperio Otomano.
Uno de los episodios más sorprendentes de aquel primer año fue la llamada Tregua de Navidad. En algunos sectores del frente occidental, soldados británicos y alemanes abandonaron temporalmente las trincheras para intercambiar regalos, enterrar a sus muertos e incluso disputar improvisados partidos de fútbol. Fue un breve paréntesis de humanidad en medio de una guerra que pronto demostraría toda su brutalidad.
1915: LA GUERRA SE EXTIENDE
El año 1915 confirmó que la guerra sería larga. El frente occidental apenas se movía unos pocos kilómetros mientras las bajas aumentaban sin cesar. Fiel reflejo a lo que conocemos como guerra de posiciones o de trincheras.
A parte de los otomanos se sumaron los búlgaros y en la Triple Entente Italia cambió de bando y se sumó también Rumania. Esto supuso la apertura de nuevos frentes que se pensaba aligeraría el peso de la guerra que se estaba llevando a cabo en el frente occidental. Pero no fue así, allí se desarrollaron las grandes batallas con un coste de vidas humanas increíble: Verdún, Somme o Ypres
Ese mismo año apareció otra terrible innovación: el empleo masivo de gases tóxicos. En la Segunda Batalla de Ypres los alemanes utilizaron gas de cloro contra las tropas aliadas. La sorpresa fue enorme y marcó el comienzo de la guerra química. Con el tiempo ambos bandos desarrollarían gases cada vez más letales, obligando a los soldados a combatir con máscaras antigás.
1915 también estuvo marcado por el desastre aliado en Gallípoli. Reino Unido y Francia intentaron abrir una ruta hacia Rusia a través de los estrechos controlados por el Imperio Otomano, pero la operación terminó en un costoso fracaso. Las tropas australianas y neozelandesas del ANZAC sufrieron enormes pérdidas y aquella campaña acabaría convirtiéndose en uno de los grandes símbolos nacionales de ambos países.
Los principales protagonistas de la guerra en ese momento eran: las ametralladoras, las bombas de mano, los gases tóxicos, la infantería, las trincheras y las alambradas. La caballería tan útil en guerras anteriores quedó totalmente descartada.
1916: EL AÑO DE LAS GRANDES MATANZAS
Si existe un año que simboliza el horror de la Primera Guerra Mundial, ese fue 1916.
En febrero comenzó la batalla de Verdún. El alto mando alemán pretendía desgastar al ejército francés obligándolo a defender una plaza de enorme valor simbólico y someterlo en una “máquina de picar carne”. Durante diez meses ambos bandos lanzaron millones de proyectiles de artillería sobre un terreno convertido en un paisaje lunar. Al finalizar la batalla habían muerto o resultados heridos alrededor de 700.000 soldados sin que el frente apenas hubiera cambiado.
Durante esta batalla hicieron su aparición los primeros tanques británicos. Eran lentos, poco fiables y escasos, pero anunciaban una revolución que cambiaría la guerra en décadas posteriores.
También en 1916 tuvo lugar la mayor batalla naval del conflicto: Jutlandia. Aunque tácticamente el resultado fue incierto, estratégicamente confirmó el dominio británico de los mares y obligó a la flota alemana a permanecer en puerto durante el resto de la guerra.
A finales de 1916 las Potencias Centrales habían perdido parte de su terreno en el sector meridional ruso, pero habían ocupado Rumania. Alemania había sufrido muchas bajas en Verdún y en el Somme. Los gobiernos de las potencias participantes en la guerra empezaron a sufrir presiones internas al preguntarse la opinión pública pro los resultados y el número de bajas que estaban sufriendo. Iba en aumento el sentimiento antibelicista, dos años después de aquel fervor nacionalista que empujó a todo el mundo a la guerra.
Ese año finalizaría en Rusia en un ambiente revolucionario. Y en EE. UU. Wilson renovaría presidencia en noviembre. Ambas circunstancias van a dar un vuelco a la guerra
1917: EL AÑO QUE CAMBIÓ EL RUMBO DE LA GUERRA
1917 fue probablemente el año decisivo.
En Rusia estalló la Revolución. El descontento popular, agravado por las enormes pérdidas humanas y la crisis económica, acabó derribando al régimen zarista. Tras la llegada al poder de los bolcheviques, Lenin decidió negociar la paz con Alemania. Rusia abandonó la guerra mediante el Tratado de Brest-Litovsk, permitiendo a los alemanes trasladar cientos de miles de soldados al frente occidental.
Sin embargo, casi al mismo tiempo se produjo el acontecimiento que terminaría inclinando definitivamente la balanza.
Alemania reanudó la guerra submarina sin restricciones y continuó hundiendo barcos
Aunque las tropas estadounidenses tardaron meses en llegar en grandes cantidades, su inmenso potencial industrial, económico y humano comenzó a inclinar la balanza hacia los Aliados.
1918: EL ÚLTIMO ESFUERZO ALEMÁN Y EL FINAL DE LA GUERRA
Con Rusia fuera del conflicto, Alemania lanzó en marzo de 1918 una gran ofensiva en el frente occidental. Durante unas semanas pareció que el ejército alemán podía romper definitivamente las líneas aliadas. Avanzó decenas de kilómetros y volvió a acercarse peligrosamente a París. Pero el esfuerzo fue excesivo. Las tropas estaban exhaustas y las reservas prácticamente agotadas.
En verano comenzaron a llegar miles de soldados estadounidenses perfectamente equipados. Los Aliados recuperaron la iniciativa bajo el mando del mariscal Ferdinand Foch. La llamada Ofensiva de los Cien Días obligó a los alemanes a retroceder de forma continua.
Mientras tanto, Bulgaria, el Imperio Otomano y Austria-Hungría fueron abandonando la guerra. En Alemania la situación económica era desesperada, el bloqueo naval provocaba hambre y comenzaron estallidos revolucionarios en numerosas ciudades. El káiser Guillermo II abdicó y huyó al exilio.
En otoño de 1918 todo estaba decidido, las tropas alemanas desmoralizadas iban abandonando la lucha. En las ciudades alemanas se alimentaba el sentimiento revolucionario como en Rusia. El Kaiser abdicó y se proclamó la República.
Finalmente, el 11 de noviembre de 1918, a las once de la mañana, entró en vigor el armisticio firmado en un vagón de tren en el bosque francés de Compiègne. Después de más de cuatro años de combates, las armas callaban por fin.
Sin embargo, la paz estaba lejos de ser definitiva. El Tratado de Versalles de 1919 impuso durísimas condiciones a Alemania y alimentó un profundo sentimiento de humillación que, junto a la crisis económica y la inestabilidad política de la posguerra, favorecería el ascenso del nazismo. Por eso muchos historiadores consideran que la Primera Guerra Mundial no terminó realmente en 1918, sino que abrió un periodo de tensiones que desembocaría, apenas veinte años después, en la Segunda Guerra Mundial.
La Gran Guerra dejó cerca de veinte millones de muertos, otros tantos heridos y una Europa completamente transformada. Desaparecieron los imperios alemán, austrohúngaro, ruso y otomano; nacieron nuevos Estados; Estados Unidos emergió como gran potencia mundial y la guerra industrial demostró hasta dónde podía llegar la capacidad destructiva del ser humano. Ningún conflicto anterior había cambiado de forma tan profunda el rumbo de la historia contemporánea.
BIBLIOGRAFIA






Comentarios
Publicar un comentario