EL BARÓN ROJO

 

El barón rojo

Uno de los grandes descubrimientos que hicieron aparición durante la Iª Guerra Mundial fue el de la aviación como arma militar. Dirigibles y aeroplanos comenzaron a dominar el cielo aunque los primeros no duraron mucho. Ese dominio resultaría imprescindible en el futuro como complemento al desarrollo de las fuerzas terrestres y navales. De hecho su uso modificó las decisiones tácticas y estratégicas en el campo de batalla.

EL AVIÓN EN EL CAMPO DE BATALLA

El avión tenía antes de la guerra un aire deportivo, de hecho los pilotos eran tan populares como los de motos o coches. En guerra era como la “caballería volante” y los pilotos combaten de forma deportiva.

El barón rojo


Sus primeras funciones en el campo de batalla fueron de observación, hasta que los italianos, en la guerra contra el Imperio Otomano (1911-1912) comenzaron a utilizarlos como arma, lanzado granadas de mano desde sus cabinas en pleno vuelo. 

Pero al inicio de la Gran Guerra solo EE.UU, Austria-Hungría, Alemania y Francia tenían industria aeronáuticas. Reino Unido fundó su Royal Air Force casi al final de la guerra.

A lo largo de la guerra, dada su importancia, fue evolucionando, y rápidamente fue dotado de armas mas potentes, como la ametralladora que se instaló delante del piloto. Solo había que “salvar” la hélice delantera cuestión que fue superada por  los alemanes Luebbe, Heber y Leimberger, tres ingenieros de la fábrica Fokker, y copiado por el resto de países. En los biplazas sería el observador quien la utilizara.

Surcaron los cielos aquellos días, monoplanos, biplanos de hélice propulsora, aviones de hélice tractora, triplanos y empezaron a construirse los primeros bombarderos.

ASES DE LA AVIACIÓN

Nombres como Manfred von Richthofen con 81 victorias reconocidas, el francés René Fonck (75), Billy Bishop, canadiense (72), otro alemán Ernest Udet (62), el inglés  Eduard Mannock (73) o el italiano Francesco Baraca (34), entre otros tantos, pasaran a la Historia como auténticos ases de la aviación.

EL BARÓN ROJO

Manfred von Richthofen nació el 2 de mayo de 1892 en una familia aristocrática prusiana y de tradición militar. Comenzó la guerra como oficial de los ulanos, la caballería alemana, pero los campos de batalla de Bélgica y Francia le muestran la crudeza de la guerra, las trincheras, el barro, la inoperatividad de los caballos, el sufrimiento en su máxima expresión. El aeroplano es el nuevo arma capaz de devolver su nobleza al caballero. Se convierte en piloto y desempeña funciones de observador en Rusia y luego al mando de su caza en los cielos franceses. Aquí encuentra su complemento perfecto, su extensión en forma de triplano, el Fokker al que pintaría de rojo.

El barón rojo


Su debut como piloto de guerra fue el 17 de septiembre de 1916, en los cielos franceses de Cambrai. Comenzaría a forjarse la leyenda. Especialmente cuando el 23 de noviembre de ese mismo año derriba al as de la aviación británica Lanoe Hawker.

A su alrededor se montaría el Circo Volante, una escuadrilla de catorce aviones de vivos colores que seria temida por los pilotos enemigos. Al final de la guerra la unidad había derribado a 644 aviones enemigos y solo había tenido 56 bajas.

El barón rojo
En la figura de Richthofen se mezclan distintas cualidades que lo elevan a la categoría de mito. La modernidad de los innovadores aeroplanos, su idea transgresora de pintar de colores los de su escuadrilla, su audacia en el combate y su caballerosidad en combate reconocida por sus propios enemigos. 

DERRIBO Y FINAL

Su final lo encontró en Amiens, no se sabe si por disparos desde las trincheras o alcanzado por otro caza, pilotado por el canadiense Arthur R. Brown. Un caza inglés desciende al campo de Cappy y deja caer un mensaje: «Al cuerpo de aviación alemán: El caballero barón  Manfred von Richthofen ha muerto en combate el 21 de abril de 1918 y ha sido enterrado con todos los honores militares». Héroe para sus compatriotas y temido y admirado piloto para sus enemigos. Llegó a dirigir 58 misiones en las que consiguió derribar 81 aviones enemigos

«Aquí yace un valiente, un noble adversario y un verdadero hombre de honor. Que descanse en paz», podía leerse como epitafio en su tumba original en el cementerio militar de Bertangles (Francia). En 1925 sus restos fueron trasladados a Berlín y cincuenta años mas tarde tuvo otro traslado, esta vez al cementerio de Wiesbaden (Alemania).

Y pocos lo saben pero Manfred von Richthofen no es el gran as de la aviación alemana, pues treinta años después en el otro gran conflicto mundial, otro piloto, en este caso con su Me-109,  Erich Hartmann,  consiguió la nada despreciable cifra de 352 victoria, pero eran otros tiempos. Manfred von Richthofen es leyenda. 

¿HÉROE O VILLANO?

Aunque como todo mito cuando se profundiza se encuentran fisuras y características que no cuadran con la imagen romántica de la leyenda. Y nuestro protagonista pudo mas bien ser un militarista, en el amplio sentido de la palabra, arrogante, ambicioso y con un tinte de crueldad, despiadado y sanguinario, que su fama y ese tinte romántico comentado no dejaba percibir.


Fuentes:

La Iª Guerra Mundial como nunca se la habían contado. Núm 6, artículo Aviones y Zappelines. La Aventura de la Historia. 

Atlas ilustrado de la Primera Guerra Mundial. Editorial Susaeta. Antonella Astorri y Patrizia Salvadori. Prólogo de Jacques Le Goff.

El Barón Rojo: Manfred von Ricthofen. J. Eduardo Caamaño. Ed Almuzara

El avión rojo de combate. Manfred von Richthoffen. Editorial Macadán

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