CAMINO A LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL


«Ninguna parte de la Gran Guerra se puede comparar, por su interés, con el principio. El silencio comedido y guardado por las grandes fuerzas beligerantes, las incertidumbres sobre sus movimientos y posiciones, el gran número de hechos desconocidos e incognoscibles convirtieron la primera colisión en un drama jamás superado.  No hubo ningún otro periodo de la guerra en el que la batalla general se librara a tan gran escala, en el que se produjera una gran carnicería en menor tiempo, en el que hubiera tanto en juego. Además, al principio, nuestras capacidades de asombro, horror y entusiasmo aún no se habían cauterizado ni mitigado por los años de hornos en llamas» Winston Churchill.

Cuando llegan estas fechas del caluroso estío, la mayoría de los mortales estamos pensando en esas merecidas vacaciones y en ese deseado descanso. Y generalmente se relaciona verano con tranquilidad, con relajación, como si el calor abrasador influyera en nuestro estado de ánimo, que lo hace, y nos hiciera ralentizar nuestro estilo y ritmo de vida. Parece que nunca pasa nada en verano.

Pero la historia nos ha demostrado que sí pasan cosas en verano y no siempre buenas. Es lo que sucedió el verano de 1914, desde que un 28 de junio un joven serbio de nombre Gavrilo Princips asesinara a todo un heredero al trono del Imperio Austro Húngaro disparándole cuando visitaba la ciudad de Sarajevo. Y en un mes se precipitarán los acontecimientos para que el 28 de julio Austria-Hungría declara la guerra a Serbia acusándola de estar detrás del asesinato. A partir de ese momento y como si fueran piezas de un dominó, fueron cayendo declaraciones de guerra una tras otra gracias al complicado sistema de alianzas que regía la geopolítica de principios del siglo XX.

Ese fue el detonante del conflicto, la gota que colma el vaso, pero el vaso se había ido llenado desde finales del siglo XIX. Cuestiones como colonialismo, imperialismos, nacionalismos, carrera armamentística, paz armada, fueron creciendo como una bola de nieve hasta desembocar en aquel verano de 1914.

PUNTO DE PARTIDA

Pongamos un punto de partida, 1871 guerra franco prusiana, derrota francesa y perdida de los territorios de Alsacia y Lorena, el deseo de revancha prende en población y militares derrotados. La victoria fue aprovechada para consumar la unificación alemana y formar el Imperio alemán. Bismarck impuso una dura paz a Francia, a parte de los territorios comentados, ricos en minas de carbón y de hierro, las indemnizaciones económicas fueron muy elevadas. A la par comenzó el periodo de las grandes alianzas, creando la Triple Alianza de 1882 con el imperio austro-húngaro e Italia.

En abril de 1904 se formalizaría la Entente Cordiale entre Francia y el Imperio británico, dejando a unos manos libres en Marruecos y a los otros en Egipto. Se cerraba además varias disputas imperialistas. Incorporándose el año siguiente el Imperio ruso tras su derrota con Japón constituyendo la Triple Entente.

Tres de las grandes potencias participantes estaban dirigidas por monarcas, Rusia, Reino Unido y Alemania, que eran primos, los tres nietos de la reina Victoria. En Rusia gobernaba el zar Nicolás II, el Imperio Británico de Jorge V era aliado de Rusia y en frente tenían al káiser Guillermo II de Alemania.


En 1908 Austria-Hungría se anexionó Bosnia y Herzegovina, oficialmente otomanas pero ocupadas por los austriacos desde 1878 provocando una explosión de resentimiento y entusiasmo nacionalista entre la población serbia. Consecuencia directa fue que Serbia fortaleció el vínculo con Rusia y con Francia. El paneslavismo crecía. Y al mismo tiempo se creó la organización terrorista la Mano Negra vinculada al ejército serbio con el protagonismo aquel 28 de junio.


En septiembre de 1911, Italia, recordemos miembro de la Triple Alianza, atacó, sin mediar provocación, Libia entonces en poder del imperio otomano, intentando tejer su área de influencia en el norte de África donde ya estaba Francia. Este ataque rompió el aletargamiento de los estados balcánicos para librase del dominio turco, naciendo la Liga Balcánica en marzo de 1912 agrupando a Serbia y Bulgaria.

El 18 de octubre de ese mismo año, los ejércitos serbio, búlgaro, griego y montenegrino atacan al imperio otomano, expulsando a éstos de los Balcanes excepto en el extremo oriental de Tracia y naciendo el estado de Albania como independiente.

El sentimiento nacionalista serbio con la idea de la Gran Serbia iba creciendo y en el verano, otra vez el verano, de 1913 Serbia aliada con Rumanía derrota al ejercito búlgaro que pierde parte de territorio.

Rusia veía todos estos movimientos con gran satisfacción, el enemigo otomano se debilitaba y podía recuperar la ambición del paneslavismo.

LA GOTA QUE COLMA EL VASO

Con estos antecedentes llegamos al fatídico 28 de junio de 1914 cuando el heredero del Imperio austro-húngaro junto a su esposa Sofía Chotek llega a Sarajevo y en la estación de tren montan en un vehículo descapotable en dirección al ayuntamiento.

En el trayecto estaba previsto que siete terroristas de la Mano Negra atentaran contra el vehículo. Todos ellos iban provistos de una bomba y un revolver. La primera bomba erró el objetivo cayendo al suelo, pero la comitiva continuó su camino sin más incidentes. Al finalizar el acto, de nuevo en el coche, el chofer se equivoca de camino. El coche no disponía de marcha atrás por lo que hubo que empujarlo. Gavrilo de forma accidental se percató de la situación y corrió hacia el coche disparando a quemarropa sobre el heredero y su mujer causándoles la muerte.

La investigación judicial fue revelando que el ejército serbio podía estar detrás del magnicidio, las armas eran serbias y los artefactos explosivos también.

En Viena el sentimiento de represalia iba cobrando fuerza día a día para acabar con la provocación. Además, si no replicaban y mostraban debilidad podría tener un efecto contagioso para otras iniciativas. Pero ¿apoyaría Alemania una intervención de ese calibre?

Por otro lado, los rusos se preocuparon de dejar claro que Austria no tenía ningún derecho a tomar medida alguna contra Serbia porque un acto aislado de particulares no vinculaba a un Estado soberano. Advirtiendo que en ese caso Rusia apoyaría a sus hermanos serbios. Francia en una visita de su presidente Raymond Poincaré a Moscú los días 22 y 23 de julio mostró de forma evidente su apoyo a Rusia.

CASCADA DE DECLARACIONES DE GUERRA


El 23 de julio Austria envía un ultimátum de 48 horas a Serbia con unas exigencias que no podían atender éstos, previa consulta a Rusia. Que reconociera su participación en el atentado, que permitiera que la policía austriaca investigase en territorio serbio y prohibiera la existencia de organizaciones nacionalista como la Mano Negra.

El 28 de julio, justo un mes después del magnicidio de Sarajevo, el emperador Francisco José I firmó la declaración de guerra contra Serbia.

Al día siguiente Rusia movilizó un ejército de 1.700.000 soldados, lo que suponía de hecho una declaración de guerra a Austria-Hungría.

Aquí comienza la cadena de declaraciones de guerra al amparo de la compleja política de alianzas que presidia la Europa de principios del siglo XX.

El 1 de agosto Alemania declara la guerra a Rusia, ante esa movilización de tropas. 

Dos días después, el 3 de agosto, Alemania declara la guerra a Francia, que había ignorado la exigencia alemana de mantenerse al margen en caso de conflicto entre Alemania y Rusia, aliada de Francia.

Alemania pone en marcha el Plan Schlieffen atacando Francia a través de Luxemburgo y Bélgica ambos neutrales. Lo que provoca que Reino Unido el día 4 de agosto declarara la guerra a Alemania
Pero las declaraciones se sucedieron a lo largo del mes de agosto:

ü  5 de agosto. Montenegro declara la guerra a Austria-Hungría.

ü  6 de agosto. Serbia declara la guerra a Alemania.
ü  8 de agosto. Montenegro declara la guerra a Alemania como apoyo a Serbia.
ü  11 de agosto. Francia declara la guerra a Austria-Hungría.
ü  12 de agosto. Reino Unido declara la guerra a Austria-Hungría.
ü  23 de agosto. Japón declara la guerra a Alemania
ü  25 de agosto. Japón declara la guerra a Austria-Hungría.
ü  28 de agosto. Austria-Hungría declara la guerra a Bélgica

El 4 de noviembre entra en liza el Imperio otomano cuando Rusia le declara la guerra siendo aliado de Alemania y Austria-Hungría. Para llegar a este punto, Turquía había recibido la promesa alemana de recuperar los barcos de guerra que había incautado el Reino Unido a los turcos. Serbia declara la guerra a Turquía.

5 de noviembre. Reino Unido y Francia declaran la guerra a Turquía.

CAUSAS

Pero no se llegó a la guerra solo por el magnicidio de Sarajevo. Distintos condimentos se iban añadiendo para llegar a tan trágico fin. Nos encontramos con un enfrentamiento permanente ente imperios, un sistema de alianzas que imperaban en la política internacional de principios del siglo XX más el avispero nacionalista en que se había convertido la zona de los Balcanes, que provocó la reacción en cadena comentada.

Europa a finales del siglo XIX y principios del XX concentraba el poder económico y militar del orbe. La revolución industrial se había extendido por el continente desde Reino Unido. Economía e imperialismo empezaban a estar estrechamente unidos. Los países industrializados necesitaban unas materias primas que no hallaban en el Viejo Continente y necesitaban colocar sus excedentes de capital para obtener mayores beneficios.

Reino Unido era la gran potencia marítima y el Imperio consolidado de siglos anteriores. Alemania inmerso en un gran crecimiento económico reclamaba su espacio sobre todo en el ámbito colonial lo que le haría chocar de forma directa con los británicos.

Desde inicios de siglo dos nuevas potencias aparecerían en el panorama internacional, EE.UU. y Japón.

Estos nuevos imperialismos iban acompañados de su consiguiente carrera armamentística y militar provocando desconfianza entre unos y otros. Lo que provocó la configuración de un complicado sistema de alianzas buscando la estabilidad y el equilibrio. Esta época se conocería como de la “paz armada”.

El crecimiento y expansionismo alemán levantaba suspicacias no solo en los británicos sino en los franceses también que todavía recordaban las pérdidas de la Alsacia y Lorena de hacía cuatro décadas.

Esta política se alianzas suponía que cualquier incidente fuera tomado por la otra parte como un motivo para convertirse en un enfrentamiento armado como así sucedió.

Marruecos y los Balcanes fueron dos puntos neurálgicos para encender la mecha. Marruecos tuvo dos crisis, la primera por un discurso del káiser Guillermo II en Tánger defendiendo la independencia de Marruecos frente a los intereses coloniales de Francia y España buscando su espacio comercial en la zona. Incluso se llegó a organizar una conferencia internacional en Algeciras (España) pero donde Alemania no consiguió sus objetivos. La segunda con la entrada de la cañonera alemana Panther en Agadir. Los recelos de Gran Bretaña y Francia no hacían sino subir.

En los Balcanes la situación fue aún más caliente. El nacionalismo serbio se enfrentó a dos imperios el austro-húngaro y el otomano apoyado, eso sí, por otro, el ruso. En 1908 Austria-Hungría se anexionó Bosnia y Herzegovina, duro golpe para los intereses serbios. En 1912 Bulgaria, Serbia y Grecia se enfrentan a los otomanos por Macedonia, pero después de vencer a los turcos surgen discrepancias entre los tres por el reparto. Y al año siguiente explota la Segunda Guerra de los Balcanes y Grecia y Serbia declaran la guerra a Bulgaria que se encontró en frente también a Rumanía y Turquía. Pero el resultado final y los acuerdos posteriores no satisficieron a nadie: Austria-Hungría veía con recelo el crecimiento de Serbia; ésta porque no veía cumplido sus anhelos y Rusia porque veía como un peligro a Austria-Hungría en la zona.

Los Balcanes se convirtieron en el polvorín de Europa.

ESFUERZOS DIPLOMATICOS

A pesar de todo hubo esfuerzos diplomáticos para intentar frenar la locura. Alemania intentó frenar a los austro-húngaros y Francia a los rusos mientras que Reino Unido proponía una conferencia internacional para enfriar los ánimos. Pero la intransigencia austro-húngara y rusa abortaron cualquier intento de pacificación. Parecía que el clima bélico contaminaba todo el continente.

Pero fue el socialismo europeo quien mostró la oposición más importante a la guerra. Los militantes de toda Europa se vieron en el dilema de decidir entre sus posicionamientos ideológicos o los de la patria. En el congreso celebrado en Stuttgart en la IIª Internacional las voces se alzaron en oposición a cualquier conflicto armado, siendo el francés Jean Jaurés una de sus voces mas cualificadas, que acabó siendo asesinado por un compatriota nacionalista en julio de 1914. Pero a pesar de todo, los obreros franceses no olvidaban Alsacia y Lorena. En Alemania el orgullo nacional se iba apoderando de todo el país incluida la masa obrera y socialista. K. Liebknecht y Rosa de Luxemburgo se quedaron solos en su oposición a la guerra. En Inglaterra los laboristas eran también contrarios pero la mayoría de los obreros hicieron cambiar de opinión a sus dirigentes.

En definitiva, los sentimientos nacionalistas en toda Europa se impusieron a las ideologías y los trabajadores acabaría ocupando un puesto en las trincheras.

PRIMEROS MOVIMIENTOS, PRIMEROS MESES DE GUERRA

Tanto en un lado como en el otro se tenía la idea, ilusoria como luego se demostró, de que aquello no llegaría a Navidad. Los alemanes se veían en París como si de un desfile militar se tratara y franceses e ingleses lo mismo, pero en Berlín.

Europa vivía impregnada ese verano con un aroma de romanticismo y nacionalismo exacerbado. Que duraría bien poco cuando empezaron a llegar noticias del frente y la realidad se apoderó de la atmósfera.

«Las guerras comienzan cuando se desea, pero no terminan cuando se quiere», nos recuerda Maquiavelo.

Los alemanes invadieron Bélgica con su Plan Schlieffen  previendo entrar en Francia el día 3 de agosto. Pero lo que no se esperaban era la defensa belga y que sus planes se vieran retrasados. Hasta el día 16 no pudieron franquear Lieja. Joffre aprovechó para lanzarse sobre Alsacia y Lorena, pero el resultado fue el mismo. Nada iba a ser fácil.

Los británicos llegaron al continente, con sus fuerzas expedicionarias,  esos primeros días de guerra en apoyo de belgas y franceses.

El primer revés serio de los alemanes se lo llevaron en el Marne (Primera batalla del Marne, septiembre de 1914) cuando tenían a la vista París. Una mezcla de mala gestión, organización y descoordinación germana, más la heroica defensa de belgas, franceses y las tropas expedicionarias británicas les impidieron llegar a la capital gala. Los taxi que desde París llevaban soldados al frente ante la escasez de medios de transporte y como salida de urgencia y rápida han pasado a la historia.

Este primer varapalo hizo que los alemanes retrocediesen a posiciones que prácticamente se mantendrían invariables a lo largo de la guerra. Supuso el fracaso del Plan Schlieffen y trajo la primera destitución en el alto mando, Moltke fue sustituido por Falkenhayn. Quien, manteniendo la idea de acabar por Navidad preparó una nueva ofensiva por el norte. En la batalla Ypres (octubre-noviembre de 1914), británicos y belgas frenaron de nuevo la acometida del káiser. Los soldados alemanes eran en su mayoría estudiantes con poca preparación militar. En Alemania se conoce esta batalla como “la matanza de los inocentes”.


Comenzó la fase de las trincheras que empezaron a ser excavadas desde el Mar del Norte hasta Suiza y que caracterizó la guerra en su vertiente occidental.

En el otro frente Rusia contaba con el ejército mas numeroso lo que ya de por si le daba una ventaja notoria con casi seis millones de soldados, pero sin formación o muy poca, mal dirigidos, posiblemente los perores mandos de la guerra, y con dificultades de desplazamientos y movilización.
El 15 de agosto cruzaron las fronteras de Prusia Oriental cuando las tropas alemanas estaban atascadas en Lieja, El primer encuentro fue en Gumbinnen con victoria rusa. Los alemanes tuvieron que retroceder hasta el Vístula. Al igual que en el frente occidental esto provocó la primera destitución y a Prittwitz le sustituyó Hindenburg héroe de la guerra franco-prusiana y a su lado el general Ludendorff como jefe de su Estado Mayor.
Ese primer revés fue subsanado rápidamente y a finales de agosto en Tannemberg donde el ejército ruso recibe una dolorosa derrota muriendo 50.000 soldados y cayendo prisioneros otros 90.000.
Mas al sur los austrohúngaros tuvieron que luchar contra Serbia y cuatro ejércitos rusos. Pero su ímpetu no fue correspondido. En estos primeros meses los austrohúngaros habían perdido buena parte de su Ejército.
Tras estos primeros meses de guerra, la idea de un final rápido se había desvanecido. En el Marne y en Ypres el alto mando de cada contendiente comprendió que la guerra de movimientos ofensivos era totalmente inútil ante el poder destructivo de las ametralladoras y la artillería. Desde octubre de 1914 a marzo de 1918 ninguno de los dos bandos logró penetrar mas de 15 kilómetros en territorio enemigo.
El 24 de diciembre de 1914 cinco meses después del inicio y en pleno fragor de la Primera Guerra Mundial, combatientes alemanes, franceses y británicos deciden dejar sus fusiles en las trincheras y festejar la Navidad, compartiendo e intercambiando cigarrillos y tarjetas. La confraternización, que les permite enterrar a sus muertos, culmina con un partido de fútbol. Después del día de Navidad, vuelven a ser enemigos.

La Gran Guerra se saldaría con 20 millones de muertos, 6 de ellos entre la población civil, otros 20 heridos y mutilados.

«Así pues, el pacifismo y el internacionalismo se confundieron con el individualismo y el patriotismo, hecho bastante excepcional y que solo se explica por la supuesta naturaleza de esta guerra: era para todos una guerra de defensa patriótica y, por consiguiente, justa; y, en cualquier caso, una guerra ineludible». Marc Ferro.

BIBLIOGRAFIA
Historia Contemporánea (1914-1989) Hipólito de la Torre (coord) La Iª GM Ángel Herrerin López. Editorial Univ. Ramon Areces (UNED)
La Gran Guerra 1914-1918 Marc Ferro, Alianza Editorial
En las trincheras, Gaziel (Agustí Calvet Pascual)

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