LA PENÍNSULA IBÉRICA VISTA POR GRIEGOS Y ROMANOS

Visión de la Península Ibérica

¿Qué pensaban griegos y romanos antiguos de la Península Ibérica y de sus habitantes? ¿Qué idea tenían de ella? ¿Por qué se interesaron por estas tierras? Estas son algunas preguntas que nos podemos hacer sobre su pensamiento al respecto, porque fueron ellos, escritores, geógrafos e historiadores grecorromanos, desde el punto de vista de la historiografía, quienes “nos” presentaron en la Historia.

Para este trabajo seguiremos el capítulo I Voces y Ecos. Las fuentes para el estudio de la Hispania Antigua, de los profesores Eduardo Sánchez-Moreno y Joaquín l. Gómez-Pantoja del libro Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. I. Las Fuentes y la Iberia colonial. Nos guiarán por este sorprendente recorrido.

«Aunque parezca una minucia, desde el punto de vista historiográfico debemos a los escritores griegos y romanos nuestra entrada en la Historia o, si se quiere, el gusto por la averiguación certera de los sucesos pretéritos, que es la esencia de la Historia».

En realidad, la carta de presentación, en primer lugar, se la debemos a los navegantes y mercaderes jonios, que en sus memorias reflejaron, cuando alcanzaron las columnas de Heracles, lo que hoy es el estrecho de Gibraltar, la impresión que les produjo el encuentro con el legendario monarca de Tartessos, Argantonio.

Otro ejemplo lo encontramos en poemas como Ora Marítima del autor Avieno, al que luego nos referiremos, que proporcionará información geográfica y mítica de la costa ibérica.

Más ejemplos, un par de pasajes de las Historias de Heródoto de Halicarnaso, el padre de la Historia, nos hablan de la aventura de Coleo de Samos descubriendo Tartessos y de la amistad entre su rey Argantonio y los griegos foceos comerciando en sus dominios, en el primer tercio del siglo VI a.C. 

Pero el momento clave para poner el foco y las luces sobre la Península Ibérica de una forma incuestionable llegó con Roma cuando decidió intervenir militarmente en ella a finales del siglo III a. C. luchando contra los cartagineses en lo que conocimos como Segunda Guerra Púnica (218-202 a.C.). Es entonces cuando Iberia deja de ser espacio idealizado y un ámbito exclusivamente comercial. Si bien el interés era la propaganda de la nueva potencia en su periodo de expansión, de lo que estamos bien informados, por ejemplo, por la presencia en la península de historiadores como Polibio, que acompañó a Escipión Emiliano en el asedio de Numancia del 133 a.C., o por las narraciones en el siglo II a.C. de algunos sabios helenísticos como Posidonio, Artemidoro o Asclepíades, interesados en el estudio in situ de la naturaleza y etnología hispanas, alejados pues del mero ámbito militar. A partir de sus relatos, en su mayor parte desgraciadamente perdidos, desarrollarán luego su obra autores como Estrabón, Tito Livio, Plinio el Viejo o Apiano. Posidonio de Apamea residió un tiempo en la antigua Cádiz, interesado en el análisis de las corrientes marítimas y otros fenómenos naturales. Artemidoro de Éfeso estuvo en Iberia y compuso una obra geográfica y Asclepíades de Mirlea viajó por el Mediterráneo y también recaló en la Península Ibérica.

Debemos tener en cuenta que no todas las noticias que se escribieron sobre Iberia han llegado a nosotros de forma directa. Si ya de por si el interés del mundo grecorromano por la Península fue en general es reducido, dada su lejanía de los centros de poder y cultura sobre los que gravitó la civilización clásica, no olvidemos que muchos de esos escritos se han ido perdiendo en el tiempo. 

Quinto Fabio Píctor, Lucio Cincio Alimento, Filino y Sósilo, o Posidonio fueron considerados en la Antigüedad excelentes historiadores, pero sobrevivieron pequeños fragmentos de sus obras y las citas a ellos que recogieron otros. 

Seria interesante conocer la versión púnica de su enfrentamiento con Roma y sabemos que los eruditos griegos Filino de Agrigento y Sósilo de Lacedemonia, que acompañaron a Aníbal durante sus campañas, dejaron sendos relatos de su experiencia, pero no han llegado hasta nosotros.

Como hemos dicho el interés de Roma en Hispania se centró al momento de la conquista, sobre todo por la cuestión propagandística y por lo interesante que resulta una conquista. Pero una vez pacificado el territorio e iniciado su periodo de romanización, cuando las aguas bajaban tranquilas y dejaron de suceder cosas extraordinarias, el interés se apagó.

La época de la conquista romana de Hispania tiene una cronología segura y puede reconstruirse con cierta lógica gracias a Polibio, Livio y Apiano, con frecuentes referencias al entramado cronológico. En cambio, la historia peninsular durante el periodo imperial aun disponiendo de abundante y preciosa información (infinidad de datos arqueológicos, abundancia de monedas y largas series de inscripciones que proporcionan un elenco de nombres), es mucho más difícil de ordenar temporalmente, el interés decae a pesar de ser una etapa de esplendor social y económico solo comparable al de tiempos modernos.

Como hemos mencionado no toda la información que se generó en aquella época podemos disfrutarla hoy en día y muy pocas e imprecisas referencias sobre Iberia se conservan de la obra de aquellos primeros eruditos de la geografía historiada, como Hecateo de Mileto, Escílace de Carianda, Caronte de Lámpsaco, Éforo de Cumas o Timeo de Tauromenio.

Resumamos ahora las mejores referencias de la Península Ibérica, Iberia o Hispania que han llegado a nosotros y sus autores. 

Empecemos por la Ora Marítima de Rufo Festo Avieno, autor del siglo IV d. C. ya mencionada, que se basó en textos mucho más antiguos, probablemente del siglo VI a. C. Este poema evoca un viaje y en el Libro I, el único conservado, en sus más de 700 versos describe el litoral ibérico desde las Casitérides y Tartessos hasta Masalia. Se ha considerado la obra con datos geográficos más antiguos sobre la Península. Esta seré nuestro punto de arranque.

ESTRABÓN

Estrabón de Amasia es una de las fuentes más importantes de la Hispania antigua.

Contemporáneo de Augusto y discípulo de Posidonio fue un incansable viajero pero que nunca pisó la Península, pero afortunadamente estuvo bien informado gracias a visitantes anteriores, sobre todo de Polibio, Posidonio y Artemidoro. Es autor de una Geografía del mundo romano de 17 volúmenes. El libro III de este compendio está dedicado monográficamente a Iberia. Trata de la fisonomía de la península, sus paisajes, recursos y accidentes geográficos. Y, sobre todo, ofrece un rico panorama de los modos de vida de sus habitantes. 

No solo es una descripción sino que encontramos numerosos apuntes medioambientales, etnológicos, mitológicos y más aisladamente históricos. Gracias a él conocemos los nombres, localizaciones aproximadas y rasgos esenciales de los pueblos de la Iberia prerromana.

POMPONIO MELA

Considerado como el primer geógrafo hispano, nacido en la Bética, en Tingetera, cerca de Gades, vivió bajo los emperadores Calígula y Claudio, escribió De Chorographia, hacia mediados del siglo I d. C., un compendio geográfico que se compone de tres volúmenes. Sin duda alguna se trata de otra fuente de interés. 

PLINIO EL VIEJO Y SU HISTORIA NATURAL 


Cayo Plinio Segundo, más conocido como Plinio el Viejo fue contemporáneo de Vespasiano. Le recordaremos, entre otras cuestiones, por haber presenciado la erupción del Vesubio que sepultó Pompeya y haber fallecido allí por acercarse demasiado a la costa y sus playas llegando desde Miseno. Le debemos la Historia Natural de 37 volúmenes en la que se refiere a Hispania en los libros III y IV, donde nos habla de la organización administrativa de las tres provincias, incluyendo la más completa lista de sus respectivas ciudades que nos la legado la Antigüedad. 

Otro autor perfectamente documentado gracias a ser funcionario del estado y acceder a cartografía y documentación oficial, por eso es una fuente de referencia. Gracias a él sabemos las principales cuencas mineras de Hispania del momento, de cómo se obtenía el oro, o de su variedad de productos agrícolas y ganaderos. O por ejemplo que el lapis specularis, un yeso cristalino empleado a modo de cristal para vanos y ventanas, se extraía de las minas del territorio de Segóbriga (Saelices, Cuenca), desde donde se distribuía a todo el Imperio.

CLAUDIO TOLOMEO

Gracias a este autor, matemático y astrónomo nacido en Alejandría de Egipto (100-170 d. C.) disponemos de información reflejada en su obra Geografía, de ocho libros, donde refiere más de 8.000 topónimos en todo el orbe antiguo y unos 600 para Hispania en su libro II.

POLIBIO

Ya nos referimos a él al principio. Griego de Megalópolis en el Peloponeso, cuya vida

ocupó prácticamente todo el siglo II a. C. fue testigo de la expansión de Roma. Su obra Historias es el reflejo de ello. Polibio, en el año 167 a. C., fue llevado a Roma como rehén, después de la batalla de Pidna, en la que el cónsul romano Paulo Emilio venció a Perseo, rey de Macedonia y como garante de que su ciudad natal cumpliera las condiciones impuestas por Roma, por haber sido uno de los líderes de la Liga aquea.

Esta circunstancia que en principio debería ser considerada como dramática fue, sin embargo, providencial pues le permitió conocer e intimar con el poderoso Escipión Emiliano. Así pudo acompañarle en sus campañas y ser testigo de acontecimientos como la destrucción de Cartago en el 146 a. C. o el asedio de Numancia en Hispania en el 133 a. C. 

En este caso no tuvo que documentarse en exceso ya que, Polibio, es uno de los pocos autores antiguos que escribió sobre estas tierras con verdadero conocimiento de ellas al visitar personalmente los escenarios más significativos de los acontecimientos que narró lo que otorga a su testimonio una gran autoridad y posiblemente también mayor veracidad, aunque desgraciadamente, la monografía en la que plasmó su experiencia en la campaña numantina no se conoce más que por el amplio resumen que hizo Apiano de Alejandría dos siglos después. 

Como en tantos otros casos no se han conservado la mayoría de los volúmenes originales de sus Historias, 40, solo se conservan completos los cinco primeros y del resto solo fragmentos. Afortunadamente algunos de los supervivientes narran sucesos de envergadura como los prolegómenos de la expansión púnica por Iberia, su éxito colonizador y valor estratégico, la prevención romana y de cómo, en un momento determinado, Roma consideró que la conducta de los cartagineses era causa justificada para declarar la guerra.

Fue referente y guía de escritores posteriores que también se ocuparon de Hispania en sus crónicas como Livio, Estrabón, Diodoro o Apiano entre otros.

JULIO CÉSAR

Capítulo aparte es Julio César (100-44 a.C.), más conocido por sus cualidades militares y políticas, pero al que debemos sus relatos en primera persona de sucesos acontecidos en Hispania como lo haría un corresponsal de guerra actual. Célebres son sus dos famosas series De Comentarii, la primera sobre la Galia, De bello gallico, y la segunda sobre la guerra civil después de cruzar el Rubicón, De bello civile. Por esta última conocemos su relato de la campaña del 49 a. C. en la campaña de Ilerda. De su otra campaña hispana, la de Munda, cuatro años después, no disponemos del relato de su puño y letra, pero si de la narración de otro protagonista, un anónimo militar del ejército cesariano, que describe en De bello hispaniense, las duras operaciones en la campiña entorno a Córdoba, sus antecedentes y la decisiva batalla habida en Munda el 17 de marzo del 45 a.C.

TROGO POMPEYO 

Menos conocido que los anteriores protagonistas, encontramos al galo, contemporáneo de Augusto, Trogo Pompeyo cuyos orígenes influyeron decisivamente en la visión personal que nos da de Roma, hasta cierto punto hostil y más propia de un galo helenizado que de un filorromano, a pesar de que su padre llegara a ser secretario de Julio Cesar. En su obra Historias Filípicas, el centro del mundo no es roma sino el reino de Macedonia y el Imperio de Alejandro Magno y los reinos helenísticos que le sucedieron. Y esta visión es la que más interesa de Trogo, la historia de los pueblos y reinos extra itálicos, y no la de la Urbs. Como en tantos otros casos no conservamos su obra original, sino un resumen o Epítome redactado por Juniano Justino, autor latino del siglo III. El último de los 44 libros que lo componen está dedicado a Hispania y a la historia púnica. En él se incluyen loas a las riquezas peninsulares, relatos míticos como el de Gárgoris y Habis sobre los fundamentos de la realeza tartésica y noticias acerca de Aníbal o Viriato. 

SALUSTIO

Uno de los grandes historiadores romanos, Salustio (86-34 aC), fue contemporáneo de Cesar y Cicerón. Sus dos famosas monografías (La conjura de Catilina y La guerra de Yugurta) no tratan de Hispania. La única referencia a ella la encontramos en su otra gran obra, una Historia de Roma entre los años 78-67 a.C., que, aunque no queda sino un puñado de fragmentos, si sabemos que trató las guerras sertorianas y los años inmediatamente posteriores.

DIODORO SÍCULO

Natural de Argirion, Sicilia, y contemporáneo de Augusto, la obra principal de Diodoro es la Biblioteca Histórica, escrita en 40 libros entre los años 60-30 a. C. En su mayor parte perdida, abarca cronológicamente desde los orígenes de Roma hasta Augusto. 

Los capítulos 33-38 del libro V están dedicados a Hispania y allí encontramos referencias a la lucha de Heracles contra Gerión, la fundación de Gadir o la leyenda sobre la plata y los Pirineos, el origen y costumbre de los celtíberos, el bandolerismo lusitano, el trabajo en las minas, los honderos baleáricos o la figura de Viriato.

TITO LIVIO

Célebre por su Historia de Roma, Ab urbe condita, cuyo recorrido parte desde sus orígenes míticos y fundación de la ciudad hasta su propio tiempo, Tito Livio fue contemporáneo de Augusto, nació y murió en Patavium (actual Padua), entre el 59 a. C. y el 17 d. C. 

La obra está compuesta de 142 libros, de los que sobreviven completos aproximadamente un tercio, y del resto solo quedan fragmentos sueltos, uno de ellos, del libro XCI es de especial importancia para Hispania. Lo conservado de Livio de interés para la historia de Hispania se refiere a la toma de Sagunto hasta el 167 a.C., es decir, comienzo de la guerra contra los cartagineses, y a todo lo que vino después hasta que se cumplieron, aproximadamente, los primeros cincuenta años de ocupación y conquista de la Península.

Bien documentado, una de sus principales fuentes fue Polibio. Incansable estudioso no se quedó ahí, también se sirvió de documentos administrativos y legales, como leyes, edictos de magistrados, sentencias judiciales, acuerdos del Senado y los informes que los magistrados y generales enviaban desde las provincias dando cuenta de sus logros y la marcha de su misión.

TACITO

Cornelio Tácito, 56-12 d. C., fue un ilustrado senador romano, aficionado al estudio histórico, sus obras se consideran modelo y paradigma del género. En las Historias, Tácito trató el periodo entre los reinados de Nerón y Domiciano, época clave por el cambio de dinastía gobernante, e importante para Hispania por el papel que jugaron las tres provincias en aquel tiempo. Pero, una vez más, no disponemos de la totalidad de sus Historias lo que nos priva de información relevante sobre la extensión de la ciudadanía romana a Hispania.

APIANO

Apiano fue un alto funcionario de la administración imperial que vivió en el siglo II d. C. Hacia 160 d.C. escribió una Historia Romana en 24 libros, pero con un toque especial porque fundamentó su relato según las guerras que afrontó Roma hasta Trajano. Afortunadamente se conserva íntegro el referido a la conquista de Hispania, así como la narración de otros conflictos no específicamente hispanos pero que tuvieron como escenario las tierras peninsulares como fueron las guerras púnicas y las guerras civiles del final de la época republicana.

Fue sobre todo un ratón de biblioteca, seguidor de Polibio y Livio, pero también de otras fuentes, lo que enriquece su narrativa, algunas de ellas desconocidas o perdidas, resultando una lectura obligada para todos los que quieran conocer los sucesos hispanos.

DIÓN CASIO

Dión Casio (155-235 d. C.) fue un culto senador originario de Nicea de Bitinia, en Asía

Menor. Escribió una Historia de Roma en 80 volúmenes que abarcaba desde los orígenes de Roma hasta su época. Por desgracia solo conocemos, y no completos, algunos libros correspondientes al periodo entre el 69 a. C. y el 46 d. C.

En lo que se refiere a la Hispania peninsular, Dión es nuestra fuente para la situación de Hispania en los años finales de la República y los comienzos del gobierno de Augusto, incluyendo el episodio de las guerras cántabras.

BIÓGRAFOS: PLUTARCO, SUETONIO Y LA HISTORIA AUGUSTA

Los biógrafos antiguos representan un género muy popular entre sus contemporáneos. Podemos destacar tres entre las colecciones de biografías antiguas de interés para la historia de Hispania.

La primera y más famosa es la de Plutarco que vivió en la segunda mitad del siglo I d. C. y en los primeros años del siguiente, siendo probablemente el autor más popular de su tiempo. Se conservan, aproximadamente, la mitad de sus obras, siendo la más conocida Vidas Paralelas, debido al artificio de emparejar un famoso personaje griego con su contraparte romano, la mas de las veces sin apenas fundamento.

Para Hispania, Plutarco nos deja curiosos testimonios como el relativo a un joven prisionero romano al que los numantinos liberaron y colmaron de honores solo porque era el hijo de un gobernador con el que habían mantenido una excelente relación, en la biografía de Sempronio Graco. Algo parecido nos sucede en la historia de Sertorio, el gobernador provincial declarado en rebeldía por el Senado y Sila, con quienes peleó una larga y sangrienta guerra a comienzos del siglo I a. C. que marcó a las gentes de Hispania. Otros personajes biografiados por Plutarco, con algún pasaje o referencia a Hispania en su narración, son Emilio Paulo, Catón, Pompeyo y César.

Contemporáneo de Plutarco es Cayo Suetonio Tanquilo, culto escritor de origen africano que, con la recomendación de familiares y amigos bien situados, recibió de Trajano el encargo de ordenar los archivos de Palacio, lo que le permitió un conocimiento privilegiado de los documentos sobre la Casa Imperial. Expulsado por Adriano, Suetonio se dedicó a escribir biografías, siendo su más famosa obra la dedicada a los doce primeros emperadores, Vida de los doce Césares.

El interés de las Vidas para la historia de Hispania es relativo, pues bien contienen algunos datos útiles, es siempre marginal, ya que el verdadero foco de interés es el monarca y la Corte. La continuación de las Vidas imperiales de Suetonio se encuentra en la Historia Augusta. Narra las vidas de los emperadores, pretendientes y usurpadores que hubo desde Adriano hasta Carino y Numeriano. Aparentemente, fueron escritas por seis autores que vivieron a fines del siglo III d.C. e inicios del siguiente, pero la crítica moderna, sin embargo, piensa que son obra de un solo autor de finales del siglo IV o comienzos del V que se protegió con los seis pseudónimos mencionados.

De esta forma hemos hecho un recorrido por una serie de autores grecorromanos y sus referencias a la Península Ibérica.

Fuente principal:

Protohistoria y Antigüedad de la Península Ibérica vol. I. Las fuentes y la Iberia colonail de Eduardo Sánchez-Moreno (Coordinador), Adolfo J. Domínguez Monedero y Joaquín l. Gómez-Pantoja. Capítulo I Voces y Ecos. Las fuentes para el estudio de la Hispania Antigua, de los profesores Eduardo Sánchez-Moreno y Joaquín l. Gómez-Pantoja. Editorial Silex

Webgrafía Historia Sin Pretensiones

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