A LA SOMBRA DEL VESUBIO: POMPEYA Y HERCULANO (II)

 Una vez conocidas las fases del descubrimiento y cómo se produjo, la vida cotidiana y las impresionantes domus descubiertas junto a la calle comercial, visto todo en la primera parte del post, veremos ahora cómo empleaban el tiempo libre los pompeyanos, que papel jugó Plinio el Joven, sabremos la fecha real de la tragedia y conoceremos el otro gran yacimiento de la zona vesubiana, Herculano


OTIUM

Pero no todo era negotium (negocio) en la vida de Pompeya, los ciudadanos requerían otium (ocio). Y para eso la ciudad estaba repleta de tabernas. Tenían los thermopolium o establecimientos que daban a la calle y vendían comida y bebida caliente. Hoy día se aprecian perfectamente con sus mostradores donde tenían empotradas unas tinajas (dolia) que contenía comida o bebida. También existían las cauponae, mesones donde los pompeyanos jugaban, aunque estuviese prohibido. Se han descubierto hasta la fecha más de ciento cincuenta establecimientos de comida y bebida y se calcula que podría haber unos doscientos. Hoy podemos visitar las tabernas de Amaranto, de Aselina, de Euxinio, de la Vía di Mercurio, la de Salvio, con sus pinturas de escenas cotidianas, o la de Sittio.

Y como no, siendo una ciudad portuaria, no podían faltar los lupanares. Pero es que la cultura sexual romana difiere mucho de la nuestra. No se sabe muy bien la cantidad de ellos que había porque se discute entre los arqueólogos qué se podía catalogar como tal desde una habitación en el piso superior de una taberna o un local especifico. Han aparecido multitud de grafitos y frescos que pueden inducir a esta idea. Pero hay un edificio a unos cinco minutos el Foro, detrás de las Termas Estabianas que si está considerado como tal, como prostíbulo. Consta de cinco pequeños cubículos con una serie de pinturas de contenido erótico, además de casi ciento cincuenta grafitos.

Las actividades deportivas las llevaban a cabo en la Gran Palestra. Y las necesarias e imprescindibles termas, lugar de confluencia ciudadana donde se podía tomar un baño y hacer relaciones públicas. Pompeya contaba con tres complejos públicos, más las privadas de las casas más pudientes. De aquellas se conocen las de Estabia (en fase de reparación tras el terremoto del 62 y solo funcionaban de forma parcial), las del Foro (las únicas que funcionaban a pleno rendimiento) y las Centrales que se estaban construyendo en el momento de la erupción. Sinónimo de la cultura romana suponían toda una variedad de actividades distintas. En algunas casas privadas como la de Menandro disponían de su propio complejo termal.

Y por supuesto el anfiteatro, uno de los más antiguos del mundo romano. Construido en los años de Sila podía albergar unos 20.000 espectadores. Se alzaba en la parte sudoriental de Pompeya en una zona deshabitada y adosado a las murallas que rodeaban la ciudad. Su ubicación posibilitaba el acceso a los espectadores de pueblos vecinos.

Gozaban de gran prestigio las luchas de gladiadores, muy populares en la Campania, sin olvidarnos de las “vetationes”, es decir, recreaciones de caza. Un testimonio único de la actividad del anfiteatro y sus espectáculos son los edicta munerum, de los que se conservan 75 y que anunciaban el programa a modo de la publicidad actual.

El graderío y la galería superior, reservada a las mujeres, se conservan parcialmente. En el interior el parapeto que rodea la arena estaba decorado de pinturas de gladiadores y escenas de caza. Disponía de toldo para proteger al público de las inclemencias del tiempo.

La pasión de los espectadores ante los combates de gladiadores no distaría mucho de lo que actualmente podemos ver en un campo de fútbol. Incluidos incidentes entre las aficiones. Así Tácito nos habla de uno de ellos acontecido en el año 59 entre pompeyanos y nucerinos (originarios de la ciudad de Nocera). El conflicto tuvo un final trágico siendo los visitantes los que se llevaron la peor parte con muertos y heridos. El senado de Roma castigó a los pompeyanos prohibiendo durante 10 años espectáculos de este tipo. Hasta que Nerón los restituyó. Las causas del enfrentamiento bien pudieron ser políticas más que “deportivas”.

Pompeya además contaba con un Gran Teatro con capacidad para unas 5.000 personas y un pequeño odeón para 1.200 para conciertos y recitales poéticos. Los pompeyanos y los romanos en general no eran tan apasionados por el teatro como los griegos, pero el hecho de disponer de dos teatros en la ciudad es suficiente para catalogarla como teatral. No hay constancia, a pesar de la escenografía hallada especialmente en la Casa de Menandro que se repusieran en ellos los clásicos del teatro griego ni con qué frecuencia había representaciones. No se conservan carteleras ni anuncios de los espectáculos a diferencia de lo que ocurre en el anfiteatro. De lo que si hay constancia es que si constituían autentica atracción dos géneros teatrales muy populares en la época, el mimo y la pantomima.


PLINIO EL JOVEN, TESTIGO DE LA TRAGEDIA

Plinio el Joven, Epistulae VI, 16

«Cayo Plinio a Tácito, salud:

Me pides que te describa la muerte de mi tío a fin de que más verazmente se transmita a la posterioridad. Te lo agradezco porque estoy convencido de que, si tú conmemoraras su muerte, alcanzará gloria inmortal (…)».

«Estaba en Miseno y mandaba personalmente la escuadra. El noveno día antes de las kalendas de septiembre, casi a la hora séptima, mi madre le indicó la aparición de una nube de inusitadas grandeza y forma. Había tomado el sol y se había lavado con agua fresca y luego había comido un poco, y echado, estudiaba. Se calzó las sandalias y subió a un sitio desde donde se podía contemplar mejor aquel portento. Aparecía una nube y los que la miraban desde lejos no sabían desde que montaña salía, pero después se supo que se trataba del Vesubio. La nube tenía un aspecto que recordaba a un pino, más que ningún otro árbol, porque se elevaba como si se tratara de un tronco muy largo y se diversificaba en ramas. Creo que ello se debía a que, al debilitarse la corriente que en un principio la impulsaba, la nube, sin esta fuerza impulsora o debido al su propio peso, se desvanecía lo ancho y tan pronto era blanca como sucia y manchada, según llevara tierra o ceniza (…)».

El tío de Plinio decide embarcarse con sus cuatrirremes y se encamina prestar ayuda.

«Directamente se dirige ahí donde los demás huían, mantiene el timón en dirección al peligro, y tan ajeno al miedo que tomaba nota de los movimientos de aquella calamidad y de cuanto se ofrecía ante sus ojos. Cuanto más se aproximaba, la ceniza caía en las naves cada vez más caliente y densa, y también pedruscos y piedras ennegrecidas quemadas y rajadas por el fuego, al paso que el mar se abría como un vado y las playas se veían obstaculizadas por los cascotes. Estuvo a punto de volver atrás (…)».

«Entre tanto desde el monte Vesubio por muchos lugares resplandecían llamaradas anchísimas y elevadas deflagraciones, cuyo resplandor y luminosidad se acentuaba por las tinieblas de la noche. Mi tío, para remedio del miedo, insistía en decir que, debido a la agitación de los campesinos, se habían dejado los fuegos y las villas desiertas ardían sin vigilancia (…)»

Epistulae VI. 20

Plinio el Joven cuenta su experiencia escapando de Miseno.

«Se hizo la oscuridad, no la de una noche nublada o sin luna, sino la que se tiene en lugares cerrados una vez apagada la luz. Allí hubieras oído chillidos de mujeres, gritos de niños, vocerío de hombres: todos buscaban a voces a sus padres, a sus hijos, a sus esposos, los cuales también a gritos respondían. Unos lamentaban su desgracia, otros la de sus parientes, y había quien por miedo a la muerte la imprecaban. Muchos eran los que elevaban las manos hacia los dioses, pero muchos más creían que ya no había dioses por ninguna parte y que aquella noche era eterna y la última del mundo».

¿AGOSTO U OCTUBRE?

A Plinio el Joven le debemos la fecha del 24 de agosto como el día que erupcionó el Vesubio y desencadenó la tragedia. Si bien había suscitado dudas, como ahora veremos, había sido aceptado por la historiografía y no se había discutido. Pero en 2018 en unas obras de restauración y mantenimiento de una de las casas particulares se descubrió un grafito que hizo tambalear esa teoría, datado el 17 de octubre.

Este descubrimiento ha cuadrado las dudas que existían sobre la fecha de agosto ya que entre los restos se había encontrado ropa de invierno y algún brasero, impropio de un mes veraniego. Así como frutos propios del otoño más que del verano como granadas o castañas. Además, en algunas villas se habían encontrado ánforas y tinajas selladas con vino en su interior, es decir, se había realizado la vendimia.

HERCULANO

El otro gran yacimiento arqueológico de la zona vesubiana es Herculano que sufrió la erupción del volcán en forma de nubes ardientes de gases tóxicos alternadas, por lo menos seis veces, con coladas piroclásticas que acabaron con todo tipo de vida. Esos gases alcanzaron los 300 grados. La ciudad quedó cubierta, solidificándose estas coladas y convirtiéndose en un estrato compacto. El nivel del terreno se elevó unos veinte metros.

Dionisio de Halicarnaso afirma que el mismísimo Heracles fundó Herculano. Según Estrabón la ciudad perteneció en sus orígenes a los antiguos Ópicos y sus descendientes los Oscos. Para más tarde pertenecer a los Etruscos y a los Pelasgos. Y, por último, caer en manos de los Samnitas. Hasta rebelarse contra Roma en la guerra social cuando pasó a ser municipio romano en tiempos de Sila (89 a.C.)

La ciudad era más bien pequeña. Se calcula que la superficie amurallada rondaba las 20 hectáreas y sus habitantes podrían ser unos 4.000. Situada a las faldas del Vesubio y muy cercana a la colonia griega de Neapolis. La actividad de sus habitantes era la pesca, la agricultura, el comercio y la producción artesanal. Actividades que se beneficiaron de su puerto marítimo.

La estructura de la ciudad estaba organizada a lo largo de tres decumanos, como mínimo, de los que solo dos fueron excavados a cielo abierto. Los cruzan cinco cardos perpendiculares a aquellos y a la línea de la costa. Se encuentras excavados a cielo abierto el tercero, el cuarto y el quinto.

Las excavaciones comenzaron en 1738, aunque la ciudad había sido “descubierta” en 1711 por azar por el príncipe Elboeuf, y continuaron con la técnica de las galerías subterráneas y de los pozos de descenso y ventilación hasta el año 1828 cuando quedaron autorizadas las excavaciones a cielo abierto que se realizaron hasta 1875. Quedaron interrumpidas hasta que en 1927 cuando las reanudaría A. Maiuri hasta finalizar en 1958, aunque posteriormente se han hecho algunas obras.
En Herculano no solo volvieron a la luz restos orgánicos sino también los pisos superiores de los edificios, que nos permiten comprender cómo eran los volúmenes de estos y las técnicas constructivas empleadas.


Herculano como Oplontis y Pompeya se incorpora al Patrimonio de la Humanidad de la Unesco en 1997.

Teniendo en cuenta las características del fin de Herculano llamaba la atención que no se encontraran apenas restos humanos en sus casas o en sus cercanías como había sucedido en Pompeya. Pero en 1980 se encontraron cadáveres en las bóvedas del criptopórtico, o fornici, del puerto. Unos 300 salieron a la luz. Se supone que los habitantes de la ciudad se encaminaron al puerto con la intención de huir por mar, transportando los objetos más valiosos que consiguieron salvar. Murieron a consecuencia de la alta temperatura que provocaron los gases de la erupción. Años más tarde se encontró los restos de una embarcación varada en la playa y los esqueletos de un remero y un soldado perfectamente uniformado. Se encontraron otros esqueletos en la playa, justo delante de los fornici, en grupo. Parece que eran hombres debatiendo cómo escapar de aquella situación mientras que sus familias esperaban agazapadas en los almacenes donde perecieron.


Justo encima de los fornici y adyacente a las termas suburbanas se eleva la terraza de M. Nonio Balbo. Donde se aprecia su altar funerario revestido de mármol. Este senador fue pretor y procónsul de la provincia de Creta y de Cierene, tribuno de la plebe en el año 32 a.C. y partidario de Octaviano. Rehabilitó y construyó numerosos edificios en la ciudad.

La visita de las casas de Herculano ofrece la posibilidad de percibir la presencia de cualquier aspecto de la vida cotidiana en una ciudad antigua. El barro ardiente ha conservado, carbonizándolo, todo tipo de materia orgánica, desde cuerdas y restos de comida hasta tablillas enceradas, papiros y tela, además de numerosos restos de mobiliario, todo lo cual permite un inmediato acercamiento a la vida súbitamente interrumpida por una catástrofe natural hace 2.000 años.

Fuentes:
Pompeya, historia, vida y arte de la ciudad sepultada, coord. Marisa Ranieri Panetta; Galaxia Gutenberg/Círculo de lectores.
Pompeya, historia y leyenda de una ciudad romana, Mary Beard; Crítica.
La vida cotidiana en Pompeya, R. Etienne; Temas de hoy
Aventura de la Historia, numero 81, Pompeya y la Villa de los Misterios
Aventura de la Historia, numero 125, Herculano, la ciudad que surgió del barro
Historia National Geographic, numero 45, Pompeya, la vida junto al Vesubio

Todas las fotos son propias



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