LAS GUERRAS PÚNICAS (II)

Batalla de Zama, grabado de Cornelis Cort (1567)
SEGUNDA Y TERCERA GUERRA PÚNICA
Habíamos dejado la historia en el primer post con el final de la Primera Guerra Púnica que se desarrollo principalmente en Sicilia y sus consecuencias para romanos y cartagineses. Recordemos las palabras de Tito Livio sobre este conflicto en  Ab Urbe Condita (Libro XXI De Sagunto al Trebia) con el que empezábamos el primer post: «…que la guerra que voy a describir es la más memorable de cualquiera de las que hayan sido libradas; me refiero a la guerra que los cartagineses, bajo la dirección de Aníbal, libraron contra Roma.

Llegada a la península ibérica

En el año 237 a.C. Amílcar Barca desembarca en Gadir (Cádiz) acompañado ya de su hijo Aníbal de 9 años y de Asdrúbal, su yerno. Conocedor de la riqueza que allí había en minas, sobre todo las de plata de Sierra Morena, vio una oportunidad para la recuperación económica de Cartago. Nada más llegar consiguió fáciles victorias, dada la experiencia y preparación de su ejército, frente a la coalición de iberos, tartesios y celtiberos comandados por Istolacio. Complementado con una fructífera política diplomática. Llegando a fundar su propia ciudad, Akra Leuke que la investigación moderna sitúa en Alicante, aunque sigue generando dudas.

Toda esta actuación en la península levanta las sospechas romanas y en 230 a.C. enviaron una embajada para entrevistarse con Amílcar y conocer la situación. Hay testimonios de Dion Casio que recoge esta intervención romana, cuestión que molesta a los púnicos y consigue avivar la enemistad mutua. A partir de ese momento el Senado romano no quitará ojo a la península ibérica.

En 229 a.C. los cartagineses tuvieron sus primeros reveses y falleció su general Amílcar, no se sabe bien si de forma fortuita vadeando un río o asediando la ciudad de Helike, que en un principio se vincula a Elche pero que se trata del pueblo albaceteño de Elche de la Sierra.
Asdrúbal se puso al mando del ejército púnico y cambió de táctica poniendo en práctica una política diplomática y buscando alianzas con los pueblos indígenas. Bajo su mandato se consolidó el dominio cartaginés hasta más allá del rio Segura.

Qart Hadasht

En 226 a.C. fundó Qart Hadasht (Ciudad Nueva), que luego conoceríamos como Cartago Nova o Cartagena y que se convirtió en capital de su imperio peninsular. Situada de forma privilegiada pronto desarrollaría un importante papel económico, militar, político, cultural y como base logística.

El control sobre todo de la riqueza de la península en su zona sur compensa las pérdidas de Sicilia y Cerdeña. La península se va convirtiendo en un firme pilar en la política de Cartago y va creciendo la desconfianza en Roma que observa con detenimiento las riquezas peninsulares y la prosperidad y auge de los cartagineses.

Roma enviaría una nueva delegación para entrevistarse con Asdrúbal, recogido dicho encuentro de forma resumida por Polibio:

«(los romanos) mandaron legados a Asdrúbal y concluyeron con él un pacto en el que, pasando por alto el resto del territorio hispano, se dispuso que los cartagineses no atravesarían con fines bélicos el río denominado Íber». Se entiende que el espíritu del pacto era la reciprocidad.

En 221 a.C. Asdrúbal es asesinado por un indígena de origen celta y las tropas eligieron a Aníbal, hijo de Amílcar. Que a pesar de haber practicado la política diplomática de su tío y se había casado con la hija de un príncipe íbero, de Cástulo (Linares), Imilce, recuperó la política militarista de su padre. Y nada más llegar al poder emprendió sus primeras campañas militares llegando a las actuales Salamanca y Toro.

Sagunto y el Tratado del Ebro

En la primavera de 219 a.C. su objetivo era ampliar su dominio por la costa mediterránea con miras comerciales de cara al mar y se dispuso a sitiar Sagunto, cuestión que, como veremos, sirvió de pretexto a los romanos para declarar una nueva guerra a Cartago.

La historia nos dice que tantos unos como otros estaban preparando una nueva guerra desde hacía tiempo. Los cartagineses para recuperar lo perdido durante la primera y como revancha. Ahí tenemos el juramento de Aníbal que, según Polibio, hizo a instancias de su padre: «odio eterno a los romanos». Y Roma que veía con recelo cualquier disputa a su control económico del Mediterráneo Occidental. Faltaba un casus belli.

La clave estuvo en el tratado del Ebro, como así se ha interpretado aquel Íber que nos contaba Polibio a quien, por cierto, tradicionalmente se le acusa de cometer el error de situar Sagunto al norte del Ebro y en consecuencia en territorio prohibido para Cartago y su expansionismo. Error que se ha intentado subsanar convirtiendo el Ebro en el Sucro, actual Júcar, cuya desembocadura dista unos 45 km al sur de Sagunto.

Es más que posible que dicho “error” no fuese tal y sí un recurso del autor para justificar la intervención romana en la Península Ibérica. Y tampoco está claro que Sagunto fuera oficialmente aliada de Roma.

Tito Livio, que también recoge la situación, tampoco asegura que Sagunto no estuviera dentro de la zona de dominio cartaginés, hecho indiscutible si el Ebro fuera el límite establecido. Y Apiano también corrobora esta teoría. Recordemos, como ya expuse en el primer post, que la historia solo nos ha dejado fuentes romanas sobre este periodo de la historia, fuentes subjetivas del vencedor de las guerras y que hay que tomarlas con el debido cuidado. El sitio de Sagunto dio pie a los romanos a considerar que el tratado había sido violado, quedando Cartago como la provocadora del conflicto.

SEGUNDA GUERRA PÚNICA (218-201 a.C.)

Roma intentó obligar a Aníbal a volver a Cartago para ello Tiberio Sempronio Longo se dispuso a dar el salto al norte de África desde la base de Sicilia. Por otro lado, Publio Cornelio Escipión embarcaría con dirección a Hispania y comenzar la guerra allí.

Pero Aníbal se adelantó y llevó la guerra a la Península Itálica, pero de una forma más sorprendente y audaz, atravesando los Pirineos y luego los Alpes, cuestión que debería pillar por sorpresa a los romanos, como así fue.

El cruce de los Alpes


A finales de abril del año 218 a.C. parte de Qart Hadasht con dirección a los Pirineos, con un magnífico ejército, infantería, caballería y sus elefantes. Aníbal estableció acuerdos con las principales tribus celtas que habitaban el camino para evitarse conflictos. Pero no todas aceptaron esa negociación y, por ejemplo, los alóbroges atacaron y hostigaron a los cartagineses causando numerosas pérdidas. Pero el principal enemigo en realidad fueron los elementos y el propio terreno. Si el ascenso fue lento y complicado no menos lo fue la bajada.

Polibio cuenta que a Aníbal y su ejército le costó quince días atravesar los Alpes, pero no sabemos si incluye el viaje entero o solamente se refiere al puerto más elevado. Puede ser que transcurrieran de tres a cuatro semanas entre el principio de la ascensión en territorio de los alóbroges y la llegada a las llanuras del Valle del Po. Desde su salida de Qart Hadasht habrían trascurrido cinco meses.

Continuando con Polibio al llegar al valle del Po, Aníbal cuenta con la mitad de los efectivos, más o menos, con los que inició el viaje. 20.000 infantes y 6.000 jinetes más los conocidos elefantes, aunque muchos también habían perecido en el lastimoso trayecto.

El paso de los Alpes por el ejército cartaginés ha pasado a la historia como uno de los hitos militares más relevante de la misma, pero hay historiadores que no lo consideran del todo así, dadas las grandiosas perdidas humanas y de material que tuvo, máxime cuando su hermano Asdrúbal la repitió años después con mejores resultados y sin tanta repercusión “mediática”.

Pero con independencia de esto y cómo era de esperar, el efecto sorpresa fue tremendo en Roma que al recibir la noticia tuvo que cambiar rápidamente de planes enviando a Publio Cornelio Escipión al Ródano para frenar el avance cartaginés. Pero Aníbal ya estaba en suelo itálico. Escipión envió a su hermano Cneo a Hispania con parte de las tropas y él mismo se unió a las legiones de Manlio y Atilio acantonadas en el valle del Po. Sempronio que iba a embarcar dirección al norte de África también cambió de planes y se tuvo que dirigir al norte de la península itálica para sumarse a Escipión.

Tesino, Trebia y Trasimeno

Según iba avanzando Aníbal iba reclutando tropas desafectas a los romanos y fue aumentando de forma considerable sus tropas auxiliares paliando las pérdidas del periplo alpino. La impaciencia y temor de Roma al ver al poderoso ejército cartaginés moverse a sus anchas le llevó a presentar batalla antes de tiempo. Junto al río Tesino se desarrolló el primer encuentro entre ambos ejércitos y la caballería númida de Aníbal consiguió su primera victoria donde Escipión fue herido. Aunque ésta fue considerada como una escaramuza siendo la primera batalla la que se produciría unas semanas después en las proximidades de otro río, el Trebia. La victoria cartaginesa fue aplastante obligando a los supervivientes romanos a una retirada y refugiarse en Placentia y Cremona. Las consecuencias fueron desastrosas para Roma porque con la victoria, Aníbal consiguió que las poblaciones galas se pasaran mayoritariamente a su bando y consiguió seguir incrementado su ejército.

Ahí no acabaron las malas noticias para Roma porque Aníbal atravesó los Apeninos y volvió a conseguir una nueva victoria en la batalla del lago Trasimeno (junio de 217 a.C.). El camino hacia Roma estaba libre. Pero Aníbal no tomó esa decisión y decidió continuar una política de desgaste en vez de agotarse en un asedio a la urbs. A la par Roma nombró dictador a Quinto Fabio Máximo Cunctator, el Precavido, quien puso en práctica una táctica militar distinta, no de enfrentamiento directo, que había tenido consecuencias desastrosas, sino de guerrillas con continuos hostigamientos. Esta táctica seria conocida como “táctica fabiana”. En la batalla del Ager Falernus, Fabio estuvo a punto de conseguir una victoria definitiva sobre Anibal, pero éste demostró una vez más sus brillantes cualidades de estratega para provocar a los romanos para que dejasen libre un paso por donde puso huir con su ejército.

Cannas

En 216 a.C. con el nombramiento de los nuevos cónsules se optó de nuevo por el enfrentamiento directo. L. Emilio Paulo y C. Terencio Varrón lograron reclutar un poderoso ejército, superior en efectivos al cartaginés y se dirigieron a su encuentro. La batalla tuvo lugar en Cannas en agosto de 216 a.C. y todos sabemos cómo acabó. Las legiones romanas fueron literalmente aplastadas, uno de los cónsules, Emilio Paulo, murió en combate y el otro logró huir. Solo se salvó una pequeña parte de las legiones, unos 4.000 hombres.


La estrategia y la táctica empleadas por el general Aníbal en la batalla de Cannas, se convirtieron en un modelo clásico para la historia militar y agigantó su figura militar, que se puede apreciar por la forma en que se desplegaron las fuerzas en el terreno y cómo realizaron, posteriormente, la maniobra que le dio la victoria.

La victoria fue total para Cartago y hoy se sigue discutiendo el motivo por el que Aníbal no se dirigió a Roma. Esta fue la última gran batalla entre romanos y cartagineses en suelo itálico. La explicación puede venir de que nunca llegó a recibir los ansiados refuerzos que había solicitado de forma insistente al senado cartaginés.  Ni su hermano Asdrúbal consiguió llegar a contactar con él después de cruzar los Alpes, como ya se ha comentado, ya que fue derrotado en la batalla de Metauro, ni el Senado cartaginés respondió a su llamada. Sus fuerzas estaban agotadas y no disponía de material para llevar a cabo un asedio a una ciudad fortificada y bien defendida.

La guerra en la península ibérica

La guerra se trasladó de escenario. En el año 217 a.C. Publio Cornelio Escipión se unió con su hermano en Hispania, con el objetivo de contrarrestar la fuerza cartaginesa allí y evitar el envío de refuerzos a Aníbal.

Pero la tónica de la guerra seguiría favor de Cartago, aunque en 212 a.C. reconquistaran Sagunto. Magón, el hermano pequeño de Aníbal y Asdrúbal Giscón recibieron la orden de reavivar la guerra en Hispania que en aquellos tiempos estaba siendo dirigida por Asdrúbal su otro hermano.

En 211 a.C. Publio Cornelio Escipión cometió el error de dividir su ejército y con una parte se enfrentó a los generales cartagineses, siendo derrotado y muerto cerca de Cástulo (Linares). Meses después fue su hermano Cneo quien pereció traicionado por las tropas celtiberas cerca de Lorca. El resto de las maltrechas tropas romanas tuvo que retirarse de nuevo al norte del Ebro perdiendo las posiciones ganadas en los años anteriores.

En 210 a.C. llegó a Taraco, Publio Cornelio Escipión, hijo del general del mismo nombre que había fallecido en Cástulo. El signo de la guerra iba a cambiar y un año más tarde consiguió de forma sorprendente conquistar nada más ni nada menos que Qart Hadasht consiguiendo un golpe de efecto en la península. A partir de ahí despliega una intensa y fructífera labor diplomática que atrajo a su bando a numerosos caudillos ibéricos como Edecón, Indíbil y Mandonio.

En 208 a.C. se dirigió a la zona minera de Sierra Morena y en la llanura de Baécula (Bailen) se enfrentó y derrotó al ejército comandado por Asdrúbal Barca. Éste partió a la península itálica con la intención de unirse a Aníbal cruzando los Alpes como su hermano lo hiciera antes, pero fue derrotado en Metauro al año siguiente por C. Claudio Nerón y M. Livio Salinator y no consiguió aportar esa tan necesaria ayuda al general cartaginés.

Baécula fue un punto de inflexión en la guerra cambiando el signo que hasta ahora era cartaginés. Los nervios empezaron a hacer mella entre los generales púnicos que no se ponían de acuerdo en la estrategia a seguir.

Las victorias romanas se fueron sucediendo, Orongis, Ilipa y la posterior toma de Gadir supuso la total desaparición del poder cartaginés en la Península Ibérica.

Desde Cannas la guerra en suelo itálico se encontraba en suspenso. Los romanos porque no querían más enfrentamientos directos y los cartagineses porque sus recursos eran limitados y esperaban ayuda. Éstos, ya hemos visto, no llegaron. En realidad, Aníbal había sido abandonado a su suerte. Había habido movimientos como la conquista de Tarento y el asedio romano a Capua, que había cambiado de bando, pero la única respuesta de Aníbal fue llegar hasta las puertas de Roma (¡Hannibal ad portas! gritaron los romanos). Como los romanos ni por esas levantaron el sitio de la ciudad campana, Aníbal decidió retirarse a sus cuarteles de invierno. Poco a poco los cartagineses fueron perdiendo fuerzas y territorio. La guerra en la península itálica estaba decidida a favor de Roma.

Escipión en el norte de África. Zama.

En 204 a.C. Escipión llega al norte de África y desde su desembarco las tropas se dedicaron a arrasar el territorio cartaginés, consiguiendo continuas victorias, Llanos Grandes, la batalla naval de Útica, toma de Túnez o la derrota de Sifax. Cartago pidió a Aníbal su regreso para hacer frente a Escipión, pero la inferioridad de su caballería le llevó a ser derrotado en Zama en el 202 a.C. donde Escipión se ganó el sobrenombre de El Africano. Cartago tuvo que aceptar nuevamente unas duras condiciones de paz y renunciar a favor de Roma al dominio del Mediterráneo Occidental.

Consecuencias

Roma sufrió grandes cambios tras la guerra a nivel político, social y económico. El primero, el más llamativo, su hegemonía en el Mediterráneo y su expansionismo por el mundo conocido. En el ámbito económico sustituyó a Cartago en los principales mercados. En Hispania sustituyeron a los cartagineses en la extracción de todos los recursos materiales que Hispania proporcionaba y se crearon dos nuevas provincias la Citerior y la Ulterior. En Sicilia también ampliaron su extensión. En la península Itálica se sometieron a los galos del valle del Po que habían apoyado a Aníbal. Y aquellas ciudades que habían apoyado al cartaginés como es el caso de Capua fueron represaliadas.

Pieza importante en el desarrollo de la guerra fue el positivo funcionamiento de la federación itálica a cuya cabeza roma se vio fortalecida, siendo una fuente inagotable de recursos humanos para las legiones después de los primeros desastrosos años de la guerra.

Por otro lado, la oligarquía senatorial resultó fortalecida dentro de la sociedad romana. Ejerciendo un determinado número de familias el monopolio de privilegios que concede el poder. Destacando sobre manera alguna familia como la Cornelia, con Escipión a la cabeza.

Esta nueva situación socio-política dio lugar a la aparición de dos facciones netamente diferenciadas, la que agrupaba a esas familias y oligarquía senatorial que conocemos por optimates, por un lado, y por otro la facción de la extracción más sencilla conocida como populares, apoyada en la plebe. Y cuyos enfrentamientos protagonizarían los siglos siguientes. Ejemplo de ello son los proyectos reformistas de los hemanos Graco.

Otra consecuencia fue el notable progreso en el poder individual de las magistraturas, en detrimento del principio de colegialidad. Donde es más evidente es en el caso de los altos magistrados cum imperio que ocupan su cargo, en contra de la ley, durante periodos de tiempo muy cercanos entre sí e incluso consecutivos.

TERCERA GUERRA PÚNICA (149-146 a.C.)

Entre los años 149 a.C a 146 a.C. se desarrolló la última de las guerras púnicas cuyo resultado fue la completa destrucción de la ciudad de Cartago.

El tratado de paz con el que se cerró la segunda guerra desvelaba la mayor preocupación de Roma que no era otra que minimizar el riesgo que podía suponer Cartago una vez más. Eliminó la potente fuerza naval púnica y se encargó de fortalecer al principal enemigo cartaginés de la zona, Masinisa, que ejercería cómo su guardián. Además, Cartago no podía hacer la guerra sin permiso de Roma con lo que no podían ni defenderse de cualquier amenaza sin ese consentimiento.


Cartago floreció como ciudad y creció económicamente gracias a su capacidad comercial. Cuando Catón el Viejo la visitó en el año 152 a.C. se quedó sorprendido de lo que vio y a su vuelta comenzó su famosa campaña en contra de Cartago avisando del peligro que conllevaba el dejar resurgir a su antaño poderoso enemigo. La frase que ha pasado a la historia, Cartago delenda est, exigiendo la completa destrucción de la ciudad, fue una coletilla empleada en todo momento por Catón, finalizando cualquier de sus discursos, tuvieran que ver con Cartago o no.

Posiblemente el verdadero motivo para esta tercera guerra era más bien económico, comercial, que militar. El comercio cartaginés se extendía por todo el Mediterráneo y sus productos agrícolas competían con los romanos. Catón encontró rápidamente unos buenos aliados en los latifundistas de la Campania perjudicados en su comercio.

El motivo lo proporcionó Masinisa, rey de Numidia, que acosaba de forma continua a los cartagineses sabor que no podían defenderse. Pero Cartago, o una parte, la militarista, se hartó de tantas provocaciones y humillaciones y acabaron por responder al númida. Roma ya tenía su justificación.

Cartago previendo las consecuencias, envió varias embajadas a roma y asumió como error el ataque y se rindió incondicionalmente. Roma exigió, para respetar libertad, tierras y propiedad, la entrega de 300 jóvenes rehenes elegido entre los hijos de los dirigentes gubernamentales cartagineses. Pero Roma quería más y el objetivo era cumplir el deseo de Catón y destruir la ciudad. Se dio a sus habitantes la libertad de escoger un sitio para una nueva ciudad donde ellos quisieran, siempre que la distancia del mar no fuese inferior a 80 estadios (15.4 km) Eso significaba el fin de Cartago como potencia marítima y comercial, quedando relegada a las actividades agrícolas.

El desorden se apoderó de Cartago, matando a todo aquel que estuviera involucrado en la posible entrega de la ciudad a Roma. Y se dispusieron a defender la ciudad ante un asedio. Reforzaron las murallas, fabricaron armas y acoplaron provisiones. El encargado de la defensa fue Asdrúbal que había sido amnistiado después del ataque a Masinisa que había provocado esta nueva situación.

Roma no se esperaba esta defensa y el sitio se prolongó en el tiempo sin causar mella en los cartagineses que incluso continuaron su actividad comercial.

Roma nombra cónsul y comandante supremo del ejército en África al nieto adoptivo de Escipión el Africano, Publio Cornelio Escipión Emiliano. Tuvo que regenerar el ejército y volver a los duros entrenamientos porque la disciplina se había relajado de forma alarmante. Consiguió aislar a Cartago de forma efectiva lo que provocó en lógica consecuencia la rápida disminución de sus reservas alimenticias, contribuyendo esto al brote y propagación de enfermedades que hicieron estragos entre la población de la ciudad.

La caída de la ciudad era cuestión de tiempo y los romanos aprovecharon su oportunidad. A pesar de las circunstancias de los defensores, la defensa fue dura y se luchó de forma encarnizada que se prolongó por espacio de seis días. El último reducto fue la ciudadela de Byrsa donde llegaron a refugiarse 50.000 cartagineses. Que fueron vendidos como esclavos y la ciudad fue saqueada.

El sueño de Catón se vio cumplido y Cartago fue totalmente devastada. La leyenda dice que, aparte de la total destrucción de la ciudad, sus campos fueron sembrados de sal, para que no volviera a crecer nada fértil. No obstante, la mayor parte de los arqueólogos que allí han trabajado creen que se trata de una mera exageración, y que no hubo ni mucho menos una destrucción sistemática de los restos de la ciudad púnica.

Cartago fue reconstruida por el emperador romano Octaviano Augusto, siguiendo una idea de su padre adoptivo Julio César, que le vino de un sueño. En el siglo II d.C. hubo incluso un emperador, Septimio Severo, que procedía de las cercanías de Cartago (específicamente de Leptis Magna), y hablaba el latín con un fuerte acento púnico. Cartago, que durante el Imperio fue una de las ciudades más esplendorosas del mundo romano, sobrevivió hasta el siglo VII, cuando fue destruida por la invasión árabe del norte de África. Actualmente, Cartago es un suburbio residencial de la ciudad de Túnez, capital de la república norteafricana del mismo nombre.

Bibliografía
Historia Antigua Universal III. Historia de Roma (UNED) Fe Bajo Álvarez, Javier Cabrero Piquero y Pilar Fernández Urdiel.
Las guerras púnicas, Pedro Barceló, Editorial Síntesis
La caída de Cartago. Las guerras púnicas (265.146 a.C.), Adrián Goldsworthy, Ariel Historia

Fotos: 
Toma de Sagunto revistadehistoria.es
Aníbal en los Alpes grabado de Heinrich Leutemann
Aníbal cruzando los Alpes freco del Palazzo del Campidoglio (1510)
Aníbal busto (wikipedia)
Elefantes, anónimo
Busto de Escipión el Africano (wikipedia)
Busto de Catón el Viejo (wikipedia)



Comentarios

Entradas populares de este blog

LOS HERMANOS GRACO Y SU REFORMISMO

LA BATALLA DE LAS NAVAS DE TOLOSA

EL OSTRACISMO ATENIENSE