WINSTON CHURCHILL: DE LAS PLAYAS DE GALÍPOLI A LAS PLAYAS DE NORMANDÍA


Hubo un momento en que Winston Churchill parecía acabado.

Mucho antes de convertirse en el símbolo de la resistencia británica frente al nazismo, antes de los puros, las fotografías en blanco y negro y los discursos inmortales, Churchill era visto como un político temerario que había llevado al Imperio británico a uno de los mayores desastres militares de la Primera Guerra Mundial. Su nombre quedó asociado a las playas de Galípoli, a miles de muertos y a una operación militar tan ambiciosa como catastrófica.

Nadie imaginaba entonces que aquel hombre volvería años después para dirigir a Gran Bretaña en su hora más oscura.

La historia de Churchill es, en realidad, la historia de una resurrección política.

JUVENTUD

Nació el 30 de enero de 1874 en el fastuoso palacio de Blenheim, rodeado de privilegios aristocráticos, aunque nunca destacó especialmente como estudiante. Prefería la acción. La guerra le atraía mucho más que los libros de texto. Ingresó en el ejército y muy pronto mezcló dos vocaciones que lo acompañarían toda la vida: soldado y escritor. Como corresponsal y militar recorrió Cuba, Sudán, Afganistán o Sudáfrica, donde incluso logró escapar de un campo de prisioneros bóer, convirtiéndose ya entonces en una pequeña celebridad del Imperio.

Churchill entendió desde muy joven el poder de las palabras y el valor político de la épica.

En 1900 entró en el Parlamento británico. Ambicioso, brillante y profundamente convencido de su propio destino, fue ascendiendo con rapidez hasta convertirse en Primer Lord del Almirantazgo en 1911, uno de los cargos más importantes del gobierno británico. Europa caminaba hacia la guerra y Churchill estaba decidido a modernizar la Royal Navy antes de que Alemania desafiara el dominio marítimo británico. Apostó por nuevos acorazados, por armamento más potente y por sustituir el carbón por petróleo en los buques de guerra.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, la marina británica estaba preparada.

Pero Churchill quería algo más que resistir en las trincheras de Francia. Como muchos estrategas de la época, estaba horrorizado por la sangría interminable del frente occidental. Millones de hombres morían atrapados en el barro sin que ninguna ofensiva cambiara realmente el curso de la guerra. Fue entonces cuando defendió una idea arriesgada: atacar al Imperio otomano atravesando los Dardanelos y abrir así una nueva vía hacia Rusia.

GALÍPOLI

El 18 de marzo de 1915 fuerzas británicas, francesas y las tropas del ANZAC (cuerpos del ejercito australiano y neozelandés) intentaron el desembarco en la península de Galípoli


W Churchill

El objetivo parecía brillante sobre el papel: conquistar la península de Galípoli, controlar el estrecho y golpear uno de los puntos débiles de las Potencias Centrales. Pero la realidad fue muy distinta. Las minas hundieron barcos aliados, los desembarcos se convirtieron en un infierno y las tropas británicas, francesas, australianas y neozelandesas quedaron atrapadas durante meses bajo el fuego otomano.

Galípoli terminó siendo un desastre monumental.

Churchill pagó el precio político. Fue apartado del gobierno y durante un tiempo pareció convertirse en una figura del pasado. El hombre destinado a liderar el Imperio británico había quedado marcado por el fracaso. Incluso él mismo creyó que su carrera podía haber terminado allí, en aquellas playas lejanas del Mediterráneo oriental.

Sin embargo, la política británica tenía una extraña capacidad para reciclar a sus supervivientes.

Durante los años treinta, mientras muchos dirigentes europeos intentaban apaciguar a Hitler, Churchill lanzó advertencias constantes sobre el peligro del nazismo. Sus discursos sonaban exagerados para algunos contemporáneos, casi alarmistas. Advirtió de los riesgos de los desafortunados acuerdos de Múnich, pero los acontecimientos terminaron dándole la razón. Cuando Alemania invadió Polonia en 1939 y comenzó la Segunda Guerra Mundial, Gran Bretaña volvió a necesitarlo.

Y en mayo de 1940, cuando Europa se derrumbaba ante el avance alemán, Churchill llegó por fin al número 10 de Downing Street.

SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El panorama era desolador. Francia estaba a punto de caer. Las tropas británicas huían hacia Dunkerque. Muchos políticos británicos consideraban seriamente negociar con Hitler. Churchill, en cambio, eligió resistir.

Fue entonces cuando aparecieron sus discursos.

No prometió victorias rápidas ni soluciones milagrosas. Prometió “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”.

Aquellas palabras no solo movilizaron al Parlamento. Mantuvieron en pie a una sociedad que contemplaba cómo el ejército alemán dominaba casi toda Europa. Churchill comprendió algo esencial: en tiempos de guerra, el lenguaje también es un arma.

Pocas semanas después pronunció otra de sus frases inmortales:

“Lucharemos en las playas… nunca nos rendiremos”.
W Churchill


Más que un discurso, era una declaración psicológica dirigida tanto a los británicos como a Hitler.

La Batalla de Inglaterra convirtió definitivamente a Churchill en símbolo nacional. Mientras los bombarderos alemanes atacaban Londres y otras ciudades británicas, el primer ministro recorría barrios destruidos, visitaba refugios y hablaba por radio a la población. Su imagen —sombrero, puro y gesto desafiante— comenzó a representar la resistencia de todo un país.

Pero incluso en sus años de gloria, las sombras de Galípoli nunca desaparecieron del todo.

Trabajó arduamente para conseguir la ayuda de los Estados Unidos en el esfuerzo bélico y vivió momentos complicados en los que se llegó a pensar que su luz se extinguiría definitivamente, como el hundimiento del Prince of Wales y el Respulse, la caída de Singapur o la de Tobruk en el desierto norteafricano. Posiblemente la victoria de las ratas del desierto del general Montgomery frente a las tropas del Afrika Korps del zorro del desierto, del general alemán Erwin Rommel frenaron esa caída en noviembre de 1942.

Cuando en 1944 los Aliados preparaban el desembarco de Normandía, Churchill apoyó la operación, aunque seguía desconfiando de las invasiones navales. El recuerdo del desastre de 1915 continuaba muy vivo en su memoria. Temía otra carnicería en las playas europeas. Aun así, el Día D terminó marcando el principio del fin del Tercer Reich.

La guerra convirtió a Churchill en un gigante político mundial.

CONFERENCIAS DE 1943

1943 está caracterizado por ser el año de cinco Conferencias, a saber, Casablanca, Washington, Quebec, El Cairo y Teherán donde nuestro protagonista tuvo un papel relevante y su figura creció. En las grandes conferencias aliadas compartió mesa con Roosevelt y Stalin, intentando mantener la influencia británica en un mundo que ya empezaba a girar alrededor de Estados Unidos y la Unión Soviética. Era un feroz anticomunista, pero también entendía que sin el Ejército Rojo sería imposible derrotar a Hitler.

Churchill supo moverse entre dos gigantes que terminarían dominando la segunda mitad del siglo XX.

La Conferencia de Yalta de febrero de 1945 consolidó a Churchill el papel protagonista que había venido desarrollando a lo largo de la guerra. Su posicionamiento frente a Stalin ha marcado la historia de Europa.

W Churchill


EL FINAL DE LA GUERRA

Y, sin embargo, tras la victoria llegó una sorpresa inesperada.

En julio de 1945, apenas semanas después del triunfo aliado, los británicos lo expulsaron del poder en las urnas. El héroe de guerra perdió las elecciones frente al laborista Clement Attlee. Gran Bretaña agradecía su liderazgo militar, pero quería reformas sociales y un nuevo país para la posguerra. Aunque comenzó la Conferencia de Potsdam como primer ministro fue sucedido en la misma por Attlee.

Churchill quedó profundamente desconcertado.

PREMIO NOBEL DE LITERATURA

Aun así, lejos de retirarse, volvió a reinventarse. Escribió sus memorias sobre la Segunda Guerra Mundial, obras monumentales que reforzaron todavía más su prestigio internacional y que terminaron contribuyendo a la concesión del Premio Nobel de Literatura en 1953. No era un premio por una novela ni por poesía, sino por su extraordinaria capacidad narrativa y oratoria.

Pocos políticos han dominado tanto el arte de construir su propia leyenda.

W Churchill

Regresó además al poder en 1951, ganando sus primeras elecciones ya anciano, para pilotar los primeros años de la Guerra Fría.
Fue también quien popularizó la expresión “Telón de Acero”, definiendo la división de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.

Pero Churchill nunca ha sido una figura exenta de polémica.

Sus opiniones sobre el imperialismo, la India o determinadas cuestiones raciales siguen generando intensos debates históricos. Para algunos representa el gran defensor de la democracia europea frente al fascismo; para otros, simboliza también las contradicciones y sombras del viejo Imperio británico.

Quizá precisamente por eso sigue fascinando.

Porque Churchill no fue un héroe perfecto. Fue un político brillante y contradictorio, capaz de hundirse en Galípoli y regresar décadas después para enfrentarse prácticamente solo a Hitler. Un hombre que conoció el fracaso antes de convertirse en leyenda.

Y tal vez por eso su historia sigue teniendo tanta fuerza.

Porque recuerda que incluso las carreras políticas aparentemente destruidas pueden resucitar… y cambiar el curso de la Historia.

El 24 de enero de 1965 falleció. Tuvo un funeral con honores oficiales por tercera vez en la historia del Reino Unido, detrás de Nelson (1805) y W. Gladstone (1898).

“Una cosa es ver el camino hacia adelante y otra ser capaz de tomarlo. Pero es mejor tener un plan ambicioso que ninguno en absoluto”.

Fuentes:
La Segunda Guerra Mundial (dos volúmenes), compilación realizada por Denis Kelly de una serie de libros escritos por Churchill: La tormenta se avecina (1919-1940); Su hora mejor (1940); La gran alianza (1941); El eje del destino (1942-1943); El anillo se cierra (1943-1944) y Triunfo y tragedia (1944-1945). Editado por Circulo de Lectores y cedido pore Esfera de los Libros (2001)
Las voces de la democracia. Así hablan los grandes políticos. Churchill. Biblioteca El Mundo (2008)
Revista Aventura de la Historia, nº 39, enero 2002. Churchill, un líder para tiempos difíciles, artículo de Michael Alpert, catedrático de Historia Moderna y Contemporánea, Universidad Westminster.


Blog Historia Sin Pretensiones

Comentarios

  1. Felicitaciones, es un buen articulo de por si muy interesante sobre la vida de este personaje que marco la historia del siglo XX. Un saludo, nos leemos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

SUSCRIBIRSE

Escribe tu correo electrónico:

Delivered by FeedBurner

Entradas populares de este blog

10 PERSONAJES DE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

10 PERSONAJES DE LA II GUERRA MUNDIAL

10 GENERALES DE LA II GUERRA MUNDIAL