YALTA Y POSTDAM NUEVO ORDEN Y MAPA MUNDIAL




En 1945 el final de la IIª Guerra Mundial estaba claro. Tras el último intento de Hitler por cambiar el rumbo de la guerra con su ofensiva de las Ardenas en diciembre de 1944 y su fracaso final, el desenlace de la guerra era cuestión de tiempo. Los aliados avanzaban inexorablemente hacia Berlín, unos por el frente del oeste y los soviéticos por el este.

Los líderes aliados intensificaron sus conferencias para decidir ya no solo el final de la guerra si no el día después. Mas bien los años después. Para definir como sería Europa y el mundo una vez se firmaran los tratados de paz con las potencias vencidas.

1945 fue testigo de estas conferencias, en Yalta primero y Postdam, una vez finalizada la guerra en su vertiente europea, se rediseñó el mapa de la vieja Europa.

YALTA


Yalta es una ciudad de Crimea, famosa actualmente por sus vicisitudes y rivalidades entre Rusia y Ucrania. Pero fue más famosa por la célebre conferencia celebrada allí entre el 4 y el 11 de febrero de 1945. El ejército alemán combatía en franca retirada en ambos frentes. Anglo-norteamericanos en el frente del Oeste y soviéticos en el del Este empujaban al maltrecho ejército de Hitler hacia sus antiguas fronteras, era cuestión de meses.

Stalin, Churchill y un envejecido y enfermo Roosevelt se reunieron para perfilar el final de la guerra e ir configurando el mapa de Europa, del Lejano Oriente y las próximas relaciones internacionales. Se considera esta conferencia como el punto inicial de la Guerra Fría.  Francia fue dejada de forma expresa al margen de esta negociación.

No era la primera vez que los tres dignatarios se reunían, pero en esta ocasión las circunstancias fueron diferentes. Por un lado, Stalin tenía un papel mucho más relevante que en reuniones anteriores, se sentía fuerte. El papel que estaba ejerciendo el ejército rojo en la guerra le colocaba en cierta posición de superioridad que él iba a explotar. Desde la apertura del frente occidental el verano anterior y, sobre todo, con el desgaste sufrido por los alemanes en su intentona de revertir la dirección en la guerra un par de meses antes con la batalla de las Ardenas, el avance soviético era muy rápido y contundente hacia Berlín. En este momento había “liberado” Polonia y habían puesto en evidencia el horror de Auschwitz.

Por otro lado, Roosevelt llegó a la reunión muy debilitado con una salud muy deteriorada y con constante supervisión médica que solo le permitía sesiones de no más de cuatro horas. De hecho, falleció el 12 de abril, un par de meses después. Su estado no era el idóneo para enfrentarse a este tipo de negociaciones. Además, desconfiaba de Churchill y en muchas cuestiones estuvo más cerca de Stalin, lo que debilitaba en exceso la postura occidental y exasperaba al británico. Éste era, en realidad, la única oposición real al soviético.

El Palacio de Livadia, residencia de verano de los zares, fue testigo de excepción de las negociaciones. Los dos altos mandatarios occidentales gozaron de ciertos lujos, no así los subalternos que tuvieron que compartir habitaciones y cuartos de baño. Stalin, como anfitrión, tenía todo perfectamente calculado. Todas sus atenciones estuvieron dirigidas al presidente norteamericano al que entregó la presidencia de la cumbre con los objetivos de, por un lado, darle el control de los acuerdos y, sobre todo, le distanciaba de Churchill. Consideraba que podría manejar más plácidamente al norteamericano que al británico. De hecho, los choques entre el dirigente británico y el soviético fueron una constante los días en los que duró la conferencia.

Los temas que se trataron aquellos días fueron: la derrota de Alemania, su desarme y desmilitarización; su ocupación, control y división en zonas; reparaciones e indemnizaciones alemanas; conferencia de las Naciones Unidas que se planificó para  celebrarse en el mes de abril en San Francisco; declaración sobre la Europa liberada con elecciones democráticas en cada país; Polonia (ya “ocupada” por el ejército soviético) con un desplazamiento hacia el oeste (movimiento de sus fronteras al antojo soviético) y decisión sobre su gobierno claramente pro soviético cuando había otro en el exilio (Londres) que se sintió traicionado por ingleses y norteamericanos; Yugoslavia; entrada en la guerra de la URSS contra Japón; reuniones de los ministros de Asuntos Exteriores y unidad tanto en la guerra como en la paz. Se puso encima de la mesa la posibilidad de enjuiciar a los criminales de guerra, pero fue otro de los temas sobre el que no se tomó una decisión. Es evidente que con el paso de los años se puede corroborar que algunos de esos puntos eran papel mojado.

Los americanos salieron de Yalta convencidos de su éxito, pero la historia, y Churchill lo sabía, ha demostrado que el auténtico vencedor de la conferencia fue Stalin. Aunque no consiguió todo lo que pretendía supo esperar pacientemente. Esta no fue la última conferencia entre los aliados vencedores de la guerra.


POSTDAM

«Nada puede salvarnos de la inmensa catástrofe más que una reunión y una confrontación lo antes posible en algún punto de Alemania que esté controlado por los estadounidenses y los británicos y donde podamos alojarnos con relativa comodidad» W. Churchill, mayo de 1945.

Una vez finalizada la contienda en Europa con la capitulación alemana, se celebró en Postdam, a las afueras de Berlín, zona controlada por los soviéticos, una nueva conferencia en el mes de julio. En ésta Stalin tuvo todavía más ventaja porque se encontró con dos nuevos interlocutores noveles e inexpertos en estas lides, Truman que sustituía al fallecido Roosevelt y Attlee que le había ganado las elecciones a Churchill el 5 de julio. Aunque los resultados se conocieron estando en Postdam, por eso viajaron los dos líderes británicos. Churchill que comenzó la Conferencia como primer ministro abandonó la misma el día 25. Cuestión que agradeció el líder soviético.


El 17 de julio de 1945 comienza la Conferencia de Postdam. Se discutió sobre el nuevo orden e imperaba el recelo entre las grandes potencias. Se palpaba el distanciamiento entre oeste y este. Comenzaba el periodo conocido como la Guerra Fría.

Truman era un novato en política internacional, llegaba timorato e indignado con la URSS por el incumplimiento de sus acuerdos sobre Polonia firmados en Yalta. Pero llegaba con un as bajo la manga, la bomba atómica.  El mismo día del comienzo de la Conferencia recibe un telegrama: «babies satisfactorily born» (los niños han nacido felizmente) mediante el cual se le notificaba el éxito de la prueba atómica realizada en Alamogordo.

«Hago este viaje decidido a ganar la paz» escribía Truman en el viaje hacia Berlín. Intentó asumir el papel de Roosevelt, organizando veladas musicales donde se interpretaron piezas favoritas del dignatario soviético, pero no consigue la atmósfera deseada.

Stalin se presentó como el genuino vencedor de la guerra. Con la autoconfianza por las nubes por que se enfrentaba a unos novatos. Quien más problemas le podía dar y, de hecho, le había dado en anteriores ocasiones quedó fuera de juego a las primeras de cambio. Jugaba con la política de hechos consumados.  Casi cuanto deseaba territorialmente ya lo tenía ocupado el ejército rojo. Y no estaba dispuesto a hacer concesiones. Se desconoce si en ese momento conocía las pruebas atómicas de los EE. UU.


Truman apoyado por Churchill, antes de marcharse, propuso como objetivos: un consejo de ministros de exteriores que estudiara los tratados de paz (en el que se incluirían al final Francia y China); la administración de Alemania; declaración sobre la Europa liberada; y la entrada de Italia en la ONU. Stalin sin embargo proponía: reparto de la flota alemana; indemnizaciones de guerra; relación con los ex satélites del Eje y las fronteras de Polonia.

Respecto a Alemania ha quedado claro que los tres «grandes» no tenían intención de desmembrarla, aunque si buscaba su descentralización política. Pero quedó dividida y repartida entre soviéticos, estadounidenses, británicos y franceses. Así como Berlín que por un error de cálculo y planificación quedó aislada en zona soviética. Años más tarde sufriría un bloqueo que supuso uno de los primeros encontronazos y peligros de romper la paz mundial en el marco de la guerra fría. Algo parecido sucede con Austria que la separan de Alemania.

España también tuvo su pequeño papel, en lo relativo a su entrada en la ONU. Stalin se opuso y Truman y Attlee no replicaron.  España tardaría una década en entrar en la organización.
El primer roce llegó con las rígidas normas de censura impuesta por los soviéticos a los corresponsales de prensa.


«La cerrada barrera del secreto que se ha levantado en torno a la Conferencia nos molesta, especialmente porque lo que está ocurriendo estos días en Postdam nos atañe precisamente a todos y cada uno de nosotros, ya sea hombre, mujer o niño». Así aparecía la editorial del diario británico Yorkshire Post la mañana del 19 de julio.

Se trataron más temas, pero tal cantidad más la diferencia y distante posición de los tres hicieron que los avances fueran escasos y se recurriera a posteriores comisiones y delegaciones. En su día las sensaciones en occidente eran negativas respecto al resultado final.

«Desde Stettin, en la Báltico, hasta Trieste, en el Adriático, ha caído sobre el continente un telón de acero». W. Churchill en su conferencia en el Westminster College de Fulton, Missouri, marzo de 1946.



Fuentes:
La segunda guerra mundial, volumen II de la editorial Argos
La segunda guerra mundial, 1939-1945 las claves de la mayor contienda de la Historia, vol 30 biblioteca El Mundo
Gran crónica de la segunda guerra mundial vol 14, edilibro
La segunda guerra mundial, W. Churchill, vol II
Revista Aventura de la Historia nº 76 (febrero de 2005)

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