EL DESEMBARCO EN NORMANDÍA (I)


PROLEGÓMENOS Y DISEÑO DE OVERLORD

En los escritos de Churchill sobre la operación Overlord, en su fase de decisión sobre cómo y dónde atacar, se desprenden del primer ministro un recuerdo en forma de pesadilla de lo sucedido en Gallípoli tres décadas atrás: «Éste era el fruto de los conocimientos adquiridos a muy alto precio por franceses y británicos desde 1915 a 1917».

Desde 1942 era una constante las exigencias soviéticas sobre sus aliados sobre la apertura de un segundo frente en el oeste de Europa para aliviar la enorme y costosísima carga que llevaba la URSS en su lucha contra los ejércitos nazis.

En mayo de 1943, en la Conferencia Trident celebrada en Washington, ya se puso encima de la mesa la necesidad de abrir ese segundo frente. Tres meses después, en la Conferencia de Quebec de agosto, se aprobó oficialmente el desembarco en Francia, denominándolo ya como Overlord. Y en la Conferencia de Teherán en noviembre comunicaron el compromiso a Stalin.

Nombraron máximo responsable de la operación al general estadounidense Dwight D. Eisenhower y como jefe supremo de las fuerzas terrestres sir Bernard Law Montgomery. Bajo su mando quedaría el Primer Ejército de EE. UU. del general Omar Bradley y el Segundo Ejército británico del general Miles Dempsey.

La fecha elegida en ese momento fue la del 1 de mayo de 1944. El lugar, por descarte, clima, orografía, corrientes, comunicaciones interiores y, por supuesto, defensas alemanas influyeron en la decisión. Por todo ello las playas de Normandía fueron las elegidas. La meteorología y la complicada preparación hicieron que la fecha se fuese postergando hasta la primera semana de junio.

Como apoyo al desarrollo de Overlord se planificó otra operación de carácter naval, de nombre Neptuno, dirigida por el almirante británico Ramsey. Transporte de las tropas, cobertura artillera y construcción de muelles artificiales formaban parte de esta planificación.

La aviación también tendría su papel en la operación. Primero con vuelos de observación o con la destrucción de nudos ferroviarios, puentes, depósitos de combustibles o aeródromos que dificultasen los movimientos de las fuerzas alemanas del interior y su defensa.


El espionaje, la sorpresa y el despiste iban a ser clave en el éxito o en el fracaso de toda la operación. Los alemanes conocían el gran movimiento de tropas y material que iba llegando a Gran Bretaña. 

No era difícil suponer que algo grande se estaba tramando. Uno de los espías alemanes, Cicerón, avisó del inminente ataque a principios de la primavera de 1944 pero no pudo completar la información o hacerlo de forma más precisa. Un español jugó un papel destacado en este campo del espionaje, Juan Pujol (Rufus y Arabel para el Abwerh, servicio de inteligencia de la armada alemana y Garbo para los británicos del MI5) que se hizo pasar por espía de los nazis suministrando información falsa y alguna veraz de escasa importancia para no levantar sospechas. Consiguió crear la certeza entre los alemanes de que el desembarco se produciría en las costas de Calais, 250 kms. al norte de Normandía. Otra operación complementaria se puso en marcha con este objetivo de nombre Fortaleza (Fortitude). Cerca de Dover se montó un complejo y enorme decorado simulando miles de tanques, camiones, barcazas y todo tipo de material militar incluso un supuesto cuartel general con líneas ferroviarias y carreteras de comunicación. Además, se intensificaron las incursiones aéreas sobre esa zona de la costa francesa que dieran apariencia de un interés real. Los objetivos del paso de Calais fueron dos veces más bombardeados que los del sector del desembarco.


La minuciosidad de la planificación llegaba al punto de utilizar hombre ranas que trasportados por submarinos pudieran inspeccionar las playas del desembarco, su arena y sus inclinaciones, así como las defensas que Rommel había diseñado para aquella zona.

Overlord no solo iba a consistir en el desembarco, fuerzas aerotransportadas saltarían en paracaídas en la retaguardia alemana, detrás de las playas, para acabar de desorganizar la ya de por si desorganizadas líneas enemigas cortando comunicaciones telefónicas, tomando puentes y carreteras de comunicación y destruyendo todas las defensas que se encontraban en su camino.

Las tropas de desembarcos eran considerables. La primera oleada estaba compuesta por un total de 150.000 hombres entre británicos, estadounidenses y canadienses, en total 10 divisiones y otras 30 vendrían a continuación donde también llegarían polacos y franceses. Toda esta fuerza estaría protegida por la artillería de la armada y el fuego de la aviación, prácticamente dueña de los cielos normandos, dado que la Luftwaffe había sido prácticamente anulada con la operación Pointblank.

Y una vez establecidas y consolidadas las cabezas de playa, 3.000.000 millones de hombres, la mayoría británicos y estadounidenses esperaban en Inglaterra para cruzar el canal junto con más material militar, locomotoras, puentes, miles de kilómetros de raíles y vagones de ferrocarril. El transporte se convertiría en un arma fundamental.

El aprovisionamiento de combustible, tan necesario para el avance y no sufrir retenciones fue una espectacular obra de ingenio. Se construyeron 1.600 kms de tubería de oleoductos que atravesaban el mar y decenas de estaciones de bombeo en las costas inglesas que eran camufladas en garajes, granjas e incluso en fábricas de helados. A estos ingenios se les bautizó como Pluto (Pipe Line Under The Ocean).

Ante la incertidumbre sobre la posibilidad de conquistar algún puerto natural el primer día del desembarco, se diseñaron y construyeron puertos artificiales dotados de instalaciones adecuadas y con capacidad suficiente para soportar el tráfico de la maquinaria de guerra durante la invasión. Se emplean dos sistemas de puertos artificiales. Uno es el denominado Grosella, que consiste en hundir en el lugar elegido, un numero de buques cargados de cemento, dispuestos proa con popa, que sirva de refugio y descarga a los buques pequeños, salvo en caso de fuerte temporal. Otro es el conocido por Mora que, sí es un auténtico puerto, constituido por enormes bloques de hormigón llamados Phénix. En el lenguaje cifrado tales puertos eran conocidos como muelles mulberry.

Un arma que resultó clave en el desembarco fueron los carros de combate preparados, tuneados, para la ocasión, que serían conocidos como los “funnies”. Desde tanques flotantes, como los Sherman, impermeabilizados y dotados de dos hélices y de una lona inflable a los Bobbin que en la parte delantera disponía de 34 metros de tela resistente enrollada y de 3 metros de ancho que permitía circular sobre él y no atascarse en la arena de la playa; el Cangrejo con cadenas giratorias delanteras para la destrucción de minas; el Churchill Avre que llevaba un puente incorporado que permitir salvar fosos de hasta 9 metros; el Cubo Basura Volante que iba dotado de un mortero o el Cocodrilo con un lanzallamas.


Durante el mes de mayo en los bosques del sur de Inglaterra se esconderán y camuflarán tanques, camiones, ambulancias, “jeeps”, “funnies” y enorme cantidad de munición. Los hombres que han ido llegando a la isla de forma escalonada duermen en tiendas de campaña y en casas prefabricadas. La tensión va in crescendo según pasan los días y las horas. El entrenamiento no cesa, físico y de estrategia. Se según se va a cercando la fecha se suceden las reuniones explicativas, enseñando fotos y exponiendo la forma de actuar y los objetivos de ese primer día.


DEFENSA ALEMANA

La defensa de las costas atlánticas estaba a cargo de, supuestamente 59 divisiones alemanas, y digo supuestamente, porque todas ellas estaban mermadas en un 30 o 40%, por lo que en realidad en su totalidad se reducía a 35 divisiones. Eran soldados veteranos y mayores y había tropas oriundas de otras nacionalidades aliadas de los alemanes, a los que se les supone menor espíritu combativo.

La defensa de la zona estaba encomendada a tres grandes agrupaciones: el XV Ejército, al mando del coronel general Hans von Salmuth, cuyo jefe de Estado Mayor era el comandante general Rudolf Hoffmann; el VII Ejército a las órdenes del coronel general Dollman cuyo jefe de Estado Mayor era el comandante general Pemsel, y el I Ejército.

Respecto a las fuerzas acorazadas cuya participación siempre ha sido objeto de polémica en cuanto a su interpretación, tenemos el I Cuerpo Blindado a cargo del teniente general de las S.S. Sepp Dietrich que comprende la 12ª División S.S. “Hitler jugend” a las órdenes del general Witt; la 17ª División “S.S. Götz von Berlichingen” con el comandante general Ostendorff al mando, y la 21ª División, a las órdenes del general Feuchtinger, pero esta última  así como la 2ª División del general von Lüttwitz, serán refuerzos que reciba el I Cuerpo en el transcurso de la batalla. Por otro lado, consta la presencia de la División Experimental de Carros de Combate del teniente general Fritz Bayerlein. Todas estas fuerzas blindadas contaban con una jefatura suprema, cuyo Cuartel general radicaba en Paris y a cuya cabeza estaba el general Geyr von Scheweppenburg.


La marina alemana estaba al mando del contraalmirante Hennecke, pero prácticamente estaba reducida a nada, como la aviación del mariscal Sperrle.

Al mando de todas estas tropas estaba el mariscal Gerd von Rundstedt, quien en realidad no confiaba en las defensas de las playas y era partidario de permitir la llegada del enemigo y enfrentarse a él una vez adentrados en el interior, alejados de la protección de su flota y de su aviación.  

Contrario a esta opinión era el general Rommel que era el encargado de supervisar las defensas de la costa, denominadas, un tanto pretenciosamente, la Muralla del Atlántico. Su objetivo era que los aliados no consiguieran afianzarse en la costa tras el desembarco, no permitirles que consolidaran las cabezas de playa.

«Créame, Lang, las primeras veinticuatro horas de la invasión serán decisivas…De su resultado depende el destino de Alemania…Tanto para los aliados como para nosotros será el día más largo» Así se dirigía Rommel a su ayudante, el capitán Lang, el 22 de abril de 1944.

En su empeño y preparativos, trató de convencer a von Rundstedt y al general von Scheweppenburg, al mando de las fuerzas blindadas, para que aproximaran sus efectivos todo lo posible a la costa, pero sin éxito. Mismo resultado con la Kriesmarine y la Lutwaffe. Para mayor desesperación de Rommel que era un especialista en la guerra blindada, no pudo disponer de tres de las seis divisiones blindadas que había en su sector: de las las Waffen SS, que solo podían ser empleadas por órdenes directas de Hitler. «Vale más una división blindada en el día J que tres divisiones blindadas en el día J+3».


La argumentación de Rommel era lógica y aplastante, cuando se produce el desembarco, las tropas llegan a la orilla en malas condiciones físicas y morales. El transporte es largo, los hombres no han dormido, la mayor parte llegan mareados. Necesariamente van demasiado cargados; sus uniformes están mojados y tienen la sensación de dirigirse a pecho descubierto ante un enemigo que le está esperando. Es el momento idóneo en el que el enemigo es más débil, en la misma playa.

Por otro lado, Rommel era el único convencido de que allí se produciría el desembarco a diferencia del mismo Hitler que seguía pensando en Calais. Siguiendo además una táctica de deducción por descarte de otras zonas, al igual que habían hecho los aliados.

Como la supervisión y preparación de las defensas era su cometido se dispuso a ello de la mejor forma posible. Camufló las baterías artilleras, minó las zonas más expuestas, puso trampas y obstáculos en las playas y reforzó su fuerza artillera. Entre los artilugios ideados para las defensas estaban los llamados puentes belgas, los “espárragos” de Rommel y sembró las playas de minas, así como desplegó kilómetros de alambre de espino. Y multitud de trampas de todo tipo, pero con los escasos medios que contaba las defensas dejaban mucho que desear a sus propios ojos y valoración.

PREPARATIVOS

El 28 de febrero de 1944 quedó establecido el plan definitivo: el 2º Ejército británico, al mando de Dempsey, desembarcaría entre Arromanches y la desembocadura del Orne en Ouistreham, en las playas denominadas Gold, Juno y Sword, y el 1 Ejército norteamericano al mando de Bradley, lo haría en las denominadas Omaha y Utah, en el estuario de Carentan. Dos divisiones aerotransportadas americanas y una británica protegerían los flancos. Los estadounidenses tomarían Cherburgo y los británicos Caen.

El proyecto del plan de invasión fue establecido por el COSSAC (Estado Mayor del Mando Supremo Aliado) en julio de 1943. En agosto, un nuevo organismo, la SHAEF (Oficina Central Suprema de la Fuerza Aliada Expedicionaria) lo pulió y concretó. El ataque sería en Normandía, peor defendida que Calais.

El 15 de mayo Montgomery presentó el plan definitivo a los altos mandos. El día D desembarcarían cinco divisiones, aproximadamente una por playa, además de otras tres divisiones aerotransportadas. La Big Red One estadounidense al mando del general Huebner lo haría en Omaha, entre Port-en-Bessin y la desembocadura del Vire con una extensión de 30 kms, que se dividió a su vez en siete sectores: Able, Baker, Charlie, Dog, Easy, Fox y George; y la Ivy League, al mando del Major-General Barton en la playa de Utah, la más occidental en un mapa, entre la desembocadura del Vire y Quinéville con una extensión de 25 kms y dividida también en cuatro sectores, Tare, Uncle, Victor y William.


Británicos y canadienses desembarcarían en las otras tres playas con el 2º Ejercito, entre Port-en-Bessin y Cabourg. Se componía de dos cuerpos, el 1º al mando del teniente general J.T. Crocker lo haría en las playas de Sword y Juno y el 30º en Gold. A Juno llegaría la 3ª división canadiense, con un frente de 8 kms entre Langrune y La Riviére, divida en tres sectores Love, Mike y Nan. Gold, con un frente de 17 kms entre La Riviére y Port-en-Bessin, divido en cuatro sectores How, Item, Jig y King. Sword a 5 kms al este de Juno entre las poblaciones de Saint-aubin y Ouistreham. Como en el resto de las playas estaba divida en sectores Oboe, Peter, Queen y Roger

Se asignaron tres divisiones aerotransportadas para cubrir los flancos, dos estadounidenses, la 82ª y la 101ª que serían lanzadas sobre Carentan y la 6ª británica lanzada al este del Orne.

La operación naval tenía dos objetivos además del traslado de los soldados a las playas normandas, que eran romper las defensas costeras alemanas por un lado y por otro, mantener el flujo de refuerzos durante unas cinco o seis semanas. Para cumplir esos objetivos se dispuso del mayor despliegue y concentración de unidades navales jamás vista.

El tercer elemento de la operación Overlord, junto a la terrestre y la naval, fue la aérea. Que en realidad comenzó meses atrás con operaciones de reconocimiento y bombardeo. Consiguieron la superioridad frente a la Luftwaffe, trastocaron el sistema de comunicaciones alemán, apoyaron los desembarcos y los posteriores avances, facilitaron transporte a las unidades aerotransportadas y realizaron multitud de operaciones de engaño. Sin olvidarnos los constantes ataques a las defensas costeras. El Jefe del Estado Mayor de Rommel, Hans Speidel escribió: «La destrucción de vías férreas hizo imposible el transporte de mercancías y refuerzos por tren hacia mediados de 1944 (…) La falta de carburante paralizó cualquier movimiento. Los puentes sobre el Sena entre Paris y el mar y los del río Lora desde Orleans resultaron destruidos desde el aire antes del 6 de junio de 1944».

Pero los preparativos también tuvieron sus momentos de crisis y tensión.  A primeros de mayo en el ministerio de la Guerra con las ventanas abiertas se produce un golpe de viento que hace “llover” sobre la calle cientos de papeles de documentos secretos de la operación. El despliegue humano lanzándose prácticamente escaleras abajo en persecución de esos papeles fue frenético. Tras unos buenos minutos de pánico se consiguen rescatar once copias del informe secreto, pero faltaba la última. Las dudas sobre dónde han ido a parar los papeles hacen temer por la evolución de la operación. Dos interminables horas después un viandante entrega la copia. No se sabe quién era esa persona y porqué tardó dos horas en devolverlos. Ni tampoco si pudo leer el contenido. Lo único que se sabe es que llevaba gruesas gafas y leía con gran dificultad. Otro extravío sucedió en un tren donde un ferroviario encontró una cartera con los planos de la invasión que rápidamente entregó a las autoridades.

Otro caso curioso fue el de los telegramas. Leonard Sidney Dawe y Melville Jones llevaban veinte años preparando el crucigrama de la edición matutina del diario londinense Daily Telegraph. Desde el 2 de mayo el servicio de contraespionaje aliado vigilaba a Dawe por sus crucigramas. Ese mismo día en el crucigrama matinal la pregunta de la casilla 17 horizontal era el nombre de unos de los Estados de Norteamérica y la respuesta Utah; los días sucesivos sucedería algo parecido, otro día la respuesta fue Omaha, había otra con Overlord, otra con Mulberry e incluso una con Neptuno. El M.I 5 casi lo da por un espía, pero debido a la gran autoridad que era entre los aficionados al crucigrama y su, para nada, sospechosa personalidad, el servicio de inteligencia británico tuvo que aceptar la coincidencia como explicación a todo.

Un error en el correo también pudo dar al traste con la operación. Un empleado de la Central de Correos de Chicago manipulando documentos de la operación para enviar a Londres equivocó un sobre y puso la dirección particular de la hermana de un sargento escribiente del Cuartel General en Londres.

LAS VÍSPERAS DEL DESEMBARCO

En las vísperas del desembarco se sucedieron todo tipo de artimañas de los aliados para confundir a los alemanes. Descubrieron que, lanzando tiras de aluminio muy próximas entre sí, pero sin llegar a tocarse, las pantallas de radar enemigo detectaban el paso de una gran formación aérea. Además, se planean cinco operaciones de distracción. La Gravable, para confundir a los alemanes con un desembarco al norte de El Havre con pequeñas embarcaciones dotadas de globos a baja altura mientras una flotilla área lanzaba las láminas de aluminio durante un periodo de más de tres horas. El eco que registró el radar alemán fue el correspondiente al paso de una gran escuadra naval. La operación Vislumbre realizó la misma maniobra, pero en el sector de Boulogne. Otra operación fue la Escuadrilla ABC que sobrevoló durante cuatro horas las falsas zonas de desembarco. Y las operaciones Titánico y Taladro consistió en lanzar muñecos de madera y las consabidas tiras de aluminio.

El día 1 ya estaba todo preparado, pero la meteorología no acompañaba y ponía en riesgo toda la operación. Así que se fue retrasando en espera del buen tiempo con el consiguiente crecimiento de nerviosismo y tensión en las tropas. Entre el 29 de mayo y el 2 de junio, las tropas habían recibido sus últimas instrucciones y se encontraban ya a bordo de los navíos que los llevarían a las playas de Normandía. Ya sabían dónde desembarcarían.

Los alemanes estaban más confiados consecuencia de la desinformación y en vistas del tiempo. De hecho, Rommel viajó en esos días a Berlín para celebrar el cumpleaños de su mujer que era el día 6. Confiaba en aprovechar el viaje y entrevistarse con Hitler para solicitar ayuda de las tropas SS. Ese 5 de junio el cielo estaba cubierto y llovía. La relajación era total, se daban permisos e incluso los generales se disponen a participar en el Kriegspiel de Rennes.

Al otro lado del canal se recibieron buenas noticias de los meteorólogos pronosticando buen tiempo para el día 6. Si no se podía hacer esa noche habría que esperar quince días más y el efecto sorpresa y toda la batería de engaños a lo peor no se podría mantener. En una reunión de urgencia y de madrugada (del día 5) el alto mando aliado decidió dar luz verde al desembarco. «Ok, let ‘er rip» sentenció Eisenhower.

A las 19:00 del día 5 el general Eisenhower visitó la 101ª División Aerotransportada en Greenham Common. Iba a despedirse de sus paracaidistas y darles ánimos, pero como señalaría el teniente Wallace Strobel «creo que fue su moral la que mejoró estando con nosotros». Ike dirigiéndose a un grupo de soldados les comentó que no tenían de qué preocuparse, que disponían de los mejores equipos y líderes del mundo, y una poderosa fuerza detrás de ellos. Pero sí tenían de qué preocuparse, iban a ser lanzados en una zona atestada de alemanes esperándoles llegar con sus armas cargadas y ellos bajando lentamente del cielo.

«Con las almas fuertes y el corazón lleno de entusiasmo, marcharemos a la victoria» arengó el mariscal Montgomery a las tropas británicas.

El mismo día 5 se realizó el ultimo bombardeo devastador previo al desembarco.

El baile de fechas provocado por el tiempo provocó que el desembarco se realizaría con marea baja. Por una parte era bueno porque las barcazas verían los obstáculos de Rommel y podrían esquivarlos pero los soldados deberían recorrer más metros al salir de aquellas expuestos al fuego enemigo.


Los agentes alemanes en las costas inglesas habían detectado que desde la BBC se transmitirían unos versos de Paul Verlaine de su poema Canción de Otoño, señal que daría comienzo la invasión. Una vez detectada la emisión radiofónica de los versos los alemanes se prepararon para el desenlace. Pero el mal tiempo hizo que los alemanes no confiaran en esa posibilidad.

«Los interminables sollozos
de los violines
del otoño,
hieren mi corazón,
con su monótona
languidez»

A las 00:16 h del 6 de junio el primer planeador con los comandos aterrizaba en suelo francés y a las 5:50 la escuadra naval aliada abría fuego contra las costas normandas con posterior apoyo aéreo. Un simulacro se llevó a cabo también en Calais para confundir más a enemigo. Y a las 6:30 llegó la primera oleada a las playas. Rommel estaba el Berlín y Hitler durmiendo había dado órdenes que no se le molestara y nadie por temor se atrevió a incumplir la orden.

No las debían tener todas consigo cuando el propio Eisenhower preparó un comunicado en caso de fracaso: «Nuestros desembarcos en la región de Cherburgo-El Havre no han logrado conquistar una cabeza puente suficiente y he decidido replegar las tropas (…) El ejército, la aviación y la marina han hecho todo lo que su valentía y su dedicación al deber podían llevar a cabo. Si alguna falta ha sido cometida, sólo yo asumo la responsabilidad».

Fuentes:

1939-1945 Segunda Guerra Mundial, las claves de la mayor contienda de la historia, volumen 23 El Día D; biblioteca el Mundo

La Segunda Guerra Mundial; volumen 11 Preparativos en la mar, el desembarco día a d; volumen 12 Inicio de la acción en Normandía, editorial Edilibro
La Segunda Guerra Mundial, volumen 2, J.F. Aguirre, editorial Argos (1969)
Winston S. Churchill La Segunda Guerra Mundial volumen II
El Día D, la batalla culminante de la Segunda Guerra Mundial, Stephen E. Ambrose

Comentarios

  1. Ayer vi un documental sobre la participación del Rey Jorge VI para confundir a los Alemanes. El Rey se prestó a todos los planes del M.I. 5 y M.I. 6 para confundir totalmente a los Alemanes que quedaron casi convencidos de que el desembarco no sería en Calais sino en la costa Noruega.

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    1. Si, es lo que se conoció como operación Fortaleza Norte. Gracias por leer el blog y por las aportaciones que siempre son interesantes.

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