BOMBAS ATÓMICAS SOBRE HIROSHIMA Y NAGASAKI

 

Bombas atómicas

El 6 y el 9 de agosto de 1945 han pasado a la historia como unos de los días mas lúgubres del siglo XX y eso que los enmarcamos dentro de la tragedia de la Segunda Guerra Mundial. Nos estamos refiriendo a los terribles bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

PREGUNTAS SIN RESPUESTAS

Vamos a repasar los hechos y trataremos de dar respuesta a lo que muchos nos hemos preguntado ¿Era necesario el lanzamiento de las bombas atómicas teniendo en cuenta la situación de Japón y su ejército? ¿Se salvarían muchas más vidas que si continuaba la guerra? ¿Realmente se acortó la guerra y ahorró tantas muertes? ¿No se podría haber hecho una demostración de ese poderío en algún otro lugar sin víctimas? ¿se quería mandar un mensaje contundente a Stalin? Muchas preguntas y la mayoría sin respuesta 77 años después,  ¿de verdad no hay respuestas?.

En realidad a lo mejor no las hay de forma expresa pero si se pueden sacar ciertas conclusiones, vamos a verlo.

Una fecha clave es el 17 de julio de 1945 cuando comienza la Conferencia de Potsdam. Allí se discutía sobre el nuevo orden mundial y se palpaba el recelo entre las grandes potencias. Era ya patente el distanciamiento entre oeste y este. Comenzaba el periodo conocido como la «guerra fría»

En Potsdam se notaban las grandes diferencias de entrada respecto a la de Yalta. El presidente de los EE UU Truman era un novato en política internacional, Roosevelt, fallecido unos meses antes había sido el gran protagonista en estas lides. El nuevo presidente llegaba timorato e indignado con la URSS por el incumplimiento de sus acuerdos sobre Polonia firmados en Yalta. Y otro novato era el primer ministro británico, Atlee, que había ganado las elecciones a Churchill, el gran veterano. De hecho Churchill viajó a Potsdam también, pero allí se conocieron los resultados  oficiales de las elecciones y tuvo que regresar, dejando el mando de la delegación británica al nuevo primer ministro. Y por otro lado tenemos al único superviviente de Yalta, Stalin que se sentía en ventaja respecto a sus interlocutores. La veteranía es un grado, dicen.

Truman, a pesar de lo dicho, llegaba con un as bajo la manga, la bomba atómica.  El mismo día del comienzo de la Conferencia recibe un telegrama: «babies satisfactorily born» (los niños han nacido felizmente) mediante el cual se le notificaba el éxito de la prueba atómica realizada en Alamogordo. El día anterior, el 16 de julio se había llevado a cabo la primera prueba de explosión nuclear en Alamogordo prueba conocida como Trinity.

BOMBARDEOS CONSTANTES SOBRE JAPÓN

Tomemos perspectiva y retrocedamos tan solo unos meses. En marzo de 1945 el general Curtis LeMay tomó el mando de la aviación estadounidense en el Pacífico y decidió cambiar de estrategia con los bombardeos, así los B-29 cargarían bombas incendiarias en vez de explosivas. Los resultados fueron devastadores. El 9 de marzo, 279 bombarderos cargando entre seis y ocho toneladas de bombas incendiarias cada uno de ellos, arrasaron la cuarta parte de Tokio, destruyendo 267.000 edificios y causando unos 185.000 muertos. En los días siguientes, las ciudades de Osaka, Kobe y Nagoya sufrieron bombardeos semejantes. El 19 se acabaron las bombas, afortunadamente para los ciudadanos japoneses y fue necesario detener los ataques hasta recibir más municiones. Pero solo momentáneamente.

bombardeos atómicos
El castigo al que se estaba sometiendo a los japoneses era severo y además, el 1 de abril, los estadounidenses desembarcaban en Okinawa lo que supuso un fuerte golpe para Japón. Tanto que el 5 de abril hubo un cambio de gobierno en Japón y al frente se situó Kantaro Suzuki que a pesar de sus ideología nacionalista y fascista nunca fue partidario de la guerra. Introdujo varios ministros tendentes a un proceso de paz. Suzuki se enfrentó al bloque duro de los militares que se obstinaban en seguir peleando hasta el final.

Una vez terminada la guerra en el frente occidental, el 7 de mayo, el foco de las actividades militares estadounidenses se centraría en el Pacífico. Así comenzó la planificación del ataque nuclear si las pruebas posteriores eran satisfactorias. Se comenzaron a elegir los posibles objetivos. Se descartó, por ejemplo, el palacio imperial en Tokio, por carecer de valor estratégico. Oppenheimer, padre del mortífero invento, propuso las ciudades de Kyoto, Hiroshima y Yokohama, además del arsenal de Kokura. Estas ciudades no habían sido bombardeadas todavía. Kyoto se salvó gracias a las presiones del secretario de Guerra Stimson que admiraba la ciudad y había pasado su luna de miel allí y del profesor Reischauer, especialista en Japón que la consideraba un tesoro cultural. La decisión final fue Hiroshima, Nagasaki, Kokura y Niigata.

Hiroshima parecía ofrecer muchas posibilidades, al ser un importante depósito de armamento, con un gran puerto próximo a la zona urbana. Su tamaño era suficiente para recibir grandes daños y las colinas que la rodeaban concentrarían los efectos de la explosión, aumentando la destrucción. Además tenía cierta importancia como centro logístico militar. Por su características era un conjunto enormemente frágil e inflamable. La población rondaba en 255.000 habitantes durante la guerra.

Por otro lado, Nagasaki era uno de los mayores puertos del sur de Japón, de gran actividad industrial, astillero, fábrica de artillería y material militar. Predominaban, como en Hiroshima, las construcciones de madera, no tenia sistemas defensivos en caso de incendio o explosión. No había sufrido importantes bombardeos. Ninguna de estas dos ciudades recibió la lluvia de folletos que los estadounidense lanzaron los días previos en otras ciudades.

LLUVIA DE FOLLETOS

Esto de los folletos es cuando menos curioso. Se lanzaron miles de octavillas escritas en japonés sobre las ciudades que iban a ser duramente bombardeadas, alertando y creando pánico entre la población. Mas de 8 millones de personas huyeron al campo, con lo que la industria se resintió ya antes de los ataques.

Bombardeos atómicos
En realidad el primer aviso que recibió Japón de los aliados se envió desde Potsdam cuando en un punto de su resolución final instan a su rendición incondicional que de no ser aceptada supondría   la destrucción rápida y total. Sin mencionar para nada la bomba atómica que ya tenían preparada.

La cuestión es que antes de lanzar las bombas atómicas los estadounidenses se dedicaron a lanzar millones de folletos en japonés sobre casi 50 ciudades japonesas, amenazando con potentes bombardeos e instigando a la población civil a rebelarse, a demandar a sus dirigentes una rendición, provocar el final de la guerra y a que abandonaran las ciudades.

Incluso después de lanzada la bomba sobre Hiroshima el bombardeo de folletos continuó, esta vez con una mensaje mas duro y amenazante después de sacar a la luz la bomba atómica. Pero la presión no llegó solo desde el cielo sino que también utilizaron las ondas radiofónicas para transmitir machaconamente esos mensajes.

La estratagema de los folleto sirvió de poco. Eso si, crearon caos y sembraron de terror las ciudades japonesas pero no les salvó de las bombas. La huida de las ciudades era compleja ya que grupos de fanáticos apoyados por fuerzas militares lo impedían.

DISCREPANCIAS

Aunque pueda extrañar en el seno de la cúpula militar del presidente Truman había muchas dudas y divergencias sobre el modo de terminar la guerra en el Pacífico. Y entre los científicos pasaba lo mismo.

Una voz autorizada en temas militares era la del General Eisenhower que se manifestaba en contra del uso de la bomba atómica por dos razones fundamentalmente: primero, porque consideraba que los japoneses estaban en las últimas, agotados y en condiciones de aceptar una rendición y veía innecesario utilizar en esas circunstancias la bomba atómica; y segundo, porque odiaba que los EEUU fueran los primeros en usar esa arma. De la misma opinión era el Secretario de Guerra Henry Stimson, que además, creía que Japón estaba moviendo sus hilos para entablar negociaciones de paz.

El Almirante William Leahy, asesor de Truman escribió en su libro de 1950, "I Was There", y muy significativas fueron sus palabras: «el uso de esta arma bárbara en Hiroshima y Nagasaki no fue de ayuda material alguna en nuestra guerra contra Japón. Los japoneses ya estaban derrotados y listos para rendirse debido al efectivo bloqueo marítimo y al exitoso bombardeo con armas convencionales».

Las evidencias sobre el estado del ejército, armada y fuerza aérea nipona eran mas que visibles. La batalla terrestre se estaba ganando de forma contundente isla a isla, eso si, con una resistencia feroz de los japoneses, pero cada derrota iba menguando la fuerza japonesa, física y mental. Tras la derrota de Okinawa el potencial militar del Imperio del Sol Naciente había quedado reducido a 0. Los aliados se encuentran a 470 kms de las principales islas niponas y un poco más de 2.000 kms de Tokio. La Armada prácticamente había desaparecido y qué decir de la aviación que solo contaba con la baza de los kamikazes, aviación que no podía hacer frente a las oleadas de bombarderos que asolaban su país. 

Si Truman disponía de informes de la cantidad de bajas que podía sufrir el ejército estadounidenses al invadir Japón también disponía de otros que vaticinaban que sin las bombas atómicas los japoneses se hubieran rendido antes de finalizar 1945.

Pero es que las discrepancias entre la comunidad científica en Los Álamos eran muy

Bombardeos atómicos
grandes también, donde Oppenheimer y muchos consejeros militares mantenían puntos de vista diferentes. Ernest Lawrence opinaba que bastaría una demostración de la nueva bomba para que el gobierno japonés pidiera la rendición, pero Oppenheimer pensaba que, si se anunciaba una demostración de la bomba, los japoneses podrían trasladar allí a prisioneros de guerra u otras personas como elementos disuasorios, un escudo humano. Otros muchos científicos, encabezados por Szilard y Teller, consideraban inmoral usar la bomba contra civiles. Llegó a circular en los Álamos y Oak Ridge una petición al gobierno para que no lanzar la bomba, porque además de moral era innecesario. Cuando Oppenheimer conoció el documento, se opuso y pidió a Szilard y Teller que no dificultaran el progreso de los trabajos.

Por otro lado, otro grupo de científicos nucleares, encabezados por James Frank, presentó en la segunda mitad de junio un informe al secretario Stimson considerando las ventajas militares de la bomba, que salvaría miles de vidas estadounidenses, gracias a la ola de terror que sacudiría Japón. No obstante, también advertían, al ser los primeros en usar esta bomba, EE UU se desprestigiaría ante el mundo, precipitaría una carrera de armamentos e impediría el futuro control internacional de tales armas. El documento concluía: «Nosotros creemos que estas consideraciones hacen desaconsejables el uso de bombas nucleares en un ataque contra Japón».

PROYECTO MANHATTAN

Pero es que a pesar de sus largos y concienzudos estudios, los científicos del proyecto Manhattan no estaban seguros de que la bomba funcionara en la práctica y se decidió ensayar una de ellas, la prueba Trinity. el proyecto Manhattan fue el proyecto en el que se trabajó en la Segunda Guerra Mundial para estudiar todo lo relativo a armas nucleares que al final acabó con la creación de las bombas atómicas lanzadas sobre suelo japonés. En él participarían también Reino Unido y Canadá. Personalidades del mundo de la ciencia como Robert Oppenheimer, Niels Böhr y Enrico Fermi, participaron en el proyecto que tenía el objetivo de desarrollar la primera bomba atómica antes que lo hicieran sus enemigos los alemanes.

Así el 16 de julio de 1945, la prueba fue llevada con éxito en el desierto de Alamogordo, Nuevo México, como ya comentamos al principio.

La decisión final correspondía a Truman. Los británicos ya habían dado el visto bueno. Además de las dos bombas listas para el lanzamiento, se esperaba contar con otra durante la tercera semana de agosto, tres mas para septiembre y otras tres para octubre.

ULTIMÁTUM SOBRE JAPÓN

El 2 de agosto finalizó la Conferencia de Potsdam, pero el 26 de julio se emitió la declaración  oficial, que suponía ese ultimátum para Japón, al que se amenazaba con una invasión, la completa destrucción de sus fuerzas armadas y la devastación de su territorio, aunque sin mencionar la bomba atómica.

Dos días después, el gobierno nipón respondió oficialmente y el primer ministro, el almirante Suzuki, aseguró en una conferencia de prensa que esta nueva declaración se limitaba a repetir las amenazas formuladas ya en El Cairo y que su gobierno no la tomaba en consideración. El emperador Hiro Hito esperaba recibir la propuesta de paz soviética, no intentaba influir en la decisión de sus ministros.

Esto fue interpretado por la administración Truman como una negativa y se decidió lanzar las bombas atómicas que ya estaban fabricadas para acabar rápidamente la guerra, obligando a la inmediata rendición japonesa y, de paso, frenar los avances de la política soviética.

De formas resumida estos fueron los puntos del ultimátum:

  •  Fin del militarismo “irresponsable” nipón. Y desarme total y rendición incondicional
  •  Ocupación de ciertas partes del país hasta que se restablezca un nuevo orden.
  •  La soberanía de Japón se limitaría a las cuatro grades islas, Honshu, Hokkaido, Kyushu y Shikoku y algunas menores limítrofes a estas.
  •  Juicio para los criminales de guerra
  •  Implantación de la democracia y respeto a la libertad de expresión, religión y pensamiento y los derechos fundamentales del hombre.
  •  Conservará las industrias necesarias para su economía y pago de las indemnizaciones de guerra, pero no las de guerra. Tendrá acceso a la materias primas pero no a su control.

En esta situación, los japoneses son conscientes de que poco pueden hacer para revertir el devenir de la guerra y comienzan a buscar salidas para el final de la guerra. De entre todas las posibilidades que manejan se decantan por solicitar la mediación de la URSS con la que no estaban en guerra, todavía, pero los resultados no llegan y las negociaciones se alargan, de forma intencionada por parte soviética. 

El Emperador reúne al Consejo de Ministros y encarga a su ministro de Asuntos Exteriores, Togo, que acepte la propuesta, a pesar de los contactos con la URSS. Al parecer, un posible error en la traducción del mensaje japonés hace pensar a los estadounidenses que Tokio rechaza aceptar la rendición.

Henry L. Stimson, secretario estadounidense de Guerra, consideró que al rechazar Tokio la paz, el único argumento contundente era el empleo de la bomba atómica ¿Fue en realidad un error de traducción?

LITTLE BOY Y FAT BOY

En la base aeronaval de Tinian estaba instalado el Grupo 509 de la 20 Aire Force Task, a donde ha llegado a bordo del crucero Indianápolis un envío muy importante embarcado el 16 de julio en San Francisco. A los pocos días en avión llega el mecanismo principal. Se han elegido tres bombarderos B-29, pero será el Enola Gay el que porte el siniestro ingenio, le bautizaron como «Little Boy». Va tripulado por el teniente coronel Paul W. Tibbets, como copiloto el comandante Lewis, como bombardero el comandante  Thomas F. Ferebee y el oficial de radar era Joe Stiborik. En otro avión, el Straight Flush, al mando del comandante Claude Robert Eatherly, viaja el alto mando de la operación.

Bombardeos atómicos


A las 8:15 de la mañana del 6 de agosto, tras 45 minutos de reconocimiento del objetivo, Eatherly dio la orden del lanzamiento cuando volaban a una altura de 10.000 metros. La bomba explotó en el aire a unos 600 metros del suelo. La explosión generó una ola de calor de más de 4.000º C en un radio aproximado de 4,5 kms.

«De repente me enfrenté a una gigantesca bola de fuego...luego vino un ruido ensordecedor. Era el sonido del universo explotando», son palabras que recogió la BBC de Shinji Mikamo, superviviente de Hiroshima.

Los últimos datos hablan de que se pudo llegar a las 100.000 personas muertas, más de 9.000 gravemente heridas y unas 28.000 con heridas leves. Pero lo peor vendría después con las consecuencias de la radiaciones.

Dos días después Japón recibe la declaración de guerra de la URSS y el día 9 el bombardero

Bombardeos atómicos
Bockscar tripulado por el comandante Charles W. Sweeney, por el coronel de la RAF Leonard Cheshire y por el teniente coronel Beaham descarga la segunda bomba atómica a las 11:02 sobre Nagasaki, llamada «Fat Man» aún de mayor potencia que la primera.

Nagasaki no era el objetivo sino la ciudad de Kokura pero el día del ataque esta estaba cubierta de humo y bruma. La tripulación podía elegir en esas circunstancia y optaron por dirigirse a Nagasaki. La explosión fue mas fuerte que la de Hiroshima, pero el terreno montañoso de Nagasaki, situada entre dos valles,  limitó el área de destrucción. La cifra de muertos de aquel día se acercó a los 50.000.

No se sabe con exactitud la cantidad de personas que fallecieron en ambos ataques, en el día de las explosiones o en meses posteriores a consecuencias de las heridas y los efectos de la radiación. Cálculos más conservadores estiman que cuatro meses después, diciembre de 1945, 110.000 persona habían muerto en ambas ciudades, otros lo llevan a 210.000.

Pocas horas antes del lanzamiento de esta segunda bomba tres grupos del ejército soviético atacaron las posiciones japonesas en Manchuria con lanzamiento de paracaidistas. 

El día 15 dimitió el gobierno japonés y el emperador designó primer ministro al príncipe imperial Naruhiko Higashi Kuni, tío de la emperatriz, siendo la primera vez que un miembro de la familia imperial ocupaba tal cargo.

HISTÓRICO DISCURSO DE HIRO HITO

Ese mismo día se produce un hecho insólito en Japón, el emperador Hiro Hito pronuncia por Radio Tokio un discurso, seria la primer vez que lo hacia y que sus súbditos escuchaban su voz:

«...el enemigo ha comenzado a emplear una nueva y cruelísima arma, cuyo poder dañino es incalculable, y causa víctimas entre muchas vidas inocentes. Si continuásemos luchando, el resultado sería, no solo el derrumbamiento y aniquilamiento del pueblo japonés, sino que llevaría también a al extinción total de la civilización humana».

Con este discurso el emperador japonés comunicaba a su pueblo que aceptarían las condiciones de paz. A partir de ahí se fueron produciendo en cadena los suicidios entre altos mandos del ejercito como el del segundo jefe del Estado Mayor de la Armada, el almirante Onishi, que se hizo el “hara kiri” y lo mismo hizo el ex ministro de Guerra, Anami.

Al mismo tiempo se van rindiendo las ultimas guarniciones japonesas a las que Tokio pide que lo hagan de forma escalonada, por etapas.

Bombardeos atómicos
Sigue en vigor la eterna pregunta sobre la necesidad de aquel ataque. Qué razones obligaron al presidente Truman a autorizar aquellos bombardeos atómicos, cuando Washington conocía ya los intentos y la negociaciones japonesas de paz y la situación del Ejército y Armada nipona cercana a la nulidad e inoperancia. Se ha llegado a decir que se hizo para adelantarse a la mas que posible declaración de guerra soviética contra Japón, lo que lleva a Norman Cousin a la conclusión de que la «guerra fría» comenzó antes de acabar la «guerra caliente» y que la victimas de Hiroshima y Nagasaki no son las últimas de la Segunda Guerra Mundial sino las primeras de l que hemos conocido como «guerra fría».

Truman y la cúpula militar pensaban que si en Okinawa e Iwo Jima habían tenido unas 76,000 bajas ante la feroz resistencia de las tropas japonesas era muy posible que esa cifra pudiera llegar al millón, o sobrepasarla, en el caso de poner en marcha la Operación Downfall, con lo que las bombas eran la única solución. Sin hablar de las bajas japonesas entre militares y población civil que podrían alcanzar los diez millones.

OPERACIÓN DOWNFALL 

Antes de la decisión de lanzar las bombas atómicas, los EE UU tenía in mente la invasión de Japón, la denominada Operación Downfall.

Como hemos comentado en este artículo los bombardeos a las ciudades japonesas eran constantes, preparando una posible invasión y minando la moral de la ciudadanía.

La Operación Downfall se dividiría en dos fases para invadir las principales islas japonesas, una conocida como Operación Olympic tenía como objetivo tomar la isla de Kyushu y otra para invadir la isla de Honshu, la isla principal con ciudades como Tokio, Kioto, Osaka, Nagoya, Kobe o la misma Hiroshima, lo que sería la Operación Coronet.

Las previsiones de semejante empresa superaban a lo vivido en las playas de Normandía en junio de 1944. Okinawa e Iwo Jima les dejó bien claro a los estadounidenses que aquello iba a ser muy distinto a los vivido en las playas francesas. Y eso también pesó en la decisión de autorizar el lanzamiento de las bombas atómicas

AVANCE SOVIÉTICO

Otro motivo que se considera sobre el uso de las bombas fue el temor al avance soviético en el extremo oriente y de paso enviar un mensaje contundente a Stalin

Los soviéticos querían sacar partido de la descomposición japonesa. Ya eran  militarmente los amos de Europa oriental y central, pero las tropas estadounidenses les estaban ganado la partida en el Pacífico. Stalin se mostraba ambicioso en el reparto de Europa y quería controla también parte de Asia. Usar unas bombas que solo estaban en manos de los norteamericanos dejaría claro su poder ante la Unión Soviética.

Para terminar recordemos las propias palabras de W. Churchill en sus memorias porque no dejan de ser contradictorias. Por un lado, alarmado por la resistencia nipona en Okinawa dice que para conquistar el país y acabar con la guerra necesitarían al menos un millón de bajas estadounidenses y medio millón de británicos, argumento en favor del lanzamiento de las bombas. Pero reconoce que el devastador ataque por mar y aire que estaba sufriendo Japón, con su Armada prácticamente aniquilada, estaba sumiendo en el caos  y al borde del colapso al país. Y reconoce que la diplomacia japonesa estaba convencida que la única salida que le quedaba a Japón era la rendición inmediata. De hecho se había iniciado ese proceso, con poco éxito por cierto, al utilizar la vía soviética. Se justifica con la idea de que intentaron salvar la vida de muchos japoneses, con un bombardeo de panfletos avisando de la desgracia, cuando ya estaban siendo machacadas de forma constante en aquellos días.

Y para finalizar estas palabras: «seria un error suponer que el destino de Japón se resolvió mediante la bomba atómica. Su derrota era indudable antes de que cayera la primera bomba y se debió a nuestro abrumador poderío marítimo que, por si solo, hizo posible que nos apoderáramos de bases oceánicas desde las que lanzar el ataque definitivo y obligar a su Ejército metropolitano a capitular sin asestar un golpe. Sus embarcaciones habían sido destruidas...»

Lo hemos venido exponiendo, todo lo que tiene que ver con la necesidad del uso de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki está envuelto en un mar de dudas que todavía no se ha conseguido despejar. Cada cual puede sacar sus conclusiones. 

Bombardeos atómicos


Fuentes:

1939-1945 Segunda Guerra Mundial, las claves de la mayor contienda de la historia, volumen 30 La bomba atómica; biblioteca el Mundo

Gran crónica de la Segunda Guerra Mundial; volumen 15 De Europa a Filipinas. La bomba atómica. Editorial Edilibro

La Segunda Guerra Mundial, volumen 2, J.F. Aguirre, editorial Argos (1969)

Winston S. Churchill La Segunda Guerra Mundial volumen II (recopilación de memorias)

Webgrafía

https://www.davidlopezcabia.es/blog/338-de-pearl-harbor-a-las-bombas-atomicas

https://www.davidlopezcabia.es/blog/269-operacion-downfall-el-plan-para-el-asalto-final-a-japon

https://www.davidlopezcabia.es/blog/109-el-hombre-que-sobrevivio

http://www.elcajondegrisom.com/2019/05/fue-necesario-lanzar-las-bombas.html

http://www.elcajondegrisom.com/2020/06/los-panfletos-de-hiroshima-el-aviso-del.html

http://www.elcajondegrisom.com/2014/12/desclasifican-imagenes-de-la-puesta.html

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/bombardeos-hiroshima-y-nagasaki_10590

https://www.bbc.com/mundo/resources/idt-67d6f259-8dcb-480e-94c3-b208e8f279a2

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