LA BATALLA DE ZAMA


Batalla de Zama, Angus Mc Bride Arre caballo!

El 19 de octubre del año 202 a.C. Publio Cornelio Escipión, consigue vencer al legendario general cartaginés Aníbal y enterrar todos los fantasmas que habían campado a sus anchas por la península itálica tantos años. Y lo hizo en las llanuras de Zama en el norte de África donde se ganó el sobrenombre de «El Africano». Con ella se escribió el epílogo de la Segunda Guerra Púnica pero no de la trilogía.


Hacía dos años que las legiones comandadas por Escipión habían desembarcado en las inmediaciones de Útica, ganándose para la causa a Masinisa y su ejército, mientras que Cartago renovaba lazos con el otro rey númida, Sífax. Las batallas se suceden con victoria romana una detrás de otra. En la batalla de las Grandes Llanuras Escipión consigue la victoria, siendo la primera vez que su caballería derrota a la cartaginesa y puso en huida a Sífax. Luego caería Túnez. Y más tarde el propio Sífax caería prisionero. Nubarrones muy negros se cernía sobre Cartago.

Tal era la magnitud del peligro que Cartago solicitó a Aníbal su regreso para enfrentarse a Escipión y defender su propia ciudad seriamente amenazada. El panorama había cambiado y mucho desde el famoso cruce de los Alpes.

SITUACIÓN PREVIA A LA BATALLA Y DISPOSICIÓN INICIAL

Tras vencer a los cartagineses en Hispania y despejar de enemigos el horizonte peninsular Escipión volvió a Roma donde fue elegido cónsul. Su poder era incontestable y no tuvo problemas en proponer y que fuera aceptado atacar a los púnicos en su misma tierra, devolverles la moneda y acabar de una vez por todas con su amenaza. A pesar de que el ejército púnico seguía estacionado con un importante contingente de tropas en suelo itálico.

En el otro lado, Aníbal atendiendo la llamada de urgencia de su propio Senado acudió a la defensa de su tierra natal para intentar poner freno a la sangría que estaba sufriendo el ejército púnico derrota tras derrota y desembarcó en el otoño del 202 a.C.en Leptis Magna y acampando en Hadrumetum. Aunque el Senado cartaginés habría comenzado a negociar la paz con Roma, en la primavera de ese mismo año los cartagineses asaltaron unas embarcaciones de abastecimiento romanos, primero, y otra nave con mensajeros, después, con lo que se dinamitó esa débil negociación. Aníbal consiguió reestructurar el ejército y recomponerlo no solo físicamente sino desde el punto de vista anímico también. La sola presencia del general elevaba la moral de la tropa. Además, sumó una vez más la presencia de los famosos elefantes que tantos estragos habían causado en el pasado a las legiones romanas.

Pero antes de la batalla Aníbal, temiéndose lo peor, solicitó una entrevista con Escipión al que le ofreció las conquistas de Cartago fuera del territorio africano para mantener a salvo su propia flota y las tierras en el norte de África. Y Escipión la rechazó, según nos cuenta Polibio (15,6-8): «Yo hubiera querido que ni los romanos hubieran codiciado nunca algo fuera de Italia, ni los cartagineses fuera de África…» parece que dijo Aníbal y que fue replicado por Escipión: «Resulta claro y notorio que no fueron los romanos sino los cartagineses los culpables de la guerra en Sicilia y de la de Hispania».

Aníbal contaba con 37.000 infantes, africanos, ligures, galos, itálicos, macedonios enviados por Filipo V, algunos hispanos y jinetes númidas, (las cifras, como siempre, varían según las fuentes, por ejemplo, Apiano asciende la cifra a 50.000), dispuestos en tres líneas, más 3.000 jinetes en los flancos y unos 80 elefantes.

Por otro lado, Escipión formó con 20.000 legionarios apoyados por 14.000 auxiliares y una caballería compuesta por 4.000 jinetes númidas de Masinisa y cerca de 3.000 romanos.
En lo referente a la disposición ya hemos dicho que los cartagineses formaron tres líneas colocando a los elefantes en primea línea como era de esperar. A continuación, la primera línea con 12.000 mercenarios (ligures, galos, mauritanos y baleares); la segunda con africanos y cartagineses más una legión de 4.000 macedonios; y por último los veteranos de Aníbal unos 15.000 directamente bajo su mando.


Escipión colocó en el centro a las legiones y las alae en el usual triplex acies con una ligera variación. En lugar de emplazar a los manípulos de príncipes para cubrir los espacios que quedaban entre los manípulos de hastati, habían formado inmediatamente detrás de ellos, posicionándose los triarii, a su vez, detrás de aquellos. Esta disposición dejaba unos amplios pasillos para los elefantes. Grupos de velites se hallaban posicionados en estos espacios. 

El despliegue de romanos y cartagineses era muy parecido y ambos se tenían muy estudiados. Esta vez Escipión era superior en caballería y Aníbal sabía que la maniobra envolvente de Cannas esta vez no iba a poder ponerla en marcha. Lo basaba todo en la infantería que debería aprovecharse del estrago causado por la carga inicial de los elefantes. No era ingenioso, pero si practico. Era consciente que su ejército ya no era el de sus primeros años en Italia.


LA BATALLA

Aníbal, como decíamos, confiaba en el poder de sus elefantes para conseguir la victoria. Pero Escipión había aprendido del pasado y pergeñó una maniobra para neutralizar ese pesado y demoledor ataque. Por un lado, sus hombres portaban sus corazas y cascos de forma reluciente para que el sol se reflejara en ellos y deslumbrara a los animales. A esto sumó el sonido estruendoso de cuernos y trompetas que espantarían a los elefantes, que se volverían locos y en muchos casos volverían grupas hacia el propio ejército cartaginés. De hecho, al parecer este estruendo provocó que los elefantes atacaran de forma prematura y es muy probable que no estuvieron entrenados. Pero además abrió pasillos para dejar pasar a los paquidermos que no habían huido sin que cundiera el pánico como otras veces y a su paso proceder a un lanzamiento masivo de flechas por parte de sus experimentados arqueros que acabarían con la amenaza animal. Aquellos que no cayeron muertos huyeron despavoridos por el desierto norteafricano.

La caballería romana de Lelio guardaba el flanco izquierdo y la de Masinisa el derecho. Una vez que los elefantes pasaron entre las legiones sin causar apenas daños, Escipión cerró filas y mostró un frente compacto a las huestes cartaginesas.

El momento de la estampida de los elefantes lo aprovechó Masinisa para atacar pillando a la caballería púnica desprevenida y arrollándola prácticamente desde el minuto uno. Comenzando de esta forma una cruel persecución a la que se había sumado la caballería de Lelio que al ver el ataque del númida había iniciado también la carga.

En los primeros compases de la batalla Aníbal había perdido las dos alas de la caballería y el efecto elefantes se había diluido con éstos en plena estampida así que solo pudo confiar en sus veteranos antes de que la caballería númida y romana volviese y se reincorporarán al combate. No solo no consiguió la ruptura de las líneas romanas si no que su vanguardia retrocede y comienza la huida teniendo que ser detenida de forma violenta por los veteranos de Aníbal que perfectamente alineados con sus lanzas en ristre evitaron la fuga y reagruparon a los infantes para continuar la lucha. El ejercito romano que avanzaba alocadamente sobre la huida de las primeras unidades púnicas se reorganizó disciplinadamente de nuevo en formación de combate. El terreno entre ambos ejércitos estaba plagado de cadáveres, heridos y charcos de sangre lo que hacía muy difícil el avance para cualquiera de los dos bandos.

El encuentro entre ambas formaciones fue mayúsculo y formidable. La situación estaba muy igualada en número y experiencia de los contrincantes, pero la llegada de la caballería de Lelio y Masinisa envolviendo al ejercito cartaginés decantó el desenlace. Derrotando a Aníbal con su misma estratagema. La ironía de la guerra, las legiones de Cannas habían conseguido la mayor victoria de Roma. Aníbal huyó a Hadrumetum y más tarde llegaría a Cartago. Por fin el discípulo había conseguido derrotar al maestro. Escipión estuvo tentado de atacar la mismísima Cartago, pero desistió ante las circunstancias y una ciudad tan bien fortificada. ¿Algo parecido a Aníbal con Roma años atrás?


Las bajas cartaginesas se elevaron a alrededor de 20.000 muertos, según Polibio, y un número parecido de prisioneros (volvemos a las guerras de las cifras). Las perdidas romanas fueron inferiores, unos mil quinientos hombres, pero seguramente el numero sea superior a lo trasladado por Polibio.

CAPITULACIÓN

Comienzan una vez más las negociaciones y capitulación cartaginesa. Con unas condiciones todavía más duras. Entrega de territorios norteafricanos a Masinisa, liberación de prisioneros sin rescate, renuncia a utilizar elefantes en combate en el futuro, entrega de la flota, pérdida de todas las posesiones de ultramar, la correspondiente indemnización económica y la integración de Cartago en la confederación romana lo que implicaba su autogobierno interno según sus propias leyes, pero bajo subordinación a Roma en todo lo relacionado con asuntos exteriores.

Pero Cartago recibe estas noticias con ánimo beligerante de nuevo y renace, si es que en algún momento había muerto, un sentimiento de resistencia e insubordinación. Incluso proponiendo en algunos círculos la ruptura de las negociaciones. Pero es el mismo Aníbal quien aboga por aceptar estas condiciones.

Nada más acabar la firma de los tratados de paz, los cartagineses ven como parten de su puerto las naves de guerra confiscadas por los romanos quienes las incendian y hunden ante la mirada atónita del pueblo cartaginés. Era la escenografía de su derrota y la constatación de que pasaban a ser vasallos de Roma.


«Pues que los romanos extendieran sus brazos hacia Iberia o hacia Sicilia y que emprendieran expediciones con sus ejércitos de tierra y flotas no tiene nada de peculiar, sin embargo, cuando uno tiene en cuenta que el mismo estado y el mismo gobierno realizan simultáneamente múltiples campañas y que aquellos que las dirigían luchaban al mismo tiempo en su propio país para salvar su existencia que tanto peligraba, entonces sí que se realza la importancia de los hechos, los cuales merecen encontrar atención y admiración que realmente les pertenece» Polibio (8,4)

CONSECUENCIAS

Esta derrota marcaba el final de la segunda guerra púnica. Las condiciones impuestas a Cartago fueron humillantes como ya se ha comentado. Aníbal, que había ganado numerosas batallas en Italia operando durante 16 años en territorio enemigo, había sido derrotado en África, su tierra natal. Tras esto ejerció como funcionario del tesoro en Cartago, pero los sufetes le acusaron de robar fondos del Estado. Acabó huyendo al sentirse amenazado por los rumores de que le querían entregar a Roma con la excusa de que estaba reorganizando un nuevo ejército para continuar la guerra.

Cartago perdió su condición de potencia totalmente condicionada a Roma y esto ayudaría a una tercera guerra donde, esta vez sí, sería totalmente arrasada. Carthago delenda est! Pero esa es otra historia.

Fuentes
Revista la Aventura de la Historia num 11 (sept 1999)
La caída de Cartago. Las guerras púnicas 265-146 aC, Adrian Goldsworthy (Ariel)
Las guerras púnicas, Pedro Barceló (Síntesis)
Mapa de wikipedia

Comentarios

  1. Intersante historia. Gracias por compartirla y resumirla para su fácil entendimiento. Saludos.

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