MADRID A TRAVÉS DE SUS ESCRITORES: DIEZ MIRADAS PARA DESCUBRIR LA HISTORIA DE LA CAPITAL

Madrid en la literatura

 ¿Es posible conocer una ciudad sin haberla visitado nunca? Probablemente sí… siempre que tengas entre las manos los libros adecuados.

MADRID, UNA CIUDAD QUE NUNCA DEJA DE ESCRIBIRSE

Madrid cambia constantemente, pero conserva una extraordinaria capacidad para inspirar a quienes la observan con atención.

Hay ciudades que se dejan descubrir a través de sus monumentos, de sus museos o de sus plazas. Madrid también. Pero existe otra forma, quizá más íntima y emocionante, de recorrer la capital de España: caminar por sus calles de la mano de quienes las convirtieron en literatura. Quizá esa sea la mejor forma de conocer Madrid: caminar por esas calles con un libro en la mano y descubrir que, antes que nosotros, otros ya supieron convertirlas en literatura.

Porque Madrid no solo ha sido escenario de novelas, poemas o artículos periodísticos. Ha sido un personaje con vida propia. Una ciudad que ríe, llora, cambia, se transforma y envejece al ritmo de sus habitantes. Y pocos lugares pueden presumir de haber sido retratados por tantos escritores extraordinarios.

Hoy te propongo un viaje muy especial, diez escritores de leyenda nos acompañan por las calles de Madrid. No necesitaremos mapas ni planos. Solo libros.

Cada escritor vio un Madrid diferente. El castizo, el aristocrático, el miserable, el bohemio, el revolucionario, el de la guerra, el de la posguerra o el de la democracia. Ninguno estaba equivocado. Todos describieron la ciudad que conocieron.

¿Te vienes?

RAMÓN DE MESONERO ROMANOS: EL GRAN CRONISTA DEL MADRID CASTIZO

Si hubiera que elegir un escritor para viajar al Madrid del siglo XIX, probablemente el primero sería Ramón de Mesonero Romanos (1803-1882).

No fue un novelista al uso. Fue, sobre todo, un observador. Mientras otros escritores buscaban héroes o grandes aventuras, él prefirió fijarse en lo cotidiano: los vendedores ambulantes, los serenos, los cafés, las fondas, los paseantes de la Puerta del Sol o las conversaciones que se escuchaban en cualquier esquina.

«El aire de la corte es semejante al tufo en una pieza cerrada, que sólo le perciben los que vienen de fuera»

Sus Escenas Matritenses son una auténtica máquina del tiempo. Gracias a ellas podemos imaginar una ciudad que todavía conservaba buena parte de su aspecto tradicional antes de las grandes reformas urbanísticas.

Mesonero escribió con cariño, con humor y con una enorme curiosidad. No pretendía hacer historia, pero terminó convirtiéndose en uno de los mejores cronistas del Madrid de su tiempo.

Libro recomendado:  Escenas Matritenses (1832-1842). La obra imprescindible para conocer el Madrid costumbrista del siglo XIX.

MARIANO JOSÉ DE LARRA: EL MADRID QUE HABÍA QUE CAMBIAR

Contemporáneo de Mesonero, Mariano José de Larra observó la misma ciudad, aunque con unos ojos muy distintos.

Mientras Mesonero describía las costumbres madrileñas con cierta nostalgia, Larra utilizó Madrid como espejo de los problemas de España. Sus artículos periodísticos, cargados de ironía y crítica, siguen siendo sorprendentemente actuales.

«Escribir en Madrid es llorar»

En textos como Vuelva usted mañana o El castellano viejo encontramos funcionarios ineficaces, burocracia interminable, hipocresía social y una sociedad que parecía resistirse a cualquier cambio.

Libro recomendado: Artículos de costumbres (Vuelva usted mañana, El castellano viejo, El café, etc.). No es una novela, pero probablemente nadie describió mejor el Madrid romántico. Larra no solo escribió sobre Madrid; escribió desde Madrid para intentar transformarlo.

BENITO PÉREZ GALDÓS: CUANDO LA CIUDAD SE CONVIERTE EN PROTAGONISTA

Aunque nació en Las Palmas de Gran Canaria, pocos escritores han entendido Madrid tan profundamente como Benito Pérez Galdós.

En realidad, podría decirse que Madrid fue el gran protagonista de buena parte de su obra.

En novelas como Fortunata y Jacinta, Misericordia o La desheredada, la ciudad aparece viva. No es un simple decorado donde ocurren los acontecimientos, sino un organismo en constante movimiento.

Galdós paseó durante décadas por sus calles, escuchó conversaciones, observó a comerciantes, políticos, aristócratas, criadas, mendigos y burgueses. Todo aquello terminó reflejándose en sus novelas.

«Madrid es la única ciudad de España que tiene novela»

Gracias a él conocemos cómo eran barrios como Lavapiés, la Plaza Mayor o la calle de Toledo hace más de ciento treinta años.

Pocos escritores han conseguido convertir una ciudad en un personaje tan complejo y fascinante.

Libro recomendado: Fortunata y Jacinta. Para muchos, la gran novela de Madrid. La ciudad es un personaje más.

LEOPOLDO ALAS «CLARÍN»: EL MADRID DE LOS INTELECTUALES

Aunque la mayoría de los lectores asocian a Leopoldo Alas «Clarín» con La Regenta y la ciudad ficticia de Vetusta —inspirada en Oviedo—, lo cierto es que Madrid ocupó un lugar muy importante en su vida y en su obra.

Llegó a la capital para estudiar Derecho y muy pronto se sumergió en su intensa vida cultural. Frecuentó tertulias, colaboró en periódicos y revistas y observó de cerca el ambiente político e intelectual de la Restauración.

Más que describir sus calles o monumentos, Clarín retrató el Madrid de las ideas: el de los cafés donde se debatía de literatura y política, el de las redacciones de los periódicos, las universidades y los círculos culturales que marcaban el pulso de la España de finales del siglo XIX.

Sus artículos periodísticos y sus críticas literarias ofrecen una visión privilegiada de aquella capital inquieta, donde convivían el deseo de modernización y las inercias de una sociedad todavía muy tradicional.

«Madrid piensa en voz alta»

Si Mesonero Romanos nos enseñó el Madrid de las costumbres y Galdós el de sus barrios, Clarín nos abrió las puertas del Madrid intelectual, ese en el que se discutían las grandes ideas que acabarían definiendo una época.

Libro recomendado: Pipá (o una selección de sus artículos periodísticos). Sus crónicas madrileñas permiten conocer el ambiente intelectual y periodístico de la Restauración. Aunque La Regenta sea su obra maestra, no está ambientada en Madrid.

PÍO BAROJA: EL OTRO MADRID

Si Galdós mostraba la ciudad en toda su diversidad, Pío Baroja decidió fijarse en quienes apenas aparecían en los libros.

En La busca, primera novela de la trilogía La lucha por la vida, recorremos los barrios más humildes del Madrid de finales del siglo XIX.

No encontramos grandes palacios ni elegantes salones, sino talleres, pensiones miserables, calles embarradas y personas que luchan cada día por sobrevivir.

«Madrid era un pueblo grande, sin carácter fijo, hecho de aluvión»

Es un Madrid duro, áspero y profundamente humano.

Baroja nos recuerda que la historia de una ciudad también la construyen quienes apenas dejaron huella en los documentos oficiales.

Libro recomendado: La busca. El Madrid de los barrios obreros, la pobreza y los suburbios.

AZORÍN: APRENDER A MIRAR DESPACIO

Pocos escritores han observado Madrid con tanta calma como Azorín.

Su literatura parece detener el tiempo. Mientras otros narran grandes acontecimientos, él prefiere describir el silencio de una plaza al amanecer, la luz sobre una fachada o el ambiente tranquilo de un café.

«Madrid tiene una poesía íntima que sólo descubren los que pasean despacio»

Leer a Azorín es descubrir que una ciudad también puede conocerse prestando atención a los pequeños detalles.

Su Madrid no es espectacular. Es cotidiano. Precisamente por eso resulta tan cercano.

Libro recomendado: Madrid. Un libro menos conocido, formado por artículos y estampas dedicados a la capital, perfecto para descubrir su mirada pausada.

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA: EL MADRID DE LA BOHEMIA Y LAS VANGUARDIAS

Si Mesonero Romanos fue el gran cronista del Madrid castizo, Ramón Gómez de la Serna lo fue del Madrid más moderno, inquieto y creativo.

Nacido en la capital en 1888, convirtió la ciudad en su laboratorio literario. Para él, Madrid no era solo un lugar donde vivir, sino una fuente inagotable de inspiración. Sus paseos por el Rastro, las calles del centro o los cafés le permitían descubrir historias allí donde otros solo veían la rutina.

Su obra El Rastro es una auténtica declaración de amor a uno de los espacios más singulares de Madrid. En sus páginas, el popular mercado dominical deja de ser un simple lugar de compraventa para convertirse en un universo lleno de personajes extravagantes, objetos con historia y escenas cargadas de humor y poesía.

«El Rastro es el río de las cosas que ya no sirven»

Pero si hay un lugar inseparable de su figura es el histórico Café Pombo. Allí presidió durante más de veinte años una de las tertulias literarias más célebres de España, por la que pasaron escritores, pintores, periodistas y artistas de todas las disciplinas. Aquellas reuniones simbolizaron el despertar de las vanguardias en la capital y convirtieron a Madrid en uno de los grandes focos culturales de la Europa de comienzos del siglo XX.

Inventor de las famosas greguerías, esas ingeniosas frases que mezclan humor y metáfora, Gómez de la Serna enseñó a mirar Madrid con ojos nuevos. Un escaparate, una farola, un tranvía o un banco del Retiro podían convertirse en literatura.

Gracias a él descubrimos que una ciudad no solo se cuenta a través de sus grandes acontecimientos, sino también de esos pequeños detalles cotidianos que, observados con imaginación, terminan revelando toda su personalidad.

Libro recomendado: El Rastro. Una auténtica joya para descubrir uno de los lugares más emblemáticos de Madrid.

VALLE-INCLÁN Y EL ESPERPENTO MADRILEÑO

Cuando pensamos en el Madrid literario es imposible no recordar Luces de Bohemia.

Ramón María del Valle-Inclán creó una ciudad completamente distinta a todas las anteriores.

Su Madrid es nocturno, exagerado, caótico y profundamente crítico. Es el escenario perfecto para desarrollar el esperpento, ese género literario que deformaba la realidad para mostrar sus contradicciones.

El callejón del Gato, con sus famosos espejos deformantes, simboliza precisamente esa manera de contemplar la sociedad española.

«Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos dan el Esperpento»

Pocas obras han unido de una forma tan brillante una ciudad con una manera de entender la literatura.

Libro recomendado: Luces de Bohemia. El Madrid nocturno y esperpéntico convertido en un clásico universal.

CAMILO JOSÉ CELA: SOBREVIVIR EN LA POSGUERRA

En 1951 apareció una de las novelas fundamentales de la literatura española del siglo XX: La colmena.

Camilo José Cela retrató un Madrid gris, marcado por la escasez y las heridas de la Guerra Civil.

La novela reúne cientos de personajes que apenas se cruzan entre sí, pero que juntos forman el retrato colectivo de toda una sociedad.

No hay héroes. Solo personas intentando salir adelante.

«La ciudad no duerme nunca del todo»

Quizá por eso sigue emocionando tanto.

Libro recomendado: La colmena. El retrato coral del Madrid de la inmediata posguerra.

FRANCISCO UMBRAL: EL MADRID DE LOS CAFÉS Y LAS TERTULIAS

Si hubo un escritor que hizo de Madrid su hogar literario, ese fue Francisco Umbral.

Periodista brillante, paseó durante décadas por las calles del centro, escribió sobre librerías, cafés, políticos, artistas y periodistas.

Gracias a él conocemos el ambiente cultural de la capital durante la Transición y las últimas décadas del siglo XX.

«Madrid es una ciudad que se escribe sola»

Leer a Umbral es sentarse en un café del barrio de las Letras y escuchar conversar a toda una generación de escritores.

Libro recomendado: Madrid, tribu urbana. Una de las mejores radiografías literarias del Madrid de la segunda mitad del siglo XX.

MADRID SIGUE ESCRIBIÉNDOSE

Dicen que no hay dos personas que vean una ciudad de la misma manera. Quizá por eso tampoco existe un único Madrid. Está el Madrid castizo de Mesonero Romanos, el popular de Galdós, el desgarrado de Baroja, el esperpéntico de Valle-Inclán o el gris de la posguerra de Cela. Todos son distintos y, al mismo tiempo, todos son reales. La próxima vez que pasees por la Puerta del Sol, la Plaza Mayor, Lavapiés o el barrio de las Letras, recuerda que antes que tú otros caminaron esas mismas calles y las inmortalizaron con su pluma. Porque Madrid no solo se visita: también se lee. Y, cuando se hace, la ciudad revela historias que a menudo pasan desapercibidas.

Todos hablaban de Madrid. Pero ninguno hablaba del mismo Madrid. Y quizá ahí reside la grandeza de esta ciudad.

Porque Madrid nunca ha dejado de cambiar. Cada generación ha construido una capital distinta, y cada escritor ha sabido captar un instante irrepetible de esa transformación.

La próxima vez que pasees por la Puerta del Sol, cruces la Plaza Mayor, recorras la Gran Vía o te pierdas por el barrio de las Letras, detente un momento. Imagina a Galdós observando a los transeúntes, a Mesonero tomando notas en una esquina, a Larra escribiendo un artículo lleno de ironía, a Baroja siguiendo a uno de sus personajes o a Umbral entrando en un café con su inseparable bufanda.

Entonces comprenderás que Madrid no solo se descubre caminando. También se descubre leyendo.

Y quizá esa sea la mayor fortuna de esta ciudad: que sus calles, además de historia, esconden literatura en cada esquina.

Como dijo el dramaturgo Antonio Buero Vallejo en el pregón de San Isidro de 1983:

«Entre todos nos inventaron Madrid y Madrid los inventó a ellos.»


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