EL AGUA, SÍMBOLO DE LA CIVILIZACIÓN ROMANA

Pont du Gard

Hablar de agua en el mundo romano es hablar de acueductos y termas fundamentalmente, porque son las obras de ingeniería y arquitectura más conocidas y espectaculares junto con los puentes que aún perviven actualmente. Símbolos de progreso, evolución, urbanidad y por qué no, de prestigio y esplendor. Pero hay mucho más.

"La civilización romana puede definirse, en buena medida, como una civilización del agua o de las aguas” (El agua y las ciudades romanas).

Pero como dice Malissard, “son los poetas sin embargo, quienes mejor que nadie, saben hablar del agua de cada día (…)”.

En El agua y las ciudades romanas podemos leer las siguientes palabras de Plinio para resaltar el agua como símbolo de la civilización romana:

Si un hombre considera atentamente la cantidad de agua dedicada al uso público en los baños, piscinas, canales, casas, jardines, villas suburbanas y los espacios por los que viene el agua, los arcos levantados, los túneles excavados y los puentes construidos, reconocerá que no existe nada más admirable en el mundo.

Puente romano de Córdoba. cordoba24.info
El agua ha estado, está y estará estrechamente vinculada al desarrollo de la humanidad, en permanente relación con el hombre y su entorno. Desde la Antigüedad el agua es vida, y el acceso a la misma fue de importancia vital para el asentamiento de las primeras poblaciones, ayudó a pasar del nomadismo al sedentarismo y fue fundamental para la agricultura y por ende para el abastecimiento del hombre.

Roma es denominada por algunos historiadores como la ciudad del agua, incluso hoy en día en el mundo no es fácil encontrar un lugar en el que las fuentes adornen las calles de la ciudad de manera tan constante. El agua fue para los romanos el símbolo mismo de su existencia. Recordemos la leyenda de su origen con Rómulo y Remo salvados de las aguas del río Tíber. Sin olvidar su vinculación tan directa con el Mare Nostrum y su expansión. No solo supieron aprovechar los recursos del agua con sus innovadoras construcciones y usos, sino que tuvieron su propia regulación y su estructura administrativa con la cura aquarum. Evidencia de ello fue que el emperador Nerva en el año 97 d.C. nombró curator aquarum a Sexto Julio Frontino quien en su obra De Acquaeductu Urbis Romae, recoge su experiencia dejando por escrito detalles sobre el funcionamiento del sistema de distribución de agua en la ciudad, tanto legislativos como técnicos en los que se sustentaba dicho sistema.

Utilizaron el agua como solución a la cantidad de necesidades que tenían, bien básicas como por ejemplo la higiene o la alimentación, bien como ornamento (jardines) o placer (termas). Una de las cosas que más llama la atención al analizar, ver o estudiar las ciudades romanas es conocer todo lo relativo a la utilización del agua corriente, su uso y su gestión. Acueductos, alcantarillado, termas, fuentes, letrinas colectivas, tuberías…no dejan de sorprendernos hoy en día echando la vista atrás. El agua ha exigido fórmulas variadas y la aplicación e innovación de recursos técnicos, los romanos fueron los más avanzados de la época.
Puente romano de Mérida

Esta relación agua-Roma la representa Séneca que cuenta como al principio de cada año se daba un baño en las frías aguas del acueducto conocido como Aqua Virgo, precisamente las que todavía hoy alimentan la Fontana de Trevi. Lo recuerda en sus Cartas a Lucilio:

Mi edad no desciende, más bien se derrumba. Yo que era tan amante de los baños fríos, que en las calendas de enero saludaba el canal (del Tíber), que inauguraba el año nuevo no sólo leyendo, escribiendo, declamando alguna pieza, sino también zambulléndome en el Agua Virgen, he trasladado mis reales a esta bañera, que, cuando estoy más vigoroso y todo se realiza con buena ley, basta el sol para templarla: no me queda mucho ya para los baños calientes.  

Las ciudades romanas necesitaban un suministro de agua abundante y seguro. La planificación exhaustiva de ese suministro comenzaba desde el proceso de captación del agua, su trasporte mediante los acueductos hasta el depósito de agua llamado castellum aquae donde comenzaba la distribución por la ciudad mediante un complejo sistema de cañerías de plomo que la conducía a fuentes públicas, termas y las casas de los más ricos.

En el año 312 a.C. siendo cónsules M. Valerio Máximo y P. Decio Mus, el censor Apio Claudio Craso impulsó la realización de un vasto programa de obras públicas, entre las que se encuentra la vía Apia y la construcción del primer acueducto de Roma.

Todas esas obras de ingeniería tenían una compleja tecnología y muchas de ellas, afortunadamente, permanecen en pie en nuestros días. Canales, presas, pozos, embalses, conducciones, acueductos, cisternas, fuentes, termas o puentes. Los romanos pusieron en práctica novedosas y originales tecnologías para su tiempo, fueron innovadores, de lo que se benefició también la agricultura con los sistemas de riego o la industria, en las minas, por ejemplo. En definitiva, Roma ha sido y es un ejemplo en la aplicación de la ciencia al servicio del hombre.
Puente de Alcántara

“Cuando tenemos ante nosotros restos de las gigantescas construcciones que se llevaron a cabo en Roma, en las ciudades de Italia y en las provincias, no podemos por menos que considerar que el dominio sobre el agua fue uno de los rasgos de la civilización romana”. (El agua y las ciudades romanas)

El uso del agua.

Ya en los primeros pasos de la República en Roma se decidió que todos los ciudadanos dispusieran diariamente de agua pura y no depender de las lluvias, del Tíber o de los manantiales. En la época de Frontino existían en Roma 591 fuentes públicas y a principios del siglo IV d.C. su número se elevaba a 1352. Las fuentes se convirtieron en pieza clave de la ciudad y para la mayor parte de los romanos no había más agua potable que la de sus fuentes. Además de su evidente utilidad se convirtieron en focos de la vida social de la ciudad, especialmente por la mañana con las mujeres del vecindario y por los aquarii que comerciaban con el agua.

Malissard se refiere a los distintos usos que los romanos dieron al agua. En las casas el uso del agua variaría respecto a si hablamos de una domus o si lo hacemos de una insulae. En cualquier caso, el agua servía para atender las necesidades básicas de la higiene y vida de las personas. El uso diario del agua los encontramos también en la limpieza de la ropa o en la limpieza de la casa, aunque a decir verdad en ambos casos su uso era reducido. Otra cosa era el consumo del agua para el aseo personal, aunque el aseo matinal se reducía a muy poca cosa.

Termas romanas en Bath (Reino Unido)
Y en este sentido Marcial ironiza: "No quieres que nadie se bañe antes que tú en la pila del agua caliente, Cotilo. ¿Qué otro es el motivo, sino el no calentarte en un agua llena de poluciones? Se te permite lavarte el primero; pero es preciso que te laves aquí tus partes antes que la cabeza".

Otros usos los encontramos en la cocina para preparar alimentos o como líquido para rebajar el vino. Como bebida, sin mezcla, se bebía pura y preferían beberla tibia en vez de fresca, así se usaba para calmar los excesos gastronómicos o para refrescar otras bebidas más calientes. El agua tibia era muy apreciada en las mesas refinadas.

Dejando a un lado el uso doméstico no podemos obviar su uso en las industrias urbanas que exigían una cantidad considerable de agua, en especial los bataneros, que eran los mayores consumidores. En sus talleres (fullonicae) desengrasaban los tejidos de lana que les llegaban en estado puro, y también lavaban y limpiaban telas y prendas de ropa que la clientela los llevaba.

Uso importante y vital era el que se destinaba a labores de seguridad. Desde la época de Augusto Roma disponía de un cuerpo de bomberos. Eran los encargados de la vigilancia de la ciudad, de ahí su nombre de vigiles. Su cometido era proteger la ciudad del fuego y contribuir a la seguridad pública, una especie de mezcla entre bomberos y policías municipales de hoy.

En las domus existían letrinas cuya forma ha perdurado hasta hace bien poco en nuestra sociedad. Una especie de placa agujereada que descansaba sobre dos soportes. La evacuación se hacía junto con la de las cocinas y baños. Generalmente el agua de los acueductos llegaba hasta sus casas y facilitaba la labor. En las insulae no existía tal lujo por lo que sus habitantes recurrían a los orinales y a las letrinas públicas. Y cuando un hombre acaudalado, nos dice Carcopino, tenía que vivir en una de ellas, se las ingeniaba para alquilar la planta baja disfrutar prácticamente de las mismas ventajas que en una domus.

El agua fue convirtiéndose además en uno de los factores esenciales del bienestar y en la expresión casi obligada del fasto y la riqueza. De esta forma nos encontramos usos del agua con carácter ornamental en domus o villae. Con fuentes en peristilos, jardines y patios y por supuesto en los palacios imperiales. Así mismo nos encontramos el agua en relación con espectáculos como las naumaquias o las fuentes decorativas que se podían apreciar en Roma cuya única función era su belleza y aportar a la urbe su frescor y el rítmico sonido del agua al caer. Muchas de ellas convertidas al final en monumentales nymphaea. Roma contaba con al menos quince de ellas en el siglo IV d.C.
Podemos destacar un uso curioso del agua, su función como reloj de arena que servía para que los oradores controlaran el tiempo de sus discursos. Este mecanismo para medir el tiempo mediante el flujo regulado de un líquido hacia o desde un recipiente graduado se conocía como clepsidra.

Termas romanas de Antequera. turismo.antequera.es
Y no podemos olvidarnos de la faceta placentera del agua con los baños y termas. Ugo Enrico Paoli habla de la “grandísima importancia que tuvo el baño entre los romanos”. Nos cuenta que “en la villa urbana una parte del edificio estaba ocupada por las habitaciones para el baño, que reproducían en pequeño la estructura de las thermae”.   


Malissard indica que con las innovaciones de Agripa, gran precursor de las termas romanas, “hacían de los baños tan distintos de los demás que el nombre de balnea dejó de parecer apropiado y se cambió por el de thermae, termas, que en adelante designaría las instalaciones de gran extensión donde a la utilidad de las salas tibias o calientes se sumaban el lujo y el encanto de jardines y palestras”. Si las termas de Agripa revolucionaron el concepto, las de Nerón perfeccionaron el modelo ideado por aquel. Pero hubo más, Tito, Trajano, Caracalla….
Termas de Caracalla, Roma

Todo lo descrito hasta el momento está referido a la ciudad, fuera de ella hay que tener en cuenta el destino del agua en grandes cantidades para la agricultura. Con sus sistemas de riego los romanos consiguieron aumentar la producción de forma notable y tampoco podemos dejar de mencionar los usos industriales como para los molinos harineros y sobre todo en el mundo de la minería.

Acueducto de Segovia
Capítulo aparte deberían tener los acueductos. Durante la República se construyeron, Roma, cuatro acueductos en dos siglos y medio mientras que, en el periodo de setenta y cinco años, los emperadores Julio-Claudios levantarían cinco más.  Pero no solo se centraron en estas construcciones, durante la edilidad de Agripa, con Augusto al frente del Imperio, se construyeron setecientos depósitos, se instalaron quinientas fuentes de agua viva y se levantaron ciento treinta arcas de agua, a la vez que en el año 33 a.C. se instauraba la gratuidad de los baños que solo dependían de él y multiplicaba su número y reforzaba la administración central de las aguas. Cuando Frontino al final del siglo I comenzó a redactar el informe administrativo que debía entregar a Nerva, la red de acueductos de Roma parecía haber alcanzado la perfección. Trajano, por el año 109, mandó construir un décimo acueducto, la aqua Traiana. Y en época de Severo Alejandro, 226 d.C. se terminó un decimoprimero, la aqua Alexandrina. No solo Roma es testigo de la espectacularidad de los acueductos. Éstos se pueden contemplar a lo largo de la extensión de su cultura como reflejo de su progreso.

En conclusión, la civilización romana estuvo muy ligada al agua y consiguieron convertir una necesidad como el agua en una virtud (El agua y las ciudades romanas) cuestión que, creo, resume de forma evidente y nítida la importancia que dieron los descendientes de Rómulo y Remo al agua. Crearon su propia regulación y estructura administrativa para controlar su uso. Consiguieron dominar el agua que, en definitiva, ha sido uno de los rasgos de la civilización romana.

Este artículo es, fundamentalmente, una parte de mi Trabajo Fin Grado “Las termas romanas, ámbito urbano y rural. Uso doméstico en domus y villae”

Para saber mas:
SÁNCHEZ LÓPEZ y GOZALBES CRAVIOTO. (2012), “Los usos del agua en la Hispania Romana”

CARCOPINO, J. (1938), La vida cotidiana en Roma en el apogeo del Imperio
MALISSARD, A. (1996), Los romanos y el agua, la cultura del agua en la Roma antigua.
MANGAS, J. y MARTÍNEZ CABALLERO, S. (eds.), (2007), El agua y las ciudades romanas.





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