EL MURO DE BERLÍN, LA CAÍDA DEL MURO DE LAS VERGÜENZAS




(Foto berlinando.net)

Entramos en el mes de noviembre cuando el próximo día 9 se cumplirán 29 años de la caída del muro de Berlín o el muro de las vergüenzas como se le conocía también. 28 años estuvo en pie. Fruto de la Europa de post guerra, más bien de la Europa de la guerra fría, reflejo del enfrentamiento entre una Europa occidental democrática y una Europa oriental socialista, bajo estricto control de la extinta URSS. Las diferencias entre ambas eran abismales, democracia frente a dictadura, política de partidos frente a partido único, libre mercado frente a economía planificada, etc. La división de Europa se fraguó finalizando la IIª Guerra Mundial (Conferencia de Yalta) y una vez finalizada ésta (Conferencia de Postdam) donde las diferencias entre las potencias vencedoras salieron a la luz de forma nítida.


La división se escenificará de forma dramática la mañana del domingo 13 de agosto de 1961 cuando los berlineses se despiertan con el inicio de las obras de construcción de un muro que separará de forma efectiva la ciudad en dos partes, con lo que conllevaría de separación definitiva y el paso imposible de una parte a otra. Separando familias, amigos, trabajo e incluso hogares.


Desde ese momento los intentos de pasar del lado oriental al occidental se sucedieron con frecuencia. Hans Conrad Schumann, fue quien dio el pistoletazo de salida tan solo dos días después, siendo centinela en el muro todavía en construcción. Saltó la alambrada, soltó el subfusil y corrió hacia el otro lado. Su carrera fue fotografiada por Peter Leibing, y la imagen se convirtió en una de las más famosas de la Guerra Fría. Se calcula que fueron al menos 136 personas las que perdieron la vida en el intento de cruzar el Muro.
(Foto de fotoshistoricas.net)

El muro forma parte de la historia de Europa y como tal fue testigo de numerosos acontecimientos como la visita y discurso de J.F. Kennedy el 26 de junio de 1963 y su famoso discurso: “Two thousand years ago the proudest boast was "civis romanus sum" Today, in the world of freedom, the proudest boast is "Ich bin ein Berliner"


El muro siempre quedará en nuestra memoria como una de las imágenes de represión más relevantes de los últimos tiempos en Europa, especialmente para los alemanes, por eso la noche del 9 de noviembre de 1989 y sus posteriores aniversarios son celebrados como la victoria de la libertad.

Los meses previos fueron muy agitados, de hecho, desde la llegada de Gorbachov un año antes al Kremlin todo fue distinto. Su idea nunca fue liquidar el sistema soviético sino modernizarlo y ajustarlo a los nuevos tiempos, pero su objetivo no salió como él pretendía. Su perestroika y gladnost fueron cogiendo rumbos y velocidades que no se pudieron prever ni detener. Implicó un cierto relajamiento del rígido control que mantenía la URSS sobre Europa Oriental. Los movimientos reformistas calaron pronto en países como Polonia, Hungría y Checoslovaquia, países estos dos últimos que ya habían tenido sus intentos de revolución años atrás y fueron duramente controlados y reprimidos por la URSS.

En mayo de 1989 animados por estos nuevos aires que llegaban de Moscú, Hungría decidió retirar la alambrada que marcaba la frontera con Austria. En Polonia el movimiento Solidaridad, liderado por Lech Walesa, contrario al comunismo, ganó unos comicios democráticos. La RDA uno de los países más contrarios a los cambios sufría las consecuencias de los nuevos aires. Las protestas y manifestaciones iban in crescendo hasta que el 18 de octubre, Hoenecker, líder emblemático del país, era destituido pero su sucesor, Egon Krenz, no pudo o supo frenar los acontecimientos. La presión popular consciente del momento histórico que se vivía fue ganando terreno.

Y todo sucedió de una forma casual e improvisada, en una rueda de prensa. El 9 de noviembre de 1989 Günter Schabowski, funcionario del partido único de la RDA, pasó a la historia al responder de forma equivocada una pregunta del periodista italiano Riccardo Ehrman:

Señor Schabowski, ¿cree usted que fue un error introducir la Ley de Viajes hace unos días?

Se refería a una ley que había provocado la salida de miles de alemanes a través de las fronteras de Checoslovaquia y Hungría. El alemán consultó unas notas que llevaba en el bolsillo y anunció en la rueda de prensa, que estaba siendo televisada y radiada a todo el país, que los ciudadanos de la RDA podrían ir al Oeste, solo mostrando el carné de identidad o un documento parecido.

Varios periodistas al unísono preguntaron cuando entraría en vigor y el funcionario alemán no dudó al contestar, después de volver a contestar sus notas: “Ab sofort” (“De inmediato”). El error se produjo porque dicha medida tendría que haber tomado efecto al día siguiente.

En ese momento, miles de berlineses que habían visto o escuchado la rueda de prensa por televisión o radio se dirigieron a los pasos del muro y ante tal avalancha de gente las tropas de control, que no estaban informadas de la medida, no opusieron resistencia y franquearon el paso a la multitud. La frontera se abrió de forma definitiva el día 10.

Las consecuencias fueron la unificación de Alemania, la caída de los regímenes comunistas de los países europeos sometidos a la URSS, el desmantelamiento de la propia URSS, la aparición de nuevos países en el mapa, la entrada en la Unión Europea de esos países ex satélites de la URSS, la configuración de un nuevo orden mundial y el fin de la Guerra Fría. El 2 y 3 de diciembre los presidentes Bush (EE. UU.) y Gorbachov (URSS) se reúnen en Malta donde se dio por finalizada la Guerra Fría, anunciando el inicio de una nueva etapa en las relaciones internacionales… pero esa es otra historia.    
 
El muro representó en vida la represión, y en su caída, la libertad. Y como dijo la revista Time: “lo que ha sucedido en Berlín fue una combinación de la caída de la Bastilla y de la noche de fin de año en New York, una mezcla de revolución y de celebración”. Resumido en una frase, la que pronunció Angelika Wache, de 34 años, la primera persona que cruzó, sin obstáculos, esa noche el Check point Charlie: “no me lo puedo creer”.






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