INFRAESTRUCTURAS Y OBRAS PUBLICAS ROMANAS EN HISPANIA

 

Infraestructuras y obras públicas romanas en Hispania

La presencia romana en Hispania dejó una huella indeleble en el paisaje, la cultura y la organización social de la península. Uno de los legados más visibles y duraderos de este periodo es, sin duda, el conjunto de infraestructuras y obras públicas que los romanos diseñaron y construyeron a lo largo de varios siglos. Puentes, calzadas, acueductos, teatros y termas no solo transformaron la vida cotidiana de las ciudades y el campo, sino que también facilitaron la integración de Hispania en el vasto entramado del Imperio Romano. Estas construcciones, muchas de las cuales aún perduran, son testimonio de la avanzada ingeniería romana y de su visión estratégica para el control y desarrollo de los territorios conquistados. Analizar las infraestructuras romanas en Hispania es adentrarse en una historia de innovación, adaptación y perdurabilidad, que sigue asombrando a estudiosos y visitantes por igual.

CALZADAS: LAS ARTERIAS DEL IMPERIO

Las calzadas romanas fueron esenciales para el control militar, la administración y el comercio. Roma entendía que un territorio bien comunicado era un territorio más fácil de gobernar. Estas vías estaban cuidadosamente diseñadas, con varias capas de piedra y grava, un firme resistente y una anchura suficiente para el paso de carros y tropas.

Y eso es lo que hizo en Hispania según iba conquistando territorio. Para asegurar su control y expandirse hacia el centro y noroeste, organizó una red de caminos por toda la península. Augusto fundó el cursus publicus sobre estas vías para gestionar correos y postas, manteniendo a Roma informada y facilitando la administración.

Los miliarios o indicadores de distancias, con forma de columna o cipo y realizados en piedra, son reflejo de la intensa actividad desarrollada por la administración romana en materia de construcción y reparación de vías públicas. Polibio en las Historias, al señalar que, a mediados del siglo II a.e.c., la ruta Carthago Nova-Tarraco (Cartagena-Tarragona) fue jalonada con miliarios.

La financiación provino del aerarium y el fiscus, pero también participaron el ejército, municipios y propietarios locales. Las legiones asentadas en las provincias aportaban técnicos (arquitectos, agrimensores, etc.) y mano de obra. Ejemplos como la ruta del Ebro fueron trazados por las legiones IV Macedonica, VI Victrix y X Gémina.

Conocemos el sistema de construcción de las grandes vías provinciales gracias a Vitrubio y su obra Los diez libros de arquitectura. También las había municipales, propiedad de las ciudades, con el objetivo de dotarse de una red de vías públicas necesarias para su desarrollo interno, facilitando el acceso a las explotaciones rurales, conectando los centros de producción de materias primas con el núcleo de población principal y con la red de vías públicas provinciales. 

La red viaria romana en Hispania fue muy extensa. Gracias al Itinerario de Antonino

Infraestructuras y obras públicas romanas en Hispania
(obra anónima redactada hacia el año 280), que recoge las rutas principales de la red de calzadas de imperio, sabemos que la península Ibérica contaba con 34 grandes caminos. Destacando la Vía Augusta, que comunicaba la Urbs con Gades (Cádiz), convirtiéndose en el eje principal del comercio mediterráneo.

Otra vía fundamental fue la Vía de la Plata, que unía Emerita Augusta (Mérida) con Asturica Augusta (Astorga), atravesando el oeste peninsular y facilitando el transporte de minerales y productos agrícolas. Estas calzadas contaban con miliarios que indicaban las distancias y con estaciones donde los viajeros podían descansar o cambiar de caballos.

Otras vías fueron la Tarraco-Oiarson (Tarragona-Oyarzun) que comunicaba el Mediterráneo con el Cantábrico atravesando el valle del Ebro; la vía Emerita-Caesaraugusta (Mérida-Zaragoza), que atravesaba la Meseta; o la vía que permitía atravesar la península desde Emerita (Mérida) a Saetabis (Játiva, Valencia).

La red viaria facilitó el movimiento de mercancías, favoreciendo el desarrollo económico de las zonas del interior. Así podían llegar a Roma u otras partes del imperio, productos hispanos como minerales, cereales, aceite, vino o lana) y que llegaran otros productos como cerámica, mármoles o salazones.

PUENTES: DOMINAR LOS RÍOS

Para garantizar la continuidad de la red viaria, los romanos levantaron puentes de piedra que permitían salvar ríos y barrancos. Utilizaban arcos de medio punto y sillares perfectamente encajados, logrando una estabilidad extraordinaria.

Uno de los mejores ejemplos es el puente de Alcántara, en Cáceres, sobre el río Tajo, una obra monumental dedicada al emperador Trajano. También destaca el puente romano de Mérida, de más de 790 metros de longitud, que sigue siendo una de las estructuras más emblemáticas de la ciudad. En Córdoba, el puente romano sobre el Guadalquivir fue clave para la comunicación de la Bética y aún hoy forma parte del paisaje urbano.

Respecto a su construcción cabe destacar el empleo del mortero combinado con los sillares de piedra y la generalización del arco de medio punto que hace tan característico al puente romano y que en pleno siglo XXI muchos de ellos están todavía en pie y en uso.

ACUEDUCTOS: EL AGUA COMO SÍMBOLO DE CIVILIZACIÓN

El abastecimiento de agua fue una prioridad para las ciudades romanas. Los acueductos permitían llevar agua desde manantiales lejanos hasta los núcleos urbanos, manteniendo una pendiente mínima y constante.

Infraestructuras y obras públicas romanas en Hispania
Su construcción era muy costosa y requería de especialistas que dominaran las técnicas de la ingeniería. Generalmente estas construcciones discurrían soterradas y solo salían a la luz y se dotaban de arcos y muros de sostén para salvar vaguadas y depresiones del terreno.

El ejemplo más famoso es el acueducto de Segovia, una impresionante construcción de arcos superpuestos realizada sin mortero, que todavía se conserva casi intacta. En Mérida, el acueducto de los Milagros formaba parte de un complejo sistema hidráulico que abastecía a la ciudad desde embalses cercanos. En Tarragona, el Pont del Diable suministraba agua a la antigua Tarraco, una de las capitales más importantes de Hispania romana.

Mientras que las principales ciudades lograron dotarse de acueductos gracias a sus propios recursos (Caesaraugusta) o a la intervención de los emperadores (Segovia) otras se beneficiaron de potentados ciudadanos, evergetas, que costearon en parte su construcción como en Egabrum (Cabra, Córdoba) o el de Capera (Caparra, Cáceres). 

PRESAS Y CONTROL DEL AGUA

Los romanos no solo transportaban agua, sino que también sabían almacenarla y regularla. Las presas eran fundamentales para garantizar el suministro durante todo el año. En Hispania se conocen tres: dos que suministraban agua a los acueductos de Mérida, la presa de Proserpina, y la presa de Cornalvo, demuestran el alto nivel de conocimiento técnico de los ingenieros romanos en materia hidráulica y su capacidad para modificar el entorno de forma duradera. Y la tercera abastecía de agua a Toledo. 

PUERTOS Y COMERCIO MARÍTIMO

Hispania fue una provincia clave para el comercio romano, especialmente por sus exportaciones de aceite, vino, salazones y minerales. Para ello, se desarrollaron importantes puertos, tanto marítimos como fluviales.

El puerto de Tarraco fue uno de los principales del Mediterráneo occidental, mientras que el Portus Ilicitanus, en la actual Santa Pola, conectaba la ciudad de Ilici con las rutas comerciales. Sin olvidar el de Carthago Nova, aprovechando el trabajo de los púnicos capturado por Publio Cornelio Escipión. En el interior, Hispalis (Sevilla) destacó como puerto fluvial sobre el Guadalquivir, facilitando el transporte de mercancías hacia Roma.

FAROS Y CANALES: INGENIERÍA AL SERVICIO DE LA NAVEGACIÓN Y LA MINERÍA

Para mejorar la navegación, los romanos construyeron faros en puntos estratégicos de la costa. El ejemplo más extraordinario es la Torre de Hércules, en A Coruña, en época del emperador Augusto, el único faro romano que sigue en funcionamiento en la actualidad y declarado Patrimonio de la Humanidad. Pero de antes, concretamente del 139 a.e.c., Quinto Servilio Cepión levantó un faro junto a la entrada del Guadalquivir en la zona de la actual Chipiona (Cádiz).

Infraestructuras y obras públicas romanas en Hispania

Además, Roma desarrolló complejos sistemas de canales para usos específicos, como la minería. En Las Médulas, en León, una extensa red de canales llevaba agua desde las montañas para explotar el oro mediante la técnica de la ruina montium, una de las mayores obras de ingeniería minera de la Antigüedad.

UN LEGADO QUE PERDURA

Las infraestructuras y obras públicas romanas en Hispania no solo representan el ingenio y la capacidad técnica de una civilización avanzada, sino que también son testigos vivos de una época que transformó para siempre el territorio y la sociedad peninsular. La permanencia de puentes, calzadas y acueductos nos recuerda que el legado romano sigue presente en nuestro día a día, invitándonos a reflexionar sobre la importancia de conservar y valorar este patrimonio histórico. Al recorrer estos vestigios, no solo descubrimos la historia de Hispania, sino también la visión estratégica y el espíritu innovador de Roma, que aún inspiran a generaciones actuales y futuras.

Fuentes

La Historia en su lugar, volumen 7. Infraestructuras y obras públicas romanas en Hispania. Enrique Melchor Gil.

Ingeniería romana en Hispania. Revista Desperta Ferro (nº 61, 2025)

Para saber más:

Obras públicas en la Hispania romana. Catálogo de la exposición del Ministerio de Cultura español sobre infraestructuras romanas en Hispania

La red viaria en la Hispania romana (Actas del simposio). Editado por la Institución Fernando el Católico


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