LA BATALLA DE TRAFALGAR

Pintura de Thomas Buttersworth
El 21 de octubre de 1805 se encontraron frente a las costas gaditanas del cabo de Trafalgar las escuadras, británica, a cuyo mando estaba el vicealmirante H. Nelson, por un lado, y la aliada franco-española al mando del vicealmirante francés P. Villeneuve y bajo su mando Federico Gravina comandando la armada española.

Es considerada como la mayor batalla naval del siglo XIX, pero fue aún mayor por su trascendencia.

«¿Qué ha de faltar? El Trinidad tiene ciento cuarenta cañones: treinta y dos de a 36 y cuatro de a 24, treinta y seis de a 12, dieciocho de a 30 y diez obuses de a 24. El Príncipe de Asturias, ciento dieciocho; el Santa Ana, ciento veinte; el Rayo, cien; el Nepomuceno, el San….» Episodios Nacionales, Trafalgar, Benito Pérez Galdós.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Los antecedentes a dicha batalla los encontramos en los acuerdos de alianza hispanofrancesa de San Ildefonso (1796) y Aranjuez (1800) para aunar esfuerzos y combatir a los británicos. España pretendía recuperar de esta forma Gibraltar, pero le obligaba a contribuir al esfuerzo bélico napoleónico. Así se llega a la colaboración de ambas armadas.

Napoleón tenía en mente la invasión de Gran Bretaña, pero las derrotas de Finisterre, el 22 de julio, como esta de Trafalgar colapsaron dicha estrategia.

Una serie de desafortunadas decisiones del vicealmirante francés provocaron el choque contra la poderosa escuadra británica. Su precipitación se debió a verse presionado por Napoleón, después de haberle desobedecido en varias ocasiones, y la llegada de su sustituto que venía camino de Cádiz para hacerse cargo de la flota combinada.

COMPOSICIÓN DE LAS FLOTAS


La flota española estaba compuesta por quince navíos donde destacaban el Príncipe de Asturias con sus 112 cañones y tres puentes dirigido por el propio Gravina y Antonio de Escaño, el Santísima Trinidad con otros 140 cañones y cuatro puentes donde estaban al mando Baltasar Hidalgo de Cisneros y Fco. Javier de Uriarte y Borja o el Santa Ana con 12 cañones y tres puentes siendo sus comandantes José de Gardoqui y Ignacio Mª de Álava.

Las condiciones no eran las ideales. Respecto a la marinería, era muy inexperta, había sido reclutada de forma apresurada ya que la epidemia de fiebre amarilla que había arrasado Andalucía entre 1802 y 1804 había mermado las dotaciones de la armada. Compuesta por campesinos de tierra adentro o delincuentes que redimían sus condenas sirviendo en la armada. Carecían de experiencia y de motivación suficiente para entrar en combate. Pero es que tampoco el estado de los buques era el óptimo. Modernizar la armada era una cuenta pendiente desde la época del marqués de la Ensenada. El propio Antonio de Escaño, escribiría en su Informe sobre la Escuadra del Mediterráneo lo siguiente: «Esta escuadra hará vestir de luto a la Nación en caso de un combate, labrando la afrenta del que tenga la desventura de mandarla»


Sin embargo, la marina francesa era considerada como la segunda en importancia, detrás de la británica. Con modernos y potentes barcos, su problema radicaba en los mandos, ya que muchos de ellos habían sido ajusticiados durante el proceso revolucionario por su origen aristocrático, siendo sustituidos por inexpertos en encuentros bélicos. La marinería procedía en gran parte del ejército de tierra por lo que su pericia en alta mar también estaba por demostrar. Estaba formada por dieciocho navíos con el Bucentaure a la cabeza, capitaneado por Villeneuve.

Y la armada de Nelson que dispuso de veintisiete navíos era todo lo contrario, compuesta por marineros profesionales curtidos en alta mar y en batallas navales, experimentados y disciplinados y con la moral muy alta. Sin contar con que eran dirigidos por un almirante convertido en leyenda por su exitosa carrera. Perfectos para combatir. Aunque en número estaba en desventaja gozaba de cierta superioridad, pues disponía de buques más grandes y su artillería disparaba con mayor ritmo.

«El almirante francés -dijo Churruca-, no sabiendo que resolución tomar y desenado hacer algo que ponga en olvido sus errores, se ha mostrado, desde que estamos aquí, partidario de salir en busca de los ingleses. El 8 de octubre escribió a Gravina, diciéndole que deseaba celebrar a bordo del Bucentauro un consejo de guerra para acordar lo que fuera más conveniente. En efecto, Gravina acudió al consejo, llevando al teniente general Álava, a los jefes de escuadra Escaño y Cisneros, al brigadier Galiano y a mí. De la escuadra francesa estaban los almirantes Dumanoir y Magon, y los capitanes de navío Cosmao, Maistral, Villiegris y Prigny. Habiendo mostrado Villeneuve el deseo de salir, nos opusimos todos los españoles». Episodios Nacionales, Trafalgar, Benito Pérez Galdós.

En el otro lado, el 10 de octubre Nelson convoca a sus capitanes en el Victory para diseñar la estrategia de ataque. Intuyendo el movimiento y planteamiento de Villeneuve, a saber, colocar la flota en forma de línea, colocaría sus navíos en formación de dos columnas dirigiéndose al enemigo con la intención de romper dicha línea por dos puntos. El riesgo era muy alto pues se aproximarían sobre el fuego enemigo sin poder repelerlo pero si tenían éxito habrían dividido la flota hispanofrancesa en tres partes con la imposibilidad de apoyos.

A partir de ese momento no habría órdenes y cada capitán debía operar de forma autónoma. «Ningún capitán se equivocará si coloca su buque al constado del enemigo”.

ORDENES DE COMBATE Y LA BATALLA



Villeneuve, tampoco atendió las indicaciones de los barómetros que estaban bajando y anunciaban uno de esos típicos temporales otoñales del Estrecho. Salió de puerto y presentó batalla en forma de línea, como había previsto Nelson. Ese día 21 ambas flotas estaban distanciadas entre si 4 o 5 millas. Entre las 7 y 8 de la mañana la escuadra británica formó en doble columna perpendicular a la línea aliada y puso velas hacia ella. Al verla, Villeneuve ordenó virar el rumbo y situar todos los buques a babor.  La maniobra fue un desastre, si ya la línea no estaba bien organizada la maniobra terminó por provocar un caos. Este error brindó a Nelson minimizar el riesgo que temía y consiguió una aproximación muy tranquila. La desorganización fue aprovechada por el almirante inglés Nelson que rompió la inicial línea franco-española dividiéndola en tres partes.

«Eran las doce menos cuarto. El terrible instante se aproximaba. La ansiedad era general, y no digo esto juzgando por lo que pasaba en mi espíritu, pues atento a los movimientos del navío en que se decía estaba Nelson, no pude por un buen rato darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor». Episodios Nacionales, Trafalgar, Benito Pérez Galdós.

A media mañana el Santa Ana, sobre el que se abalanzaba el navío ingles Royal Sovereing, comenzó a descargar su artillería sobre él, pero éste consiguió cruzar la línea y entabló combate a bocajarro con el buque español. Nelson al mando de su Victory realizó la misma operación frente al Bucentaure y el Santísima Trinidad. Fue un momento clave en la batalla pues los británicos gozaban de superioridad en dos puntos concretos de la línea enemiga y lo aprovecharon para destruir los navíos aliados que allí se encontraban aislados de cualquier ayuda. El Bucentaure se rindió quedando el Trinidad totalmente acosado y aunque aguantó de forma heroica a las 16:15 arrió la bandera.

El Victory luchaba contra el Redoutable y desde allí salió el disparo que mataría a Nelson.

A las 16:30 viendo que la batalla estaba perdida, Gravina ordenó la retirada hacia Cádiz consiguiendo llegar con 6 navíos españoles y 5 franceses. El desastre era total, tanto franceses como españoles habían perdido dos terceras partes de su flota, pero mientras Napoleón ordenó la reconstrucción de su Armada, España no pudo hacerlo.


En ese caos, cuatro navíos franceses se dan a la huida en pleno combate, el Formidable de Dumanoir, el Mont-Blanc de Lavillesgris, el Duguay-Trouin, mandado por Touffet y el Scipion, de Charles Berrenger. Que más tarde fueron apresados por los británicos a la altura del cabo Ortegal. En su defensa Dumanoir alegó que en el fragor del combate con la humareda que se había levantado no vio las indicaciones del buque insignia ni de su Almirante.

DESENLACE

En un intervalo de dos horas los principales navíos de la flota franco-española se habían rendido o habían sido hundidos. A las seis y media de la tarde finalizó el combate, quedando la flota franco-española aniquilada en todos los sentidos. Los navíos apresados por los británicos se dirigieron a Gibraltar.


La victoria británica supuso ratificar su predominio naval y por el contrario para Napoleón dejar de soñar con ese predominio y la invasión. Por lo que respecta a la maltrecha armada española se hizo evidente lo que ya se sospechaba, su fin como potencia naval.

«Cuando el espíritu, reposado de la agitación del combate, tuvo tiempo de dar paso a la compasión, al frío terror producido por la vista de tan grande estrago, se presentó a los ojos de cuantos quedamos vivos la escena del navío en toda su horrenda majestad. Hasta entonces los ánimos no se habían ocupado más que de la defensa…» Episodios Nacionales, Trafalgar, Benito Pérez Galdós.


COMANDANTES MUERTOS EN COMBATE

La relación de comandantes caídos en la batalla fue relevante, empezando por el propio H. Nelson, abatido por un tirador desde el Redoutable. A su llegada a Londres fue recibido como un héroe y enterrado con honores militares. Actualmente yace en la cripta de la catedral de San Pablo.

Por parte española cayó Churruca, Alcalá Galiano, Fco Alsedo y Bustamante, entre otros. El propio Gravina fue herido en la batalla y murió meses después a consecuencia de dichas heridas.

Villeneuve fue enviado preso a Inglaterra, pero fue puesto en libertad bajo palabra. Volvió a Francia en 1806. El 22 de abril de ese mismo año se le encontró muerto en su habitación del Hotel de Patrie, en Rennes. La versión oficial es que se trató de un suicidio, pero es posible que la mano de Napoleón no anduviera lejos.

Las pérdidas materiales y humanas fueron significativas y duras especialmente para franceses y españoles. Los primeros vieron perder doce de sus dieciocho navíos que tomaron parte en la contienda. Pero lo peor fueron sus más de dos mil doscientos muertos, mil cien heridos y cerca de quinientos prisioneros. La Armada española perdió diez de los quince navíos que aportaba sumando más de mil muertos, más de mil trescientos heridos y unos dos mil quinientos prisioneros. Los británicos por su parte perdieron unos quinientos hombres y casi mil doscientos cincuenta heridos, pero no perdieron un solo barco, aunque algunos quedaron muy dañados.

CONSECUENCIAS

Para los franceses y Napoleón especialmente significó el fin de su intención de combatir de tú a tú a la poderosa armada británica quien por otra parte vio consolidarse su poderío naval que permanecería a lo largo del siglo XIX. Napoleón construyó una nueva Armada, pero sin marinos fiables para dirigirla. Pero sus ojos estaban en el continente, por esas mismas fechas derrotaba a los austriacos en Ulm y semanas después a los austriacos y rusos en Austerlitz.

La importancia de Trafalgar es relativa en el contexto de las guerras napoleónicas.

La clave de la batalla no estuvo tanto en el nivel de los buques o en la estrategia sino en la cualidad de la marinería. Los británicos reparaban los destrozos causados por la artillería aliada de forma eficaz y ágil en la medida de las posibilidades, cuestión que no se produjo en el bando contrario. Su agilidad de maniobra contrastó con la lentitud aliada.

Esta batalla no significó la destrucción total de la armada española. La flota de guerra hispana contaba todavía con 37 navíos y 24 fragatas, a los que se unieron otros 6 navíos franceses capturados tras los sucesos del 2 de mayo de 1808. Pero el deterioro que fue sufriendo fue tremendo y la prioridad comenzaría a ser el ejército de tierra. Sin Armada la unión que mantenía ligadas España y América se hacía insostenible, cruzar el Atlántico se hacía misión heroica con el océano atestado de buques británicos. Imposibilitado o mermado el tráfico comercial y militar, el control de las colonias españolas en América también se vio afectado de manera sustancial lo que facilitaría los movimientos de independencia que se fueron sucediendo.


«Desde que salimos de Cádiz -dijo Malespina- Churruca tenía el presentimiento de este gran desastre. Él había opinado contra la salida, porque conocía la inferioridad de nuestras fuerzas, y además confiaba poco en la inteligencia del jefe Villeneuve. Todos sus pronósticos han salido ciertos; todos hasta el de su muerte, pues es indudable que la presentía, seguro como estaba de no alcanzar la victoria». Episodios Nacionales, Trafalgar, Benito Pérez Galdós.


Hoy en día se recuerda aquella batalla con una plaza céntrica en Londres, Trafalgar Square homenajeando a Nelson con una inmensa columna de 46 metros que preside la plaza y su estatua de cinco metros y medio.

Bibliografía
La campaña de Trafalgar, Hugo O’Donnell y Duque de Estrada. Madrid. La esfera de los libros 2005
Trafalgar. Hombres y naves entre dos épocas, José Cayuela y Ángel Pozuelo. Barcelona. Ariel 2004
Trafalgar, tres armadas en combate, Víctor San Juan. Madrid. Sílex2005
Corral Lafuente, José Luis. Trafalgar. Barcelona: Edhasa,2001
Pérez Reverte, Arturo. Cabo Trafalgar: un relato naval. Madrid: Alfaguara, 2004
Cornwell, Bernard. Sharpe en Trafalgar: Richard Sharpe y la batalla de Trafalgar. Barcelona: Edhasa, 2005
Aventura de la Historia, número 84. Trafalgar, ocaso naval español

(Cuadros navales extraídos de la página de National Geographic)

1.- Portada: Thomas Buttersworth
2.- H. Nelson por Lemuel Francis Abbott
3.- Escena de la batalla naval
4.- Federico Gravina, retrato anónimo, Museo Naval de Madrid
5.- Villeneuve, litografía Museo Naval de París
6.- Óleo de William Lionel Wyllie
7.- Pintura de Nicholas Pocock
8.- Pintura de William Lionel Wyllie
9.- Óleo de J. M. W. Turner
10.- Muerte de Nelson en la batalla por Denis Dighton
11.- Benito Pérez Galdós por Joaquín Sorolla

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