EL MANIFIESTO DE SANDHURST: LA CARTA QUE REPARÓ LA RESTAURACIÓN

Restauración borbónica

Camino de la Restauración: Alfonso XII, Cánovas y la España que buscaba orden tras el fracaso del Sexenio Democrático

A veces, una carta cambia más cosas de las que aparenta. El Manifiesto de Sandhurst parecía una respuesta educada de un joven príncipe a quienes le felicitaban por su cumpleaños; en realidad, fue la presentación en sociedad del futuro Alfonso XII y el prólogo político de la Restauración borbónica.

El siglo XIX español fue cualquier cosa menos tranquilo. Comenzó con la invasión napoleónica y terminó con la pérdida de las últimas colonias; entre medias hubo revoluciones, pronunciamientos, una república, restauraciones monárquicas, guerras carlistas, regencias, espadones, constituciones y hasta un rey italiano. Fue también el siglo de Goya, del romanticismo de Larra, Espronceda y Bécquer, del realismo de Pérez Galdós y de la Generación del 98. Muchas de las tensiones que nacieron entonces no se quedaron en los libros: marcaron la vida política española y, de una forma u otra, todavía proyectan su sombra sobre nuestro presente.

UN PAÍS AGOTADO: EL FINAL DE LA REPÚBLICA

Camino a la Restauración
Uno de esos episodios decisivos se vivió en 1874. En enero, el general Pavía había dado el primer golpe al entrar en las Cortes y dejar herida de muerte a la Primera República, aunque oficialmente aún sobreviviría casi un año más bajo la jefatura del general Serrano. Mientras tanto, la Restauración monárquica empezaba a parecer una salida posible —y cada vez más deseada por ciertos sectores— en un país sacudido por la guerra carlista, los últimos coletazos del cantonalismo y la difícil situación de las colonias. En ese escenario, las conspiraciones de los generales alfonsinos cobraron fuerza, con Cánovas del Castillo moviendo los hilos para preparar el regreso de los Borbones.

SANDHURST: UNA CARTA CON INTENCIÓN POLÍTICA

En ese clima de cansancio político y búsqueda de orden apareció el Manifiesto de Sandhurst: una carta aparentemente protocolaria que, en realidad, funcionó como tarjeta de presentación del futuro Alfonso XII y como programa de la Restauración que estaba a punto de llegar.

Con motivo de su cumpleaños, Alfonso de Borbón publicó una carta-manifiesto firmada en Sandhurst (Inglaterra), la academia militar inglesa donde estudiaba, el 1 de diciembre de 1874. En apariencia, el texto servía para agradecer las felicitaciones recibidas; en la práctica, era mucho más que eso. Desde sus primeras líneas dejaba clara su intención de presentarse como alternativa para España y de restaurar una monarquía constitucional que, según sus partidarios, podía devolver estabilidad al país.

He recibido de España un gran número de felicitaciones con motivo de mi cumpleaños, y algunas de compatriotas nuestros residentes en Francia. Deseo que con todos sea usted intérprete de mi gratitud y mis opiniones (…)

Y así finalizaba:

(…) Por mi parte, debo al infortunio estar en contacto con los hombres y las cosas de la Europa moderna, y si en ella no alcanza España una posición digna de su historia, y de consumo independiente, culpa mía no será ni ahora ni nunca. Sea la que quiera mi propia suerte ni dejaré de ser buen español ni, como todos mis antepasados, buen católico, ni, como hombre del siglo, verdaderamente liberal.

Suyo, afmo., Alfonso de Borbón”.
Camino a la Restauración borbónica


CÁNOVAS DEL CASTILLO: EL ARQUITECTO DE LA RESTAURACIÓN

Aunque la carta-manifiesto aparecía firmada por el futuro Alfonso XII, su elaboración no fue un gesto improvisado. En ella participaron varias personas, incluida Isabel II, pero la responsabilidad política y la orientación final correspondieron sobre todo a Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 8 de febrero de 1828-Mondragón, 8 de agosto de 1897), político e historiador español y una de las figuras más influyentes de la segunda mitad del siglo XIX.

Cánovas fue el gran arquitecto del sistema político de la Restauración borbónica. Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) impulsó el partido Alfonsino, partidario del regreso de los Borbones, en un contexto de grandes expectativas políticas que acabaron transformándose en desilusión. A las guerras carlistas, los levantamientos cantonales y las insurrecciones coloniales se sumó la incapacidad de los distintos gobiernos para resolver problemas en la Administración, el ejército, la Iglesia, el campo y las ciudades. Ese desgaste alimentó en amplios sectores de la sociedad española una demanda creciente de orden, estabilidad y soluciones conservadoras.

A ese clima se añadió el temor al contagio de corrientes revolucionarias procedentes del exterior, como la Comuna de París, la Internacional o el socialismo. Para muchos sectores moderados y conservadores, los proyectos progresistas habían perdido credibilidad y ya no parecían capaces de ofrecer una fórmula política viable. En consecuencia, ganó terreno el deseo de un gobierno estable que garantizara el orden, el crecimiento económico y la gobernabilidad: un régimen basado en la convivencia pacífica, el desarrollo y la seguridad. Esa aspiración acabaría plasmándose en una nueva Constitución, la de 1876.

SAGUNTO ACELERA LA HISTORIA

Cánovas había preparado una vuelta tranquila del heredero legítimo a la Corona y prefería una solución civil que pudiera ser aceptada sin sobresaltos. Pero los acontecimientos se aceleraron con el pronunciamiento de Martínez Campos en Sagunto, el 29 de diciembre de 1874. Cánovas, que llegó a calificar aquel levantamiento de “botarada”, supo reconducir la situación: presidió un gobierno provisional y preparó el regreso de Alfonso XII en enero de 1875, en un clima más pacífico de lo que cabía esperar.

EL PROGRAMA POLÍTICO DEL MANIFIESTO

En el manifiesto, Alfonso se presenta como legítimo heredero al trono y recuerda la abdicación de su madre como prueba de esa legitimidad. Frente al recuerdo de la monarquía isabelina, defiende una monarquía constitucional y parlamentaria como remedio para los males de España. También apela a las clases trabajadoras, especialmente agitadas en aquellos años, y propone para el país un régimen semejante al de otras naciones europeas, con Gran Bretaña como referencia evidente. Desde ese punto, la carta deja de ser solo una declaración de intenciones y se convierte en un auténtico programa político para la Restauración.

Camino a la Restauración Borbónica
La gran novedad del sistema político diseñado por Cánovas fue el turno pacífico de partidos, inspirado en el modelo británico de whigs y tories, aunque adaptado a la realidad española de una forma muy particular. En teoría, conservadores y liberales se alternaban en el poder para evitar rupturas y pronunciamientos. En la práctica, ese turnismo descansaba en el fraude electoral: mediante el encasillado de candidatos, las élites de ambos partidos pactaban los resultados y se repartían los distritos antes de que los ciudadanos votaran. La pieza clave era el cacique local o regional, capaz de controlar el voto en su circunscripción. Por eso, aunque el sistema aportó estabilidad, vulneraba cualquier principio democrático. El turnismo se consolidaría definitivamente con la llegada de Sagasta al poder y, sobre todo, con el Pacto del Pardo de 1885.

BALANCE: ESTABILIDAD, MODERNIZACIÓN Y LÍMITES

En conclusión, Cánovas del Castillo fue el gran artífice del cambio. Su moderación, su pragmatismo y su capacidad de pacto ayudaron a resolver el problema de la gobernabilidad, favorecieron una Constitución flexible y duradera y contribuyeron a la pacificación tras la derrota del carlismo y el final de la guerra colonial en 1878. Pero su legado también tuvo sombras importantes: creó un sistema cerrado, apoyado en el fraude electoral y el caciquismo, que dificultó la incorporación de nuevas fuerzas sociales y políticas. La Restauración logró estabilidad, pero no una democracia plena; y Cánovas tampoco supo anticipar con claridad la gravedad de la cuestión colonial ni el lugar que España debía ocupar en la política internacional.

Por otro lado, y en líneas generales, la nueva etapa que se iniciaba en 1875 aportó ventajas importantes para España. Por un lado, se incorporó a la normalidad de las potencias de su entorno, se sentaron las bases de un Estado liberal, se logró instrumentalizar el pacto, el dialogo y el consenso entre fuerzas políticas y se relegó la solución armada como único método para resolver problemas internos, por lo menos de forma provisional. Se aprobaron leyes que consolidaron el Estado de derecho. Se consiguió un crecimiento económico sostenido desde 1870. Se crearon las estructuras básicas para superar el atraso industrial. Se forjó una nueva sociedad civil y profesional donde las clases medias se convirtieron en el nervio central de la estructura social. Crecieron las ciudades y los servicios, y se vivió una edad de plata española.

La Restauración fue, en muchos sentidos, una etapa de normalización y modernización que acercó a España al desarrollo político, económico y social de otros países europeos de finales del siglo XIX. Su tragedia estuvo en no saber —o no poder— evolucionar hacia un sistema constitucional y parlamentario verdaderamente democrático. Esa limitación, unida a la crisis de fin de siglo, alimentó la sensación de desastre y reabrió una pregunta muy española: quiénes fueron los responsables y qué heridas nos habían llevado hasta allí.

En definitiva, el Manifiesto de Sandhurst no fue solo una carta de circunstancias. Fue una operación política cuidadosamente calculada: presentar a Alfonso XII como una solución constitucional, aceptable y moderada para una España cansada de inestabilidad. Esa fue la fuerza de la Restauración; también el origen de muchas de sus contradicciones.



Fuentes: 

Historia Contemporánea de España 1808-1923, Blanca Buldain Jaca (coordinadora), Akal. La Restauración Mª. Dolores Elizalde Pérez-Grueso

Historia Contemporánea Universal. Del surgimiento del Estado contemporáneo a la Primera Guerra Mundial, Ángeles Lario (coordinadora), Alianza Editorial

Alfonso XIII. El rey que quiso ser constitucional. Ángeles Lario


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