LA REVOLUCIÓN DE LOS CLAVELES: CUANDO UN GOLPE MILITAR SE CONVIRTIÓ EN FIESTA POPULAR

 

La revolución de los claveles

El 25 de abril de 1974, en apenas unas horas, Portugal pasó de ser una de las dictaduras más longevas de Europa a convertirse en el escenario de una de las revoluciones más singulares del siglo XX. No hubo apenas disparos. No hubo un baño de sangre. En su lugar, hubo una canción de radio, unos militares hartos de la guerra y miles de civiles que salieron a la calle a poner flores en los fusiles. Así cayó el Estado Novo.

UN RÉGIMEN AGOTADO

Para entender por qué la revolución estalló ese día hay que remontarse a las décadas anteriores. El Estado Novo, el régimen autoritario fundado por António de Oliveira Salazar, llevaba gobernando Portugal desde los años 30. Cuando Salazar quedó incapacitado en 1968, le sucedió Marcelo Caetano, que mantuvo la misma línea: censura, policía política y un control férreo de la vida pública.

Pero había un problema que el régimen no lograba resolver: las guerras coloniales. Portugal se aferraba a sus territorios africanos, Angola, Mozambique, Guinea-Bisáu, y llevaba años combatiendo a los movimientos independentistas en esos frentes. El desgaste humano y económico de esos conflictos fue minando a las Fuerzas Armadas, especialmente a los oficiales intermedios, que veían cómo la guerra se alargaba sin sentido mientras en casa seguían faltando libertades básicas.

De ese malestar nació el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA), el grupo que planificó y ejecutó el golpe. No eran generales al mando de la cúpula militar, sino mandos medios convencidos de que había que acabar con la dictadura y con la guerra colonial al mismo tiempo.

LA SEÑAL EN LA RADIO

La madrugada del 25 de abril de 1974, dos canciones sonaron en la radio portuguesa como señales cifradas. La segunda, "Grândola, Vila Morena", del cantautor José Afonso, fue la orden definitiva: los militares del MFA debían empezar a moverse.

La elección no fue casual. Se trataba de un tema prohibido, o al menos mal visto, por la censura del régimen, ya que hablaba de fraternidad, igualdad y poder popular, justo lo contrario de lo que predicaba el Estado Novo. Que esa canción sonara libremente en la radio esa noche ya era, en sí mismo, una declaración de intenciones: el control del régimen empezaba a resquebrajarse antes incluso de que amaneciera.

A partir de ahí, las unidades del MFA fueron ocupando puntos estratégicos en Lisboa: la radio, la televisión, los aeropuertos, el cuartel general de la policía política. La resistencia del régimen fue mínima. Caetano acabó refugiado en un cuartel de la Guardia Nacional Republicana, rodeado, hasta que se rindió y aceptó entregar el poder a un general, António de Spínola.

EL CLAVEL QUE CAMBIÓ EL SÍMBOLO DE LAS ARMAS

Si "Grândola, Vila Morena" fue la señal secreta del golpe, el clavel rojo fue el símbolo que la población eligió para hacer suya la revolución. Según cuenta la tradición, una empleada de un restaurante lisboeta repartió claveles entre los soldados que se cruzaban por la calle, y estos, en lugar de guardarlos, los colocaron en la boca de sus fusiles.

El gesto se extendió con rapidez. Miles de personas salieron a las calles esa misma jornada, no ya para observar desde la distancia, sino para acompañar a los militares sublevados, ofrecerles apoyo y colocar flores en sus armas y uniformes. La imagen de un fusil con un clavel en el cañón resumía, mejor que cualquier discurso, lo que estaba ocurriendo: una revolución que prefería flores a balas.

Ese apoyo civil fue determinante. No se trató únicamente de un golpe de Estado ejecutado por unos cuantos oficiales, sino de un movimiento que consiguió legitimidad popular casi de inmediato. La unión entre ejército y pueblo —encarnada en ese clavel— es la razón por la que hoy hablamos de "revolución" y no simplemente de "golpe militar".

UNA SOCIEDAD QUE RESPIRA LIBERTAD

Tras la caída de Caetano, se formó una Junta de Salvación Nacional presidida por Spínola, y empezó un proceso de transición que transformó por completo la vida cotidiana de los portugueses. Desapareció la censura. Se disolvió la policía política. Se legalizaron partidos y sindicatos que hasta entonces habían estado prohibidos o perseguidos.

La sociedad portuguesa, que durante casi medio siglo había vivido bajo vigilancia, empezó a experimentar con la libertad de expresión, de prensa y de asociación. Surgieron movimientos vecinales, huelgas, manifestaciones y debates públicos sobre cuestiones que antes eran tabú: derechos laborales, vivienda, educación, justicia social. En 1975 se celebraron las primeras elecciones libres, y en 1976 se aprobó una nueva Constitución que sentó las bases de la democracia parlamentaria portuguesa.

No todo fue sencillo. Los años posteriores a la revolución estuvieron marcados por fuertes tensiones entre sectores revolucionarios de izquierda, militares moderados y fuerzas conservadoras, en un pulso que tardó tiempo en resolverse a favor de un modelo democrático estable.

EL PRECIO Y EL IMPULSO ECONÓMICO

En el terreno económico, la revolución trajo primero inestabilidad. La caída del régimen coincidió con la descolonización acelerada de los territorios africanos y con la llegada masiva de los llamados "retornados": portugueses que regresaban de las antiguas colonias y que generaron una fuerte presión sobre el empleo, la vivienda y los servicios públicos.

A esto se sumaron las nacionalizaciones de bancos y grandes empresas, así como reformas agrarias impulsadas para corregir desigualdades heredadas del régimen anterior. Estas medidas, necesarias desde el punto de vista de muchos revolucionarios, provocaron también incertidumbre empresarial y dificultades de gestión a corto plazo.

Sin embargo, a medio y largo plazo, el balance cambia de signo. La consolidación democrática permitió estabilizar las instituciones y preparó el terreno para que Portugal entrara en la Comunidad Económica Europea en 1986, un paso que terminó de orientar al país hacia una economía moderna, europea y abierta, muy alejada del modelo autárquico y colonial del Estado Novo.

EL FIN DE UN IMPERIO

Quizá la consecuencia más profunda y menos recordada fuera de Portugal es la que se produjo en África. El Estado Novo se había aferrado durante años a sus colonias pese al altísimo coste humano y económico de las guerras coloniales, precisamente el detonante que llevó a los militares del MFA a sublevarse.

Tras el 25 de abril, el nuevo poder portugués aceptó que mantener el imperio era insostenible, y esto desató un proceso de descolonización acelerado: Guinea-Bisáu, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y Angola alcanzaron la independencia entre 1974 y 1975.

Pero esa salida fue tan rápida que, en varios casos, dejó tras de sí estructuras políticas frágiles y economías dependientes. En Angola y Mozambique, la independencia no trajo la paz inmediata, sino conflictos civiles prolongados, alimentados tanto por rivalidades internas como por el contexto de la Guerra Fría. La Revolución de los Claveles cerró así una etapa colonial de casi cinco siglos, pero abrió al mismo tiempo un capítulo largo y complicado de construcción nacional para los nuevos Estados africanos.

LOS NOMBRES DETRÁS DEL 25 DE ABRIL

Ninguna revolución se entiende sin sus protagonistas. El Movimiento de las Fuerzas Armadas fue el motor organizativo del golpe, con figuras como Otelo Saraiva de Carvalho al frente de la planificación militar. António de Spínola, aunque no formaba parte del núcleo más radical del movimiento, se convirtió en la cara visible de la transición al presidir la Junta de Salvación Nacional. Marcelo Caetano y, antes que él, Salazar, representan el régimen que la revolución vino a derribar. Y José Afonso, con su "Grândola, Vila Morena", puso la banda sonora que todavía hoy se asocia de manera automática al 25 de abril.

Pero, como hemos visto, el protagonismo no fue solo militar. La población portuguesa, con su decisión de salir a la calle y poner claveles en los fusiles, convirtió una operación castrense en un movimiento social de apoyo masivo, y eso es, probablemente, lo que hace de esta revolución un caso tan especial dentro de la historia del siglo XX.

¿POR QUÉ SEGUIMOS HABLANDO DE ELLA?

Más de cinco décadas después, la Revolución de los Claveles se sigue citando como ejemplo de que el cambio político no tiene por qué ir de la mano de la violencia masiva. No fue un proceso perfecto ni exento de contradicciones —ahí están la inestabilidad económica inicial o las guerras civiles africanas que siguieron a la independencia—, pero sí demostró que un régimen autoritario de casi medio siglo puede caer en un solo día cuando confluyen el cansancio de sus propias fuerzas armadas y el apoyo decidido de la calle.

Ese es, en el fondo, el legado del clavel rojo: la imagen de que a veces basta una flor para cambiar el rumbo de la historia.


Fuentes:

RTVE La Revolución de los Claveles

BBC La Revolución de los Claveles: el día en el que los militares dieron un golpe de estado para llevar la democracia al pueblo portugués 

Los claveles de la revolución portuguesa, Jaime Ortega, profesor de la UAM, abril 2024

El video de Grândola, Vila Morena es un extracto de la película Capitanes de Abril, de María de Medeiros (abril 2000)

Libros

La Revolución de los claveles, Portugal 25 de abril 1974, Diego Carcedo, Almuzara abril 2024
La Revolución de los claveles, símbolos y testimonios del 25 de abril en Portugal, Ricardo Viel, fondo de Cultura económica, mayo 2024
Historia popular de la revolución de los claveles, Raquel Varela, Verso Libros
Mojar la pólvora, una historia de la UMD y la revolución de los claveles, Alfonso Domingo, La esfera de los libros, abril 2024

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